El bulevar del cebiche

En la avenida Rosa Toro, que enlaza los distritos de San Borja y San Luis, crece imparable la comunidad del plato de bandera peruano, nuestro señor cebiche. Crece y sigue creciendo, tanto que este lugar se ha convertido en el punto de encuentro de los más exigentes sibaritas del marisco y el pescado. “Más ajÑ Si no pica, no es cebiche”.

Por Diario La Primera | 03 ene 2009 |    
El bulevar del cebiche
El punto de encuentro de las familias. En la avenida Rosa Toro se habla mejor frente a un plato de cebiche.

El 2009 amanece con una tremenda resaca. Los habitantes de esta ciudad, generalmente tranquila, parecen noctámbulos acostumbrados y vuelven a sus casas macerados por la noche y la ilusión intacta de haber celebrado bien los primeros pasos de este año.

Hay una inmensa humareda en varios sectores de la ciudad por los muñecos quemados anoche; en el parque central de Miraflores parejas de todo tipo y todos los colores buscan refugios tras una madrugada de juerga; en La Molina, las esquinas lucen silenciosas y los arbolitos de la Navidad sueltan aún sus luces intermitentes; en otras calles de Lima, aquellas convertidas en salón de baile de Año Nuevo, como en Barranco, Comas, La Victoria, los “sobrevivientes” busca taxis. Quieren regresar a sus casas. La resaca tiene que ser curada.

Algunos quieren ir al mar, donde más tarde no habrá espacio ni para los heladeros. Otros quieren continuarla (cortarla, dicen) y otros, guiados por el conocimiento citadino y muy limeño, de que la buena resaca es curada con un buen plato de cebiche, van desde todas las partes de Lima a la avenida Rosa Toro que engrapa los distritos de San Luis y San Borja. Entonces vamos a esa calle, vamos al bulevar del cebiche.

Para conocedores
Aún es temprano. Sin embargo, a esta calle no le falta gente nunca. Todos los días, desde las nueve de la mañana hasta las seis de la tarde y (en algunos locales hasta más tarde) la gente va en busca del mejor cebiche y lo encuentra. Esta mañana llegan a estas calles: jóvenes en una cuatro por cuatro, viejitos en un Volvo; adolescentes en bicicletas; parejas de enamorados a pie y de la mano; por ahí una familia entera en una combi de 14 pasajeros; amigos que apostaron donde se vende el mejor cebiche y ganaron. En las calles cercanas de este punto del cebiche todo está tranquilo; pero desde la avenida Rosa Toro, desde la Javier Prado (San Borja) hasta la avenida Del Aire (San Luis) hay gente intranquila porque como hay tanta gente no la atienden rápido. Pero al final se irá contento.

Todo esto es extraño. La avenida Rosa Toro está relativamente alejada del mar; está en dos distritos cuyas famas no son precisamente la comida; no está en el centro de la ciudad; no está cerca de algún gran mercado, ni nada. Sin embargo, esta avenida se ha convertido en el lugar predilecto de los que saben de cebiches. Veamos por qué.

De todo Lima
–¿Desde dónde viene y por qué razón?– soltamos la encuesta.

“Desde La Molina, aquí se hace el mejor cebiche del país (un general en retiro); desde La Victoria, en estas cebiche-rías no hay pierde, compadre (padre de familia hincha de Alianza Lima); Surco, este lugar no tiene comparación (ama de casa, hermosa, a pesar de sus 56 años y sus seis hijos); San Miguel, para comer buen cebiche, en Rosa Toro, pues (universitario enamorado de su país); Miraflores, porque aquí está lo mejor del país en pescados y mariscos (dueña de una juguería en la avenida La Paz); Comas, porque siempre hay que darse un gustito (comerciante que descansa hoy porque es feriado)”. Voces de todos los géneros, voces sinceras, voces agradecidas, voces sibaritas.

¿Cómo empezó?
Ocurre que, hacia 1985, y durante todo el primer gobierno del presidente García, en el silencioso barrio residencial de San Borja, por el cruce de la avenida Rosa Toro y Javier Prado, en el enorme complejo deportivo que es ahora, se hacían ferias de comidas y productos serranos. Esta feria hermosa convocaba a mucha gente de billetera gorda y buen gusto por las cosas buenas.

Así, para aprovechar este público, comerciantes con visión abrieron varias bodegas y tiendas en la zona, principalmente en la avenida Rosa Toro. En 1990, aunque ya habían cebicherías pequeñitas, Yolanda Romero decide fundar El Molinero, que parece más a un establecimiento de café, pero donde se hacían unos cebiches…espectaculares.

“Empecé a tener tantos clientes que tuve que abrir otro local y luego tuve más clientes todavía. Entonces pensé en abrir otro (pero dije todavía no) y como tenía tanta gente esperando incluso fuera del local, me salió la competencia. No me quejo, porque me fue mejor. Soy ahora la pionera de este bulevar”.

Luego, a los pocos meses apareció Tumbes Mar, también con una calidad extraordinaria en cebiches y otros platos del mar. “Creo que el éxito está en la calidad. La gente come cebiches en El Molinero o acá y rápidamente se pasa la voz”, dice Luis Noblecilla, dueño de Tumbes Mar.

Radio bemba
Así de boca en boca, desde 1990, la gente de buen paladar fue pasándose la voz, señalando que el punto del cebiche está en la Rosa Toro. De pronto aparecieron más cebicherías y esto no tiene cuando acabar. Está Los Cantaritos, Costa Azul, El Galeón, El Eslabón, Pickles, El Cevichito, El Rincón del Gordo, Dafer, El Marinero, El Fayke Piurano, Doña Juanita Piurana, Lobo de Mar, Mar de Copas, El Chilcanito, Chino Limón, Azul Marino, Doña Rosita, Alto, y otros tantos, tan buenos como estos mencionados. Cerca de 50 locales.

El Muellecito, en la zona de San Luis, resalta. Es la cebichería más antigua de la Rosa Toro, y dicen que a este lugar llegan, de manera discreta, algunos congresistas de un partido antiguo con compañeras relucientes (al menos gasta el dinero del pueblo en algo bueno, dice un pícaro jalador) (ver recuadro). “Nos preocupamos mucho por la calidad del cebiche. Aquí el que llega, siempre vuelve”, dice Armandina Barrón, cebichera cuatro por cuatro y dueña de El Muellecito.

Salimos de esta cebichería y nos detiene un tipo locuaz, seguro que empezó de jalador. Nadie sabe. “Esperen, dice, aquí trabajan los campeones”.

“Somos de Puerto Viejo y tenemos siete años en el lugar. En el 2008, el alcalde de San Luis, nos premió por nuestro cebiche El Criminal (de lenguado fresquito, conchas negras grandotas, una mixtura extraordinaria de mariscos y copa gigante de leche de tigre). “Con sólo 35 soles el plato puedes ‘asesinar’ a la pareja más exigente. Es que siempre El Criminal es para dos, uno solo no puede. Ya lo han intentado”, dice el somático don Edmundo.

Calidad y sana competencia
En las puertas de las cebicherías están los jaladores y las jaladoras (y vaya qué jaladoras). Su trabajo consiste en convencer a los clientes que dan vueltas y no deciden que cebichería elegir. Lo hacen muy bien y tienen algunas mañas. Erika García, de una cebichería que también ofrecen comida criolla, dice: “La competencia aquí es sana. Aquí sabemos lo que tenemos y hay para todos. Los jaladores lo sabemos y trabajamos de manera ordenada”.

Sin embargo, cuando llega, por ejemplo, un auto con una familia entera, le caen a veces tantos jaladores que aturden a los probables comensales. “Es verdad, pero aquí tratamos siempre bien al cliente”, dice Erika, mostrando el cartelito de la cebichería donde trabaja a un auto de lunas polarizas. Alguien baja la luna y se estaciona en el lugar. “Pase a este lugar, por favor”, dice Erika.

Paco Moreno
Redacción

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