Rara desaparición de libros en la Biblioteca Nacional

Según insistente denuncia del director de la Biblioteca, Ramón Mujica Pinilla, una mafia integrada por trabajadores de alta especialidad de esa institución estaría operando de manera sistemática para robar libros de gran valor histórico, cultural y económico, a los que habría detectado prácticamente desde el momento de asumir el cargo, cuando se encontró en la azotea del viejo local de la avenida Abancay un mueble abandonado conteniendo la colección de cartas dirigidas al mariscal Andrés Avelino Cáceres.

| 03 setiembre 2011 12:09 AM | Política | 4k Lecturas
Rara desaparición de libros en la Biblioteca Nacional
Alguien tiene que responder por el robo.
El director Ramón Mujica Pinilla afirma que existe mafia de trabajadores de alta especialidad de esa institución, pero hay gato encerrado.

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LIMPIEZA

Si la Biblioteca requiere una limpieza, luego que su propio director la ha marcado casi como un antro, eso debe llevar a una reorganización independiente, en todos los niveles, empezando por la cabeza de la institución que no garantiza imparcialidad por haber señalado culpables antes de una investigación seria.
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Este descubrimiento llevó a Mujica a decir entonces que “por lo menos ese lote no llegó a salir de la Biblioteca Nacional, o sea, que estrictamente hablando no podemos hablar de un robo, pero sí que estaba en vías de ser robado”.

Sin embargo, en declaraciones posteriores, incluyendo una reciente, en una conocida estación de radio, Mujica ha subrayado que entre las pérdidas destacan miles de cartas y documentos de la colección Cáceres, con lo que da por robadas las cartas que antes dijo haber impedido que sean hurtadas.

COLECCIÓN PORRAS
También ha denunciado pérdidas, en los últimos diez años, de cientos de elementos de la colección Porras Barrenechea y ha involucrado en el hecho a anteriores directores. Pero ha obviado mencionar la existencia de un inventario del año 2000 que indica deficiencias en los documentos de ingreso de esta colección y en el proceso de su clasificación, que consignaban que no había congruencia entre los registros originales y los que existían en los activos de la Biblioteca.

No obstante ello, Mujica ha asumido como irrebatible su hipótesis de que en la Biblioteca funciona un grupo delictivo que ha estado saqueando los archivos más valiosos, entre ellos la colección Porras y otras por el estilo. Una “prueba” que Mujica presentó en julio de este año, es un video en el que aparece un vigilante tratando de sacar un libro de una sala especializada, pero sin anotar que ese trabajador fue contratado por su administración y que su presencia en el área donde fue descubierto era claramente irregular, y que el acceso a la misma le fue facilitado por el personal de seguridad colocado por el propio Mujica.

El vigilante supuestamente ladrón podría ser un eslabón de una cadena mucho más compleja que llegue hasta los comercializadores de estos bienes culturales que obviamente no se ofertan en mercados públicos. Pero de eso no hay una sola referencia: ¿a quién iba a entregar el libro el guachimán ratero?

CONTRA LOS TRABAJADORES
El punto es que Mujica ha creado una corriente de opinión contra los trabajadores de carrera de la Biblioteca Nacional con pruebas insuficientes o insostenibles y obviando los siguientes hechos: (a) la colección Cáceres no fue finalmente robada y debe estar en la misma Biblioteca; (b) los materiales de otras colecciones no han terminado de inventariarse y no puede deslindarse todavía con exactitud lo que se podría haber perdido; (c) el ladrón cogido no tiene vínculos con los bibliotecarios con los que Mujica se encuentra enfrentado. A pesar de todo eso, el director usa la expresión “saqueo”, para describir lo que está pasando, lo que sugiere que alguien se estuviera llevando los libros en camionadas de la Biblioteca.

Hay un hecho adicional y es que mientras el director Mujica hace acusaciones muy fuertes contra los dirigentes del sindicato y funcionarios antiguos de la Biblioteca, preparando su despido y eventualmente su condena judicial, los denunciados se encuentran impedidos de ejercer su defensa por el artículo 138 del reglamento de la Ley de Carrera Administrativa, que les prohíbe declarar sin autorización del jefe institucional, o sea su acusador Mujica.

En la Biblioteca muchos creen que, con su ofensiva, el señor Mujica busca convertirse en el todopoderoso reorganizador de la Biblioteca Nacional, cambiar los funcionarios de carrera y asumir el control de los bienes culturales, con el riesgo implícito de que, en medio de la confusión de qué se perdió y qué queda, puedan realmente desaparecer cosas. En opinión de algunos trabajadores, los mejores contactos con los coleccionistas interesados en los valiosos libros que guarda la Biblioteca no los tienen ellos, sino el director, por los círculos en que se desenvuelve.

El gobierno y la ministra Susana Baca deberían escuchar por cierto todas las versiones que hay sobre este caso.

“SE BUSCAN LIBROS PERDIDOS”.
El Arzobispado, el intermediario
El Arzobispado de Lima será el intermediario para la devolución de los casi mil libros supuestamente extraviados de la Biblioteca Nacional, al disponer que puedan entregarse de manera anónima en la Parroquia El Sagrario, al costado de la Catedral en la Plaza Mayor.

Así lo señaló la directora técnica de la Biblioteca, Silvana Salazar, quien está a cargo de la campaña denominada “Se buscan libros perdidos”. “La devolución se hará posible gracias a la intermediación del Arzobispado de Lima que dispuso que los libros se entreguen de manera anónima”, anunció.

El Arzobispado explicó que podrán devolverse los libros en la parroquia El Sagrario de lunes a viernes de 3 a 7 p.m. y los sábados de 10 a.m. a 1 p.m.

Salazar dijo que hay 30 libros sustraídos en manos de personas que los adquirieron y que quieren restituirlos y que “no los devolvían por temor a ser detenidos acusados de tenencia ilegal”.

SUS PALABRAS
Ellos son, dice

“Todos los bibliotecarios que estaban en cargos de responsabilidad y de confianza me ocultaron por cerca de 50 días que habían desaparecido más de 3 mil cartas enviadas al mariscal Andrés Avelino Cáceres. Este silencio cómplice me indignó, empecé a hacer las investigaciones y descubrí que existían muchos informes de auditoría interna que decían que había libros faltantes”, dijo el director de la Biblioteca Nacional, Ramón Mujica, a una radio local.


Raúl Wiener
Redacción

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