Recuerdo de Ciro Alegría

Ayer me conmovió el recuerdo de Ciro Alegría, quien partió hacia la eternidad el 17 de febrero de 1967. Sé que marcho contra la corriente del olvido que quiere sepultar a ese gigante de la literatura nacional.

| 18 febrero 2014 11:02 AM | Política | 3.6k Lecturas
Recuerdo de Ciro Alegría
El ancho mundo de Ciro Alegría
Por: César Lévano
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La PrimeraNo puedo callar que quienes buscan borrar el recuerdo de Ciro escritor tratan de silenciar también su ejemplo de luchador.

Mucho se calla de Ciro. Por ejemplo, su intensa labor periodística desde la adolescencia en Trujillo y luego, muy joven, en La Tribuna del Apra temprana, en cuyo diario mantenía una columna en la que solía propiciar, en 1932, la unión antiimperialista de apristas y comunistas.

Poco después estuvo a punto de ser fusilado, en los días de la insurrección popular de Trujillo y de otras regiones del norte peruano. Eran los tiempos en que el aprismo procreó a luchadores revolucionarios como Manuel Arévalo, mozo obrero, y Manuel Barreto El Búfalo, ideador y jefe de un asalto al cuartel militar de Trujillo.

Sobre esa etapa cuenta Gerardo Alegría, hermano menor de Ciro, en el libro Para leer a Ciro Alegría de Tomás G. Escajadillo:

Él (Ciro) fue muy amigo de Manuel Arévalo, ese sindicalista autodidacta de gran calidad moral, a quien estimaba y ayudaba con pláticas y lecturas que le prestaba cotidianamente. Sufrió mucho cuando, aplicándole la ‘Ley de Fuga’, lo mataron en medio del desierto camino a Lima. En la revolución del 32, esa fue una práctica constante, a Ciro mismo casi le aplican esa ley cuando lo traían preso de Celendín. Lo salvó don Paco Carranza muy amigo de mi padre, que era a la sazón Subprefecto de Trujillo, y que ordenó que lo hagan llegar vivo”.

Las ediciones de la poesía de Vallejo suelen excluir en sus anexos documentales antológicos el hermoso, inolvidable testimonio El Vallejo que yo conocí, de los días en que siendo un niño serranito fue alumno del poeta.

Uno de los textos de Ciro que se desconocen es su novela Lázaro, publicada póstumamente. Dos ejes notables tiene esa obra: los preparativos proletarios para la insurrección trujillana de 1932, y la emergencia de la primera gran figura femenina en la narración peruana.

Ciro, el bardo de la comunidad campesina lúcida y en combate, me brindó su amistad y me visitaba para conversar dos o tres veces por semana. Por eso pude escribir:

“Ciro Alegría, que rompió con el Apra en 1948, previa una crítica ideológica tajante, me contó que apenas vuelto al Perú a fines de los años 50, se dirigió a la casa de Manuel Arévalo. Fue a rendirle homenaje a doña Edelmira, la mujer que acompañó a Arévalo, le dio dos hijos y asumió con dignidad todas las consecuencias de pobreza y olvido. Ella preparó a Ciro sus cuyes y su chicha.

Imagino a Ciro bebiendo a poquitos su vaso de chicha cargado de tiempo, de historia, de tristeza y combate”.

César Lévano


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