Una batalla en la Megacomisión

Una pregunta persigue a Humala: ¿y no hubiera sido mejor que hubiera evitado chocar con Alan García, lo que hubiera quizás mantenido en la reserva a su ego colosal y facilitado su gobierno?

| 18 enero 2014 11:01 AM | Política | 1.4k Lecturas
Una batalla en la Megacomisión
Megacomisión: una batalla desigual
Por: Raúl Wiener
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La PrimeraSe lo dice Zileri en entrevista en Caretas y se lo ha repetido Mirko Lauer en La República, sin contar decenas de opiniones en ese sentido de la gente más variada.

Puede que en el razonamiento esté la idea de que en el Perú las investigaciones son armas políticas que se usan de acuerdo a las circunstancias, o si se quiere que los fines de corrección y sanción son ilusos en una sociedad con una corrupción tan arraigada.

Se sabe incluso que desde la cúpula de gobierno se le pidió varias veces a Sergio Tejada que bajara el tono y explorara excluir a García de algunas de las acusaciones. Pero los casos ya habían adquirido vida propia e iban creciendo como bola de nieve.

¿Cómo se podía negar lo evidente al destapar la olla de los narcoindultos y descubrir que una facultad presidencial había sido distorsionada para convertir el derecho de gracia en una vía para revisar las sentencias criminales de mayor gravedad y vender libertades al mejor postor?

¿De qué manera minimizar la grotesca intervención de AGP, Del Castillo y otros, en la manipulación de las pruebas del caso BTR, para evitar agravar su situación en la investigación sobre los petroaudios, que dicho sea de paso se mantiene congelada?

¿Cómo eludir la conclusión de que el expresidente García es hoy un hombre inmensamente rico, no habiendo tenido otra ocupación en la vida que las de congresista y presidente de la república, y de la existencia de una red de favorecimiento de empresas y amigos que le facilitan recursos, luego de haber recibido ventajas de su gobierno?

¿Por dónde se podría justificar la repetición sistemática de los mismos contratistas para las obras amparadas en los decretos de urgencia a partir del 2009, dictados precisamente para eludir los procesos de selección y control?

¿Cómo valorar que el tema de la refacción del Estadio Nacional se metiera en el paquete de los colegios emblemáticos a través de una fe de errata, que costara más que un estadio nuevo y que tenga tantas fallas de ejecución?

¿Por qué no funciona hasta hoy la planta de agua de Huachipa, que debía cubrir las necesidades del cono norte y que AGP inauguró con gran bombo?, ¿cuánta plata de Sedapal se obsequió a través de concesiones que se siguen haciendo hasta ahora porque la mafia de Proinversión no ha cambiado?

En fin, más allá de Humala y de lo que decida el pleno del Congreso, quedará en la historia el trabajo de una comisión que no bajó la cabeza a las presiones y al poder encubridor que mantiene García y que no ha cejado un instante en sostenerlo.

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Colaborador 9324 La Primera Digital