Y encima nos espían

La captura de Víctor Ariza Mendoza, un agente de inteligencia de la Fuerza Aérea Peruana que espiaba para Chile, puso ayer un enorme signo de interrogación sobre la letanía gubernamental que proclama al vecino del sur como país amigo y a los esfuerzos por comprometerlo en un pacto anti-armamentista, que desdeñó, además, con una nueva compra de armamento.

| 13 noviembre 2009 12:11 AM | Política | 856 Lecturas
Y encima nos espían
Entregaba información a Chile desde el año 2003.
El suboficial de la Fuerza Aérea Peruana (FAP) Víctor Ariza Mendoza, confesó que espiaba para Chile.
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Fuentes de alta confiabilidad dieron a LA PRIMERA la identificación del espía y confirmaron que está detenido en un recinto de la FAP, luego que diversos medios de comunicación revelaron ayer por la tarde que el doble agente había sido descubierto y en las próximas horas sería acusado por el Ministerio Público de traición a la patria.

El servicio de inteligencia de la FAP lo habría detectado hace aproximadamente un mes y el suboficial ya habría confesado su delito, aunque sin delatar a sus posibles cómplices, señalaron nuestros informantes.

Según informó RPP, el espía, de unos 45 años de edad, sirvió en la embajada peruana en Santiago de Chile en 2003, donde habría sido captado como informante, a cambio de una paga de cinco y ocho mil dólares mensuales. La misma emisora indicó que el fiscal Jorge Chávez Cotrina se encargará de formalizar la denuncia por delito de traición a la patria.

El ex ministro de Defensa Ántero Flores-Aráoz calificó de “sumamente grave” esta información, si se confirma, porque Chile habría tenido acceso a “información clasificada de nuestro país”.

El presidente de la Comisión de Seguimiento de la Demanda ante La Haya, Juvenal Ordóñez, dijo que de esta manera Chile ha expuesto sus verdaderas intenciones con nuestro país, pues lejos de ser una política moderna de relaciones exteriores, como lo dijo tantas veces la presidenta Michelle Bachelet, ha recurrido a viejas tácticas de espionaje; así como también prosigue con su carrera armamentista, como lo evidencia las compras de misiles y radares.

Horas antes de revelarse el caso del doble agente, la agencia de cooperación de seguridad y defensa de Estados Unidos notificó a su Congreso la posible venta de misiles Stinger a Chile por 455 millones de dólares; así como también misiles AIM de mediano alcance por 145 millones de dólares y radares Sentinel por 65 millones de dólares, aunque Santiago intentó minimizar la nueva operación armamentista.

El congresista oficialista Luis Gonzales Posada demandó un pronunciamiento de la Organización de Estados Americanos sobre la nueva compra chilena. Retó al secretario general, el chileno Miguel Insulza, a cumplir su responsabilidad y convocar a una reunión para tratar el tema de la carrera armamentista en cumplimiento del artículo segundo de sus estatutos.

En octubre de 1978, en el Grupo Aéreo Nº 11 también la FAP arrestó al suboficial en retiro, Alfonso Vargas Garayar, quien fue reclutado como espía por personal de la Embajada de Chile. Según el libro “Perú y Chile en cinco siglos” de Emilio Luna Vegas, Vargas actuó en complicidad con el agregado aéreo chileno, general de brigada Vicente Rodríguez; el consejero administrativo de la embajada chilena, Julio Chiminelli; el oficial de inteligencia Ricardo Aqueveque, y el agregado aéreo, un mayor de apellido Carvajal, quienes abandonaron el país al ser detenido Vargas, quien fue fusilado en enero de 1979.


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