Toledo incomoda al Perú

Alejandro Toledo es lo más cercano que hay a Jean Baptiste Grenouille. Nació en la miseria pero gracias a su formidable olfato tuvo la habilidad de un roedor para escapar del infortunio y encontrar sustento. Hábil para arrimarse a quien puede darle algo, supo encontrar ayuda y trepó la pendiente de su existencia hasta llegar a niveles que para el común de los mortales resulta imposible.

| 11 octubre 2013 07:10 AM | Política | 2.7k Lecturas
Toledo incomoda al Perú
TOLEDO: UNA PIEDRA EN EL ZAPATO DEL PERÚ
Por Dante Bobadilla
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La mayor habilidad de Alejandro Toledo es sin duda saber obtener provecho de las maneras más insospechadas, utilizando cualquier recurso, incluso su extracción social, su origen andino y hasta su “cacharro”. Hoy es una piedra en el zapato del Perú debido a sus intromisiones en la política, con ese constante afán de ganarse alguito y figurar en la estampita. Su lenguaje confuso y contradictorio está siempre muy cerca del embuste y la mentira.

La primera vez que lo vi, a fines de los 80, Toledo estaba delante del mostrador de una aerolínea, en plena sala de embarque, casi rogándole a la empleada mientras detenía la fila de los que nos embarcábamos en un avión al Cusco. Ante las protestas de los pasajeros tuvo que hacerse a un lado. Cuando pasé junto a él le oí suplicar: “por favor, llame a Relaciones Públicas, me han dicho que tienen un pasaje de cortesía”. Cuando ya todos estábamos en el avión algo parecía andar mal porque no nos movíamos. De pronto se abrió la puerta del avión y entró Alejandro Toledo, sonriente, feliz, con su típica facha de siempre: mocasines, bluyín, saco y camisa sin corbata. Me saludó y se sentó a mi lado. Se había salido con la suya y viajaba gratis. Durante el viaje no paraba de molestar a la azafata pidiéndole cosas. Ya desde ese momento empecé a detestarlo.

A pesar de que su campo es básicamente la administración de recursos humanos, en los 80 Alejandro Toledo se hizo fama de economista y en cada alza de precios del gobierno de Alan 1.0 los medios lo buscaban para entrevistarlo. Sus respuestas eran siempre las mismas: “Me preocupa el efecto social de las medidas”. Luego en los 90 su nombre estaría cada vez más vinculado a escándalos de todo tipo, como el del caso CLAE, donde apareció como asesor de Carlos Manrique, siendo luego, junto con su hermano Luis, de los pocos afortunados que recuperaron su dinero de la gran estafa.

Firmas falsas

A mediados de los 90 logró fundar un partido de la noche a la mañana, en una época en que las leyes exigían cifras astronómicas de firmas. Desde entonces lo persiguió el escándalo de las firmas falsas, que nunca se esclareció. En un país donde ya es una afición judicial escarbar casos de los 80 como el del Frontón o el Comando Rodrigo Franco, el escándalo de las firmas falsas de Toledo se ocultó eficazmente bajo la alfombra del olvido. Pero se sabe bien que esas firmas se las dio el mismísimo Vladimiro Montesinos como parte de una estrategia montada en el SIN para fragmentar a la oposición en las elecciones del 95. Cosa que Toledo hizo de maravilla pues logró hacerse nombrar a toda costa candidato presidencial de la oposición sin ser nadie. Los resultados lo confirmaron al darle apenas el 3.5% de los votos.

La noche del 17 de diciembre de 1996 Alejandro Toledo estaba presente ?¡cómo no! ? en la residencia del embajador japonés cuando fue asaltada por comandos del MRTA. Sin embargo su suerte y olfato le permitieron salir de allí en el primer contingente liberado. De todos modos su conducta al interior de la embajada en los pocos días que estuvo de rehén ha sido reseñada por varios testigos, quienes narran la forma vulgar en que Toledo se birlaba los pocos alimentos que llegaban, además de su conducta rastrera ante sus captores. Los pormenores están bien narrados en los libros que se han ocupado de ese suceso. Véase por ejemplo “Secretos del túnel” de Umberto Jara con los testimonios de Sandro Fuentes y otros rehenes.

Por el Melody

En 1998 Alejandro Toledo protagonizó un escándalo de sexo, alcohol y drogas en el ya famoso Hostal Melody. Su francachela de tres días salió a la luz cuando Eliane Karp llamó a la policía para denunciar su desaparición. Al hacer el seguimiento de su tarjeta de crédito, la policía encontró a Alejandro Toledo calato con cuatro putas y una mesa repleta de botellas de whisky. No se alcanzaba a ver lo demás. Estos hechos están bien documentados y hay varios testigos.

Eliane Karp recién se había reincorporado sorpresivamente a la sociedad conyugal luego del divorcio y de diez años de separación. Lo hizo apenas se enteró de las aspiraciones presidenciales de su ex marido. Sin embargo, al volver desconocía las costumbres que Alejandro había adquirido en su ausencia. Por eso ante su repentina desaparición no dudó en hacer la denuncia policial. Dicen que fue nuevamente Vladimiro Montesinos el que acalló el escándalo ante la prensa. Sin embargo, el episodio se hizo público durante la campaña del 2000. Fue allí cuando Toledo inventó el cuento del secuestro por agentes del SIN. No se lo creyó nadie. Ni Eliane Karp, pero ambos formaron una pareja perfecta en cuanto a intereses, ambiciones y mentiras.

Los Cuatro Suyos

En la campaña de la “Marcha de los Cuatro Suyos” Alejandro Toledo se agenció un millón de dólares donados por George Soros como apoyo a su movimiento, pero no gastó ni cien mil en la marcha, por lo que la gente tuvo que soportar los gases lacrimógenos sin las máscaras ofrecidas. Poco después logró su sueño más preciado al ganar la Presidencia de la República básicamente porque Vladimiro Montesinos le había limpiado el panorama eliminando políticamente a Andrade y Castañeda mediante la prensa chicha, y porque la gente quiso evitar el regreso de Alan García. Fue el momento de la gloria para este personaje de cómic. Posando con su vincha y ademanes de salvador de la patria, patentó para la historia la palabra que sería su marca personal: “carajo”. Por ese entonces ya se sabía que Alejandro tenía una hija negada y la siguió negando con descaro y poca hombría. Sería su entorno presidencial el que lo forzó a admitirla. Entonces apareció en la TV con su mejor cara hipócrita y cínico para decirle al país que había ganado una hija.

Ya de presidente, Alejandro Toledo y su primera dama instauraron la huachafería como distintivo. Empezó con una estrambótica juramentación en Machu Picchu y el posterior izamiento de la supuesta bandera del Tawantinsuyo en Palacio, un bodrio multicolor que flameó durante sus cinco años de gobierno. Su gestión fue única: empezaba a despachar después de las diez de la mañana y llegaba una o dos horas tarde a todos sus compromisos, haciendo famosa su “Hora Cabana”. Sus primeros viajes en el avión presidencial eran escoltados por dos cazas MiG para ser recibido en todo lugar con una infaltable banda de músicos. Instituyó además su descanso quincenal en Punta Sal, haciendo del whisky etiqueta azul la bebida oficial, y usando siempre sus dedos para servirse el hielo.

El acto que mejor retrata lo que fue su gestión se produjo el día en que se llevó al gabinete ministerial en pleno al aeropuerto para recibir a su esposa, quien regresaba después de huir presa de uno de sus típicos arranques de histeria en un pleito conyugal de faldas. Poco faltó para que recibieran a Eliane con la guardia de honor formada en fila. Y cómo olvidar el día en que recibió a los reyes de España y saludó a su Majestad, la Reina Doña Sofía de Grecia, con un palmoteo en la espalda. Tampoco dudó en ir a visitar a “su amigo” Bill Gates volando hasta Seattle en el avión parrandero, para esperar una hora en la antesala antes de ser recibido por media hora. A su regreso dijo que había llegado a importantes acuerdos para su Plan Huascarán.

Acuerdo Nacional y CVR

Esa fue la época en que los funcionarios públicos lucían como currículum puestos en el mercado y gestión de carretillas de anticuchos. Fue un gobierno débil y sin carácter que se dejó atarantar por las movilizaciones organizadas por la izquierda. Las regiones se sublevaban y Toledo se apresuró a someter a referéndum una regionalización que fracasó. Luego creó los feudos regionales que hoy tenemos. Ante las asonadas callejeras a Toledo no le quedó más salida que instaurar el diálogo como estrategia. La fila de los invitados a la mesa de diálogo salía de Palacio y cruzaba el Rímac. De allí salió el famoso Acuerdo Nacional, que no era más que un mamotreto lleno de retórica donde todos pusieron lo que les vino en gana para firmar. Fue la mejor manera de capear el temporal. Gracias a esa maniobra Toledo pudo seguir gobernando y evitó que lo echaran.

Toledo continuó con el ridículo proyecto iniciado por Paniagua a instancias de la caviarada y montó la “Comisión de la Verdad y Reconciliación”. Ya sabemos que nunca sirvió para conocer ninguna verdad y menos para la reconciliación. No fue más que un negociado de las ONG’s de izquierda y un proyecto destinado a lavarle la cara a Sendero Luminoso y a la izquierda peruana en su conjunto, echándole toda la culpa de la violencia a la pobreza. Luego dio inicio a la persecución de militares y al desprestigio de las FFAA, además de someterse a la CIDH y otorgar reparaciones y homenajes a los terroristas. De paso se descuidó la defensa nacional enarbolando la estúpida política unilateral del desarme.

Su gobierno tuvo la suerte de que los precios internacionales de los minerales empezaron a subir frenéticamente. El oro pasó de 380 a 1.800 dólares. Gracias a que ya estaban en explotación los proyectos mineros iniciados en los 90 como Barrick, Pierina y Yanacocha, el Perú pudo aprovechar esta alza de precios y hacer caja. Esto le permitió a Toledo acabar su gestión con un saldo económico favorable. Pero no fue ningún mérito suyo.

Su actuación en la última campaña electoral no pudo ser más patética. Al verse primero en las encuestas se creyó dueño del poder y convocó a su gabinete y hasta empezó a mostrarlo. Cuando Ollanta lo desplazó en las encuestas, dio una conferencia de prensa para advertirle al país el gravísimo peligro que Humala representaba. Invocó a la sabiduría y rogó para que no se diera un salto al vacío votando por Ollanta. Derrotado ya en las elecciones despotricó como una mujer despechada contra PPK, su ex aliado y ex premier de su gobierno. Luego corrió de inmediato a ofrecer su apoyo Ollanta Humala con el eterno pretexto de apoyar la gobernabilidad, siguiendo las viejas y malas artes de otro trepador de igual pelaje: Fernando Olivera.

En estos días vemos los apuros por los que pasa este personaje de comedia con el lío de sus cuentas y compras inmobiliarias millonarias a nombre de su anciana suegra. Una comedia de enredos que tiene a todo el entorno judío que lo apañó desde siempre como una mafia siciliana. El escenario exhibe el perfil de la cosa nostra. Pero nada es más vergonzoso que ver a esa gusanera congresal que tiene hoy el Perú ofreciendo su protección a esta alimaña de la política nacional. En este país ya nadie, absolutamente nadie, puede colocarse la máscara de un “luchador contra la corrupción”, ni siquiera para una fiesta de carnavales.

Via: Dante Bobadilla

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Colaborador 9324 La Primera Digital