Político Chileno Marco Enríquez Ominami explica sobre movidas en la política chilena

Marco Enríquez Ominami, político chileno y líder del Partido Progresista (PRO) que se ha convertido en la tercera fuerza política del vecino del sur, llegó a Lima por segunda vez en menos de un año para contarnos sobre la situación política que vive su país en los primeros días del gobierno de Michelle Bachelet.

| 14 abril 2014 09:04 AM | Política | 1.3k Lecturas
Político Chileno Marco Enríquez Ominami explica sobre movidas en la política chilena
“Bachelet se queda corta con sus reformas”
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—¿La dirección política del Partido Socialista de Bachelet sigue siendo la misma que cuando usted dejó el partido?, ¿cree que se va a mantener unida la coalición de partidos que ganó con Bachelet?

—La dirección es la misma, pero ella ha dicho que los partidos no son relevantes, que la que manda es ella, y se ha definido como una mujer que ha evolucionado. Las cosas que como presidenta hizo, no las defiende hoy. Y eso me parece positivo en algunos puntos. En temas de pueblos indígenas, educación e impuestos ha dicho cosas muy distintas a las que hizo cuando gobernó.

La coalición es la misma. Son ellos los que cambiaron, eso es lo interesante. Vamos a ver cuánta convicción tienen. El ministro de Educación que ella puso fue el mismo que no frenó el proceso privatizador cuando fue ministro de Ricardo Lagos.

La Presidenta de Chile que dijo estas cosas en las elecciones, es la misma que legalizó la selección de alumnos cuando era Presidenta. La que no quiso hacer reforma tributaria cuando tenía mayoría en el 2006, y hoy día la hace. Por eso tengo una diferencia con tu pregunta. El foco está en ella. Ella es la que evolucionó y eso es lo que para mí tiene un valor positivo y no lo digo irónicamente.

—Bachelet propuso cambio constitucional, educación universal y gratuita, reforma tributaria, entre otros temas, ¿será coherente en su gobierno?

—Es un enigma, pero hasta ahora, en el primer mes, no va mal. Yo no estoy de acuerdo con la profundidad, ni con la velocidad con la que ella propone reformas. Yo creo que podría ir más lejos, creo que se queda corta. Se va a quedar corta, pero ya por lo menos hay una reforma.

—¿En la Constitución, por ejemplo?

—Ah no, allí tenemos una diferencia de fondo. Ella no cree en la Asamblea Constituyente nosotros sí.

—¿Hará una reforma constitucional?

—Es que la reforma y la asamblea son dos cosas distintas. Ella ha dicho que no tiene prejuicios sobre la Asamblea Constituyente, que no es lo mismo que decir si estás a favor o en contra. Yo estoy a favor de la Asamblea Constituyente.

—¿Y en el caso de la Reforma Tributaria? Ya ha anunciado medidas.

—Sí, muy importantes algunas y otras muy insuficientes.

—¿Qué es lo rescatable?

—8,500 millones de dólares al año en recaudación adicional como objetivo es una reforma tributaria, no es un ajuste. Y hay una medida que es contundente, el aumento impuesto a las empresas. Eso es importante, pero tengo grandes reparos.

—¿Cuáles?

—Chile es un país que básicamente no exporta turismo, ni televisores. Exporta cobre y la reforma no habla de cobre. La palabra cobre no está en toda la reforma. En Chile no hablar de cobre es como no hablar de Chile. Y allí hay una recaudación muy importante que hacer, porque además no solo es un tema de cuánto, sino de justicia.

—Pero buena parte de la explotación de cobre chileno es de la estatal Codelco.

—Me refiero al impuesto específico a la minería privada, el royalty. Pero la reforma planteada por el gobierno no toca el esquema del cobre. Hay una propuesta muy menor, que es un aporte, pero no impone un impuesto adicional.

—¿Tiene otros reparos a la reforma tributaria de Bachelet?

—En el sistema financiero echo de menos un impuesto a la riqueza, a pesar que Bachelet tiene una mayoría gigantesca para hacerlo. Tiene todas las condiciones políticas para hacer una reforma tributaria. Tiene los votos.

—Es decir, tiene correlación de fuerzas para una profunda reforma tributaria.

—De sobra. La tenía antes también, cuando yo era diputado con ella. Por ello mi crítica, éramos mayoría y no hacíamos reforma tributaria. O sea gobernábamos como la derecha siendo que éramos de izquierda. Pero a lo que me refiero es que no veo en la actual reforma un impuesto contundente al sistema financiero. Chile tiene 90 mil millones de dólares en activos financieros, casi la mitad del PIB peruano. Es decir acciones, no casas, ni propiedades. Si tú le aplicas un impuesto de uno por ciento a los que tengan más de un millón de dólares en acciones en Chile, recaudarías novecientos millones. Es gigantesco.

—¿900 millones más al año?

—Sí, y con solo uno por ciento. De otro lado, no veo una verdadera audacia en el tema del impuesto indirecto, el IVA, el impuesto al valor agregado. No veo allí un verdadero esfuerzo, que es el 46 por ciento de la recaudación fiscal.

—¿Cómo ve el nuevo escenario que plantea la crisis global, de economías ricas recuperándose y economías en desarrollo ante grandes retos?

—La economía chilena es de las más abiertas. Más de cincuenta TLCs firmados. Creo que está entre la segunda o tercera economía con más tratados de libre comercio. Es una economía que es capaz de resistir, y ha resistido dos crisis fuertes. Hemos resistido y no nos derrumbamos, pero creo que el modelo exportador de Chile es un modelo que depende demasiado de China.

—Y justo China viene haciendo un aterrizaje de su crecimiento…

—Por eso desde que era diputado vengo planteado que había que mirar al sudeste asiático, la India, etc. Siempre propuse que con China habíamos llegado a un punto -a mi juicio- de tope. Y había que abrirse más. Yo creo que es un problema del modelo exportador.

—¿Y qué otros riesgos ve en el modelo exportador de Chile?

—Hay una severa dificultad con el valor agregado. Seguimos exportando cobre, cobre, cobre, y dentro del cobre, productos muy poco diversificados, con muy poco valor agregado y eso es un tema de apuesta por educación, ciencia y tecnología.

—Pero con lo que hay, ¿alcanzará para darle los derechos que la población reclama?

—Con la actual reforma tributaria no alcanza. Recaudar 2.5% del PIB, como plantea Bachelet, es muy poco, yo propongo el 5%.

“Bachelet se queda corta con sus reformas”

Según el entrevistado, Bachelet tiene mayoría para sacar adelante sus reformas, pero…

—O sea, ¿en Chile no va a haber educación gratuita y universal?

—No lo sé. No ha dicho (Bachelet) para qué quiere la reforma. Si los 8,500 son enteros para educación, entonces hay cero para salud, cero para jubilación y cero para cultura. Ella ganó, no tengo nada que aconsejarle. Yo hice los cálculos de manera seria que para impactar en salud, jubilación, duplicar el presupuesto de cultura y dar educación pública gratuita, se requerían mínimo 13 mil millones de dólares. Esos son 5 puntos del PIB versus 3.

—Alguien se queda sin nada.

—Ah, esos son desafíos de ellos. Ellos ganan, ellos gobiernan, yo soy alternativa.

—Y en el caso del gobierno que acabó, el de Piñeira, ¿cree que logró lo que Suárez con el franquismo en España, que lo relegitimó en el Partido Popular?, ¿ha hecho eso Piñeira con el pinochetismo?

—No, lo hizo tarde y mal. Piñeira ha conducido a la derecha a una atomización producto de su agenda personal. No tiene una visión de cuerpo. Está pensando en él, no construye partido, no construye colectivo. Hace muchos años que su obsesión es él. Y yo no sé si eso se lo va aceptar la derecha.

—¿Me quiere decir que se vendría nuevamente un periodo largo, como el que empezó en los años noventa y duró toda la primera década del presente siglo, sin la derecha en el poder? ¿Se va a repetir ese gran periodo de la concertación gobernando Chile?

—No lo sé, las últimas cuatro encuestas lo muestran, pero falta mucho para la próxima elección. Lo que yo diga hoy no vale nada. Faltan cuatro años. Hoy la encuesta dice que la derecha está atomizada y que la centro-izquierda, nosotros, somos la primera fuerza, nada más.

—Y hablando de eso, ¿cómo se inserta en esa primera fuerza su partido, el progresismo?, ¿por qué se desinfló su candidatura presidencial?, ¿qué cree que funcionó mal en su campaña?

—Tengo una evaluación más positiva que la campaña anterior en la que saqué el 20 por ciento. Totalmente a la inversa. Somos tercera fuerza, obtuvimos una lista nacional que no habíamos tenido en el 2009. El voto del 2009 era un voto de protesta, y este es un voto de propuesta. O sea es un voto nuestro, es un voto de las ideas progresistas. En cambio, el 2009 era un rechazo muy brutal a la política convencional. (En el 2013) Había nueve candidatos, no cuatro y con Bachelet que no es lo mismo que Piñeira y Frei. Con el aparato completo del Estado tomado por la derecha, y con todas las fuerzas de la Concertación, mantuvimos la posición. Nosotros nos sentimos que nos hemos densificado. Tenemos una apreciación contrastada respecto a lo que me preguntas.

—¿A qué te refieres?

—Nosotros perdimos a manos de Bachelet. Hay regiones en las que Bachelet sacó 55 por ciento. ¿Cuánto le queda a las ideas progresistas en votos? ¿10 por ciento? Once fue lo que sacamos. Eso da 66. Si alguien cree que es normal sacar eso…Mira Costa Rica, que es titular mundial que haya sacado 70, es una anomalía. Nosotros con Bachelet sumamos 66. La derecha nunca ha estado más baja. No había mucho más de dónde sacar. ¿66 por ciento para un ideario? La gente nos veía muy parecidos, para bien y para mal. Para bien de ella y para mal de nosotros. Y eso es el mérito de ella. Ella cooptó, traspasó nuestras líneas y hoy los chilenos ven en ella buena parte de mis banderas.

—Agarró sus banderas de cambio constitucional, reforma tributaria y educación gratuita y universal.

—Sí claro, pero eso es un triunfo de ella.

—Fue un mérito colocar esa agenda en la campaña.

—También por eso, todo es matizado. Por un lado tú dices: nos quitó las banderas; y por otro lado: bueno a los cuarenta años tengo salud y una carrera por delante. Yo no vivo en Chile porque no tenga otra alternativa. A mí me echaron de Chile, me quitaron el pasaporte y me dijeron: usted no merece ser chileno. A los 13 años me dijeron bueno ya, vuelva a ser chileno. Yo estoy en Chile por que yo quiero estar en Chile, porque si fuera por el Estado de Chile yo sería francés. Mi primer idioma es francés, mi lengua materna es francés, mi primer pasaporte es francés, mi primer colegio francés, mis mejores amigos son franceses, mis ahijados son franceses, mis primos son franceses.

Yo fui exiliado completamente desde los 5 meses, y a pesar de eso estoy en Chile porque mi amor es por Chile. He decidido hacer de mi país uno más progresista. Hasta los 18 años estuve prácticamente viviendo fuera de Chile, entre estudios y trabajo, pero en 22 años que llevo a tiempo completo en Chile, ya vamos avanzando en todas las materias que a mí me importan. Puse en agenda la Asamblea Constituyente, los derechos civiles, la reforma tributaria, el matrimonio igualitario, la despenalización del aborto y la marihuana, la educación pública gratuita. Hablé de renovación política en el 2009, era el único y ahora hay 3 o 4 diputados estudiantiles.

—¿Y en términos de autocrítica?

—Nuestra capacidad de articular. No fuimos capaces de construir más allá de nuestras fronteras, por eso el 11 por ciento y no el 20. Esa es la autocrítica. La derrota se debe a algo, no solo al talento de ella (Bachelet). Tengo que mejorar las alianzas, no solo es la convicción, el coraje, sino la muñeca política.

—¿Y ahora cómo sigue el proyecto del PRO?

—Vamos a competir de nuevo y en todas las elecciones. El progresismo es un movimiento que llegó para participar y disputar los espacios de poder. No nos han regalado nada. Los alcaldes que tenemos en el norte los conseguimos compitiendo contra la derecha y la concertación.

Carlos Alonso Bedoya


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