Temen desaparezcan los restos de cinco víctimas

Los familiares de las víctimas de la masacre de La Cantuta temen que se pierdan los restos no encontrados de cinco de las víctimas, debido a que los terrenos donde se cree están enterrados fueron vendidos meses atrás por el Ministerio de Defensa a una constructora que se apresta a usar el terreno para edificar una obra y para ello ya colocó el letrero de “propiedad privada”.

Por Diario La Primera | 15 jul 2012 |    
Temen desaparezcan los restos de cinco víctimas
Familiares de los alumnos masacrados por el grupo Colina.
A 20 AÑOS DE MASACRE DE LA CANTUTA

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EXTRAÑA MUERTE

Carmen Amaro recuerda también al Colina Pedro Pretell Dámaso, acusado de filtrar información de la masacre y quien se opuso a que los jóvenes, que fueron sacados de la Universidad y llevados a un descampado de Huachipa, fueran acribillados y argumentó que debían ser entregados a la justicia. Extrañamente murió meses después, atropellado cuando conducía su moto.

A 20 años de la matanza de nueve estudiantes y un profesor secuestrados el 18 de julio de 1992 de la Universidad de Educación “La Cantuta”, Raida Cóndor, madre del estudiante Armando Amaro, manifestó su preocupación entre sollozos.

Añadió que, además del dolor de la perdida de su hijo mayor, ahora vive la desesperación de que al entrar las palas mecánicas a remover la tierra del predio donde se presume están las osamentas de los cinco desaparecidos, se pierdan para siempre los restos de su querido Armando.

“Tengo la seguridad que el cuerpo de mi hijo está en este lugar, lo presiento. Ni las autoridades judiciales ni las gubernamentales ordenaron que entren arqueólogos a buscar las fosas que faltan y esperamos que pronto lo hagan”, sostuvo.

Raida y los demás familiares recuerdan que durante los juicios al Grupo Colina tres de los integrantes de este escuadrón de la muerte aseguraron que los restos de todos los ejecutados en Huachipa fueron después trasladados a Cieneguilla donde los depositaron en cinco fosas. De estas, solo se encontraron tres.

Eso se dio por orden del entonces comandante general del Ejército, Nicolás de Bari Hermoza Ríos, según su propio testimonio, que indica que, ante el escándalo que se produjo meses después de las desapariciones y la posibilidad de que los restos sean descubiertos, ordenó a los colina desaparecerlos, añade.

Actualmente el expoderoso militar purga prisión junto a otros exmiembros del Grupo Colina, pero no precisamente por el caso La Cantuta sino por la matanza de Barrios Altos. “Falta que los juzguen por nuestro caso”, explica Gisela Ortiz, hermana de Enrique Ortiz, otra de las víctimas.

En las dos fosas que indicaron los Colina se encontrarían los restos de Amaro, Heráclides Pablo Meza, Robert Teodoro Espinosa, Juan Mariños Figueroa y del profesor Hugo Muñoz, que, de iniciarse trabajos de remoción, podrían perderse definitivamente.

PERMANENTE DUELO
Al colocar ofrendas florales en las tres fosas donde se encontraron calcinados restos de cinco de los asesinados y en uno de los cuales figura una cruz, los familiares señalaron que desde la masacre su vida cambió y desde entonces viven en duelo “mas aún por no poder dar cristiana sepultura a nuestros hijos”, señaló Raida.

Víctor Ortiz el padre de Enrique manifestó que si bien el cuerpo de su hijo fue el único que se halló completo y pudo sepultarlo, lo que alivió su tragedia, por solidaridad exige se investigue el paradero de sus compañeros.

“Claro que tengo a mi hijo permanentemente en mi memoria, ya tendría 40 años, lo imagino casado, con hijos y dedicado a su profesión de maestro de educación física, estaba en el octavo ciclo, siempre le gustó el deporte, particularmente el fútbol. Como estudié en La Cantuta y después me desempeñé como maestro primario en Chachapoyas, mi hijo tenía esa vocación. Felizmente que ese fatídico 18 de julio mi hija Gisela no acudió a la Universidad, de repente también se la llevaban”, señaló.

Por su parte, los padres y familiares de la estudiante de educación inicial Dora Oyague la recuerdan como una persona que sentía profundo cariño por los niños, sobre todo por los más pequeñitos.

“Teníamos planificado abrir un nido cuando termine, pero todo quedo truncó, añoro tanto su presencia” precisa su padre José, mientras la tía Carmen asiente apretujando en su pecho la foto de la joven.

EL HALLAZGO
Los Colina que aparecieron una oscura noche por esa zona llevando los restos desde Huachipa para cavar huecos, enterrar los huesos y prenderles fuego, nunca imaginaron que desde un pequeño cerro unos ojos observaban la escena.

Se trataba de un reciclador que, en silencio y apretando el hocico de su perro para que no ladre, miraba sorprendido la macabra operación.

“Cuando las camionetas se fueron, este señor bajó y pensando que habían enterrado droga u otra cosa, introdujo su mano a una de las fosas y halló un pedazo de hueso humano. Al otro día se dirigió donde un amigo de Comas a contarle el hecho y concluyeron que se trataba de los desaparecidos de La Cantuta, de inmediato avisaron a las autoridades y familiares, de lo contrario nunca los hubiéramos encontrado”, relató Gisela.

“Lamentablemente se realizaron las exhumaciones sin especialistas forenses solo con un fiscal y policías de la Dinincri. A la entonces fiscal de la Nación, Blanca Nélida Colán, que también llegó, sólo le preocupó por su pulsera de oro que perdió en el lugar pero no ordenó resguardo ni otras importantes diligencias”, señaló Carmen Amaro.


Denis Merino
Redacción


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