Supa y Pizango

Tengo la impresión que la fotografía del castellano de la legisladora Hilaria Supa publicada en un diario local y los muertos de la amazónica Curva del Diablo definirán nuestro futuro. Son signos de una poderosa dinámica social que ha emergido para reclamar asiento en el poder. Supa y Alberto Pizango, presidente de la AIDESEP en el exilio, son actores de un drama real, que pudo haber sido interpretado por otros.

| 20 junio 2009 12:06 AM | Política | 346 Lecturas
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¿Qué ha cambiado para que estos sucesos, que desgraciadamente nada de especial han tenido entre nosotros, cobren la significación que tienen? De indígenas criticados por su incultura occidental y de violencia contra ellos y de ellos contra el orden, está jalonada la historia peruana, sin que nada haya cambiado.

Lo nuevo, pienso, es el contexto inmediato en que estos hechos ocurrieron, configurado en un sintagma o suma formado por democracia + libertad de expresión + comunicación en tiempo real al alcance de todos. En dictadura de izquierda o derecha, estos hechos hubieran sido invisibles.

Pero el contexto descrito sólo lo explica en parte. Hay algo más que los potencia. Pienso que es una conciencia que avanza en el país y presiente que para explicar y entender al Perú no basta un solo discurso. Probablemente deban ser tantos como perspectivas culturales habitan en nuestro territorio. La lección cobra fuerza: ya no se puede cantar o tocar Perú, como Avilés y Cavero, solo en criollo, también hay que hacerlo en Aguaruna, Aymara y Quechua etc.

Los criollos -es decir no españoles- Mariátegui, Haya, Riva Agüero, V.A. Belaúnde- que el siglo pasado abrazaron las vertientes socialistas y capitalistas de la racionalidad occidental para resolver la cuestión peruana, habrían fracasado. ¿Es el fin o el punto de quiebre de la historia ideológica peruana?. No lo sabemos, pero sí podemos decir que el software de la modernidad occidental no corre bien en todos los campos de nuestra realidad social. Las elites criollas de izquierda y derecha, únicos propietarios de la representación política, han sido invadidos y será difícil para ellos recuperar los terrenos de representación que han perdido.

Parafraseando a F. Fukuyama, la Curva del Diablo y el quechua congresal de Hilaria Supa parecerían marcar el inicio del fin de la historia ideológica de los partidos criollos peruanos. ¿Qué viene ahora? ¿Un partido indígena? ¿Intentos de nuestros partidos de reclutar a los apus para el 2011? ¿Acomodos ideológicos para incorporar supuestas cosmovisiones indígenas? Opino que sería positivo que la Comisión de Constitución del Congreso abriera un debate para analizar y estudiar con todos, todos los discursos, sin exclusión alguna. Todo aconseja repensar la legitimidad de la democracia que estamos construyendo.

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