Sin TLC no hay paraíso

El pasado jueves 15, la clase política oficial y la empresarial festejaron que, después de casi cinco años, el Perú se convierta en el segundo país sudamericano con Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos. Para muchos, el comienzo de la modernidad. Para otros, por ejemplo, los agricultores de las tres regiones una amenaza múltiple a sus mercados y sus derechos sobre la tierra y el agua. Por eso en plena euforia palaciega, la huelga agraria remecía las regiones del país.

Por Diario La Primera | 19 ene 2009 |    
Sin TLC no hay paraíso
El presidente Alan García celebró con pisco en Palacio de Gobierno la entrada en vigencia del TLC.
Para Alan García y la ministra Mercedes Aráoz, gobernar es firmar TLCs, pero agricultores de todo el Perú ven una amenaza contra sus mercados.

Es obvio que los peruanos miramos de manera diferente lo que debe ser nuestro futuro, por eso hay votaciones polarizadas, por eso hay intensos conflictos sociales y cada norma o decisión del Estado provoca una tremenda contraposición de alternativas. Pero también es cierto que quienes han tenido la sartén por el mango, por lo menos desde 1990: grandes empresas de explotación de recursos naturales y monopolios de servicios públicos, banqueros y exportadores, han hecho lo posible por extraer la economía de la política, en otras palabras por impedir que la democracia que tenemos, pueda ser usada para modificar el modelo económico y las ventajas que se les conceden.

Para eso está la intocable Constitución de 1993, construida contra la de Haya de la Torre, y hoy defendida por el APRA, y el TLC, hecho por Toledo en medio de las críticas de los de la estrella, que ahora celebran un texto al que no aportaron una línea y que pretenden que es sólo suyo. Reafirmarse en estas salvaguardas es más urgente ahora que la crisis mundial ha puesto en entredicho los mercados libres, la codicia sin límites, la ausencia del Estado, etc.

Optimismo artificial
A los discursos económicos de García (el último fue el del jueves), si algún sentido hay que darles es que ponen en guardia contra la posibilidad de salirse del libreto. Es un optimismo artificial de quien no tiene ni idea sobre los orígenes y la profundidad de la crisis, y que existe bajo el pavor de que alguna imprudencia suya produzca una estampida de los capitales como en los 80. De ahí su extremo servilismo a “la inversión”. Seguir creciendo por el lado externo en plena crisis e imaginar que la inversión va a llegar por meras concesiones y por las garantías que contiene el TLC, era una exageración en tiempos de Toledo-Ferrero, y al comienzo de García, pero hoy podría calificarse fácilmente de estupidez.


Inversiones sólo buscan cholo barato
En la década de los 90 la carnada para las inversiones extranjeras fueron las privatizaciones, especialmente en sectores como los servicios públicos, la banca, minería y petróleo. En el siguiente período se impuso la regla de las concesiones para actividades extractivas y las asociaciones público-privadas (el Estado pone la plata y el privado recibe las ganancias). Con el TLC deberíamos entrar a un tercer momento, atrayendo inversores que quieran entrar al mercado gringo utilizando la puerta del Perú. Obviamente, también se espera que los modelos de privatización, concesión y asociación se profundicen.

La estrategia del “hub” (puerto privilegiado) de las inversiones es la apuesta central del régimen, que explica la teoría del “perro del hortelano”, los decretos legislativos del 2008, la represión a las comunidades y movimientos sociales, las gestiones de Rómulo León y Canaán y la corrupta conducta de los gobernantes. El TLC es un mejor marco, si se quiere, para continuar en este rumbo, subordinando los impactos sociales, laborales, ambientales y políticos. Lo que sin duda se agrava por la crisis existente. Convertir al Perú en una gran maquila en la que empresarios extranjeros explotan la mano de obra barata y se asocian con inversionistas locales, es la vía a una modernidad que equivale a convertirnos en un suburbio de los grandes centros capitalistas.

El punto es que este destino lo eligieron unos, sin consultar con las grandes mayorías. Imaginando que somos llamas, electarados, subnormales, u otras de las frases de desprecio al pueblo que encubren el colonialismo mental y espiritual que los afecta.

Raúl Wiener
Redacción


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