Si hay que optar, el agua y el agro son lo primero

Experto plantea modificar la legislación de concesiones mineras y demanda zonificación ecológica y económica del país.

| 03 diciembre 2011 12:12 AM | Política | 2k Lecturas
Si hay que optar, el agua y el agro son lo primero
Habla de cómo se puede convivir con la minería.
REYNALDO TRINIDAD

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La explotación minera ya lleva cerca de 500 años en nuestro país, pero ésta solo ha dejado depredación ambiental y pauperización socioeconómica en los pueblos ubicados en el entorno de las explotaciones.
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En entrevista con LA PRIMERA, el experto en temas agrarios y Director del semanario Agronoticias, Reynaldo Trinidad manifiesta que en la elección entre el agua y la minería responsable, se tiene que optar por la primera, cuando la segunda no es técnica o económicamente posible.

-¿Hasta qué punto puede ser posible la -muchas veces difícil- coexistencia entre la explotación minera y el desarrollo de la agricultura en las zonas de la costa y sierra?
-La coexistencia del agro y la minería es posible, tal como demuestra la experiencia de países con altos estándares ambientales y sociales, como Nueva Zelanda y Canadá. Igual que el caso de la minera Xtrata Tintaya y el pueblo de Espinar, Cusco, en nuestro país.

-Pero ha sido evidente que, en los últimos veinte años, la actividad minera ha sido muy resistida por los campesinos y las comunidades, por una serie de factores como son, principalmente, la contaminación ambiental y la depredación de los recursos hídricos...
-Efectivamente, la explotación minera ya lleva cerca de 500 años en nuestro país, pero ésta solo ha dejado depredación ambiental y pauperización socioeconómica en los pueblos ubicados en el entorno de las explotaciones, como son los casos de La Oroya y Cerro de Pasco, para no ir muy lejos. La “herencia negra” de la vieja minería irresponsable y la política abiertamente pro-empresarial y oligárquica del reciente gobierno de Alan García explican, en buena medida, la reacción adversa de los campesinos a los proyectos mineros; factores a los que se puede sumar la falta de tacto de ciertas compañías nacionales y transnacionales en sus relaciones con los gobiernos regionales y locales, así como con los pueblos, a fin de obtener la licencia social. Casi todo lo deciden en Lima, para imponérselo a las provincias, con estériles maquillajes de última hora que solo aumentan la desconfianza de esos pueblos.

-Uno de los problemas que ha provocado este rechazo ha sido también la desmesura de los anteriores gobiernos, especialmente de Alan García, de lotizar indiscriminada e irresponsablemente las concesiones de exploración y explotación minera, por todo el territorio nacional, al punto de superponerse a áreas protegidas, zonas eminentemente agrícolas, entre otras.
-Cierto. Bajo la convicción fundamentalista de “salvo la inversión, todo es ilusión”, el gobierno anterior no solo sacralizó casi a los grandes proyectos extractivos, sino también el propio García llegó hasta el extremo aberrante de negar la historia y proclamar que el Perú no es un país agrario, sino minero; a sabiendas de que el agro es una actividad productiva e infinitamente renovable, mientras que la minería es una actividad extractiva y finita. De igual modo, la agricultura es el mayor empleador permanente del país, en menor período de maduración y con menor inversión que todos los demás sectores productivos.

-Y las más emblemáticas de estas superposiciones indiscriminadas de las concesiones, son los casos de los abortados proyectos mineros Tía María (Arequipa) y Tambogrande (Piura)...
-Además de las superposiciones, lo que más ha irritado e irrita a los pueblos son los procedimientos. Casi todos éstos se enteran de los proyectos solo cuando, resoluciones oficiales en mano, se aparecen técnicos de las compañías extractoras a hacer evaluaciones y cálculos que no solo involucran a sus entornos, sino también a sus predios agrarios y fuentes hídricas. Ahí comienza el lío que, finalmente, frustra a todos.

-Ante esta circunstancia, ¿no cree que la expansión de la explotación minera debe ser limitada, a fin de no interferir y afectar las actividades agrícola y ganadera del Perú, así como los recursos acuíferos de los que dependen estas últimas?
-Lo deseable es tener “el agua y el oro” a la vez, como ha dicho el presidente Humala. Pero cuando ello no sea técnica y económicamente posible, se tiene que optar por el agua y el agro, puesto que nadie puede vivir sin beber y comer.

-¿No cree que una de esas alternativas podría ser la pronta puesta en vigencia de la nueva zonificación y demarcación territorial de la áreas destinadas a las actividades agrícolas, mineras, de bosques y de parques nacionales y circunscripciones protegidas?...
-Lo primero que debe hacerse es la zonificación ecológica y económica del país, para racionalizar el manejo de nuestro territorio y aprovechar sosteniblemente los múltiples recursos naturales que éste alberga. Y, luego, revisar y corregir la actual legislación sobre concesiones mineras, gasíferas, petroleras, forestales e hídricas, especialmente para que los estudios de impacto ambiental de los proyectos correspondientes sean auditados y aprobados por un organismo independiente de los sectores respectivos, como podría ser el Ministerio del Ambiente, incluso con el apoyo de un consorcio de universidades y colegios profesionales especializados, igual que de un organismo internacional calificado. Por lo demás, todos los estudios de impacto ambiental y social deben ser previamente conocidos y aprobados por los pueblos asentados en las áreas de influencia de los proyectos.


LA MINERÍA INFORMAL
Es mucho más devastadora


-Existe el riesgo que los grandes proyectos mineros, bloqueados por la protesta social, terminen asumidos por miles de mineros informales, como en el caso de Tambogrande (Piura)…
-Así es. La minería informal es mucho más devastadora y perversa que la explotación formal. Pero hay solución. Por ejemplo, el proyecto Tambogrande pudo haberse desarrollado si la minera Manhattan, hubiese adquirido las deudas de los pequeños agricultores del valle San Lorenzo para refinanciarlas; financiado la tecnificación masiva del riego en el valle y otorgado a estos entre 20 y 30% de las acciones de la empresa, a fin de que sintieran que la minería responsable les llevaba un beneficio efectivo, incluso por adelantado. Pero como no fue así y la Manhattan se retiró, hoy la explotación informal de ese yacimiento está a punto de liquidar al principal emporio agrícola de Piura.


Javier Soto
Redacción


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