Ya es hora

La sangre de peruanos derramada en Cajamarca nos duele y nos avergüenza a todos. Como dice con sabiduría el Obispo de esa región todos somos culpables. Unos por excederse en el lenguaje y la algarada, otros por callar, otros por errar en el uso del poder y de la fuerza que conlleva. Son culpables también quienes no dieron los pasos oportunos, generosos y precisos para dialogar sin imposiciones, condiciones ni cálculo político.

Por Diario La Primera | 06 jul 2012 |    
Tienen culpa los operadores mediáticos de la regresión y el autoritarismo, que clamaban por la mano dura como supuesta solución a un conflicto que solo podrá resolverse mediante el entendimiento; y que aún ahora, sin detenerse ante la tragedia y el dolor de un país entero, insisten en tratar con desprecio a quienes no piensan como ellos y en sostener que solo merecen la cárcel y la bala.

Pero el problema de decir que todos somos culpables está en que, en tal caso, las culpas se diluyen. Y lo cierto es que quienes tienen el manejo directo del poder y de las armas tenían en sus manos también evitar las muertes, sabiendo, como sabían, que por imposición el proyecto Conga no caminaba, y que por eso estaba paralizado tantos meses; que había que apelar a la persuasión y la habilidad, y no a imposiciones y menos a ignorar a los discrepantes.

Y los responsables de esa política, de esa manera autoritaria de ver las cosas son, a los ojos de la ciudadanía, el primer ministro y el ministro del Interior, cuya permanencia en el gobierno se ha tornado insostenible tras las cinco muertes de Cajamarca.

Ninguno de los dos ha estado a la altura de la compleja situación y, sin ahondar en juicios de valor sobre su calidad y sus posiciones, no han sido capaces de manejar los graves problemas sociales con la destreza, la serenidad y el espíritu democrático que tienen los buenos gobernantes.

La derecha tradicional y sus parlantes mediáticos los defienden, porque prefieren el autoritarismo y la represión que ellos encarnan, y por ello llegan al extremo de apuntar a lo alto del Ejecutivo, clamando que no haya cambios ministeriales.

Las expectativas de un cambio de gabinete, ante el evidente desgaste del vigente, son compartidas por la ciudadanía y los políticos y comunicadores sensatos, que esperaban se hiciera efectivo el 28 de julio.

Pero tras la tragedia de Cajamarca el tiempo se ha terminado y los relevos no pueden esperar, porque lo que está en juego es la estabilidad de la democracia, que si bien no importa a quienes no la aprecian, es fundamental para la ciudadanía que peleó en las calles para recuperarla.

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