Toda una casa de descanso

Alberto Fujimori tiene una verdadera casa de campo, una amplia y equipada finca de recreo, que en nada se parece a una prisión, y que ha sido acondicionada por quién sabe qué poderes fácticos en la sede de la Diroes, donde el exdictador lleva la vida tranquila que hace recordar el retiro de Vito Corleone, en la famosa película El Padrino.

| 08 noviembre 2012 12:11 AM | Política | 2.1k Lecturas
Toda una casa de descanso
Fotos demuestran que Alberto Fujimori vive como un reo mimado con todas las gollerías de un gangster retirado.
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Como muestran las fotografías que ilustran estas páginas y que manos anónimas hicieron llegar a LA PRIMERA, en sus largos ratos de ocio el exdictador puede entretenerse pintando cuadros en un equipado y bien iluminado taller, que ya quisiera tener un verdadero artista.

Tiene hasta un jardín de rosas y un huerto que, al tomarse estas fotos, hace un par de meses, estaba preparado para la siembra, para la cual cuenta con todos los implementos necesarios.





Tanto pinta Fujimori que tiene un buen número cuadros en diversos ambientes de su amplia y confortable cárcel. Un psicólogo experimentado opinó que por lo colorido de sus obras y por la cantidad de pinturas realizadas, se evidencia que el autor no está ni gravemente enfermo ni deprimido.

Cuando se aburre de pintar, Fujimori también puede plantar las flores que quiera en un amplio jardín situado frente a su casa de campo o en su defecto cultivar lo que desee en una especie de chacra “light” que debe hacerle recordar las veces que gobernaba el Perú como si fuera una chacra.





Quizá todas las mañanas, lo primero que hace es prender el enorme televisor que tiene frente a su cama, para ver los noticieros de la mañana y saber cómo avanza el entramado que sus hijos y partidarios están preparando para conseguir su indulto.

Luego, se dirige a su biblioteca para revisar alguna novela o un libro de historia en busca de su nombre. Quizá se siente satisfecho, porque algunos de esos volúmenes no mencionan que se habría apoderado de aproximadamente seis mil millones de dólares que se llevó en varias maletas cuando escapó a Japón.

De repente tiene hambre y entra a la amplia cocina-comedor de diario, de donde saca de la enorme refrigeradora una pizza que le han traído sus hijos o algún congresista. La calienta en su microondas y la degusta con placer, añorando las épocas en las que era un todopoderoso gobernante. O abre alguna de las exquisiteces en conserva que tiene en su despensa, o simplemente cocina algún capricho gastronómico, para lo cual tiene todos los insumos.

Cuando se aburre de todas esas gollerías, seguro que extraña el poder que ostentaba con su gemelo Vladimiro Montesinos. Escudriña, talvez, su armario y siente ganas de lucir sus trajes y varios pares de zapatos.

Seguro que mira con desdén el piso de parquet de los ambientes de su casa de campo, que ya quisieran tener los presos del país que descansan sus huesos y hasta mueren en una miserable y estrecha celda compartida y con piso de cemento.

Las fotos que presentamos confirman las comodidades del reo, admitidas por el menor –en edad y en luces- de los Fujimori, en una conferencia de prensa en la que intentó sostener que el preso solo dispone de 14 metros cuadrados.

Las gráficas dan la razón a lo dicho ayer por el procurador Anticorrupción, Julio Arbizu, que las explicaciones de Kenji Fujimori “le hicieron un flaco favor a la causa del indulto”.


Llamil Vásquez
Redacción


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