Pisco manifestó en paz su dolor e indignación

Pisco.- Cerca de diez mil pisqueños controlaron su indignación y su dolor, para manifestar en forma pacífica y ordenada su repudio al gobierno por no cumplir su obligación de atender adecuadamente a los afectados del terremoto de hace un año y reconstruir la zona afectada.

Por Diario La Primera | 16 ago 2008 |    
Pisco manifestó en paz su dolor e indignación
(1) Desde la madrugada de ayer se iniciaron las protestas en Pisco. Hubo cacerolazos contra el gobierno. (2) Marchas fueron pacíficas. Primó orden, a pesar de provocaciones. (3) No olvidan pesadilla.
Miles reclamaron se acelere reconstrucción de su ciudad, que se muestren las cifras de los gastos y que el bono de solidaridad llegue a más personas.

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Después de un año de la tragedia que enlutó cientos de hogares peruanos y dejó medio millón de damnificados, el presidente del Congreso, Javier Velásquez, pidió el respaldo de todas las bancadas para aprobar una norma que facilite la reconstrucción de viviendas en el sur afectado por el terremoto.  Fue durante el acto conmemorativo realizado en el pleno, que guardó un minuto de silencio en homenaje a las víctimas del terremoto.

La disciplina y la tranquilidad, rotas apenas por algunos incidentes como el bloqueo temporal de la carretera Panamericana, desmintió las acusaciones de aprestos violentistas lanzadas por el gobierno, que había enviado un impresionante contingente policial para amedrentar a los pisqueños, según afirmaron éstos. “El gobierno quería evitar que saliéramos a las calles, pero no lo lograron. El que brilló por su ausencia fue el presidente Alan García”, dijo uno de los manifestantes.

La marcha reclamó acelerar la reconstrucción, que se les informe de manera clara sobre los gastos hechos en los trabajos realizados hasta ahora y que los bonos de seis mil soles lleguen a la mayoría de los afectados. Algunos reclamaron que se aumente el bono de seis mil soles a veinte mil. Sostuvieron que la reconstrucción es una mentira y que los bonos sólo están llegando a damnificados elegidos ‘a dedo’.

Según los pobladores, la tarea de amedrentamiento del gobierno empezó el día anterior, es decir, el jueves. Efectivamente, desde las nueve de la noche de ese día, la Plaza de Armas de Pisco fue rodeada por cerca de tres mil policías que horas antes habían ingresado a la ciudad haciendo un despliegue impresionante de pertrechos, armas y equipos. Abría la caravana policial un convoy de seis patrulleros blindados y un enorme camión de uso militar. La gente, indignada por la presencia de los uniformados y más aún por el armamento, pues todos cargaban fusiles de asalto AKM, empezó a corear “No somos terroristas, no somos terroristas”.

Cerca de las diez de la mañana la población empezó a concentrarse en la Plaza de Armas, y, en poco tiempo se formó una compacta multitud con los grupos que empezaban a llegar de todos los alrededores. Fue una protesta pacífica y digna.

Una gran misa
Por la tarde se realizó una multitudinaria misa en la Plaza de Armas de Pisco. Fue oficiada por Alfonso Berrade, párroco de la iglesia San Clemente. Allí, a las 6:41 exactamente, los asistentes rezaron un minuto en recuerdo de las víctimas.

El nombre del cardenal Luis Cipriani había sido considerado como la personalidad principal en la ceremonia de colocación de la primera piedra de la nueva iglesia San Clemente, de Pisco, pero prefirió quedarse en la capital y celebrar una misa en la Catedral limeña.

Sólo 4%
Teódulo Hernández, presidente del Frente de Defensa de los Intereses de Pisco y del Comité provincial de lucha para la reconstrucción pisqueña, dijo a LA PRIMERA que las obras tienen un avance real de sólo un cuatro por ciento. “El gobierno dice que es más, pero eso es mentira. Alan García y Juan Mendoza, el alcalde de Pisco, están amarrados, los dos son enemigos de Pisco y no vamos a parar hasta revocar a Mendoza”, dijo.

Para Henry Hernández, secretario general de la Asociación de Damnificados, la realidad de la ciudad que lo vio nacer es dramática. “El alcalde dice que nos ayuda, pero tenemos que comprar agua a la municipalidad. No hemos recibido nada de ayuda. A algunas personas les han entregado los bonos, pero no pueden cobrarlos porque no hay fondos”, sostuvo.

Infiltrados
Los pobladores de la zona dijeron a este diario que desde el miércoles llegaron a la ciudad personas extrañas a Pisco. Según pudo constatar LA PRIMERA, la mayoría vestía ropas nuevas, zapatos limpios, llevaban el cabello recortado y hablaban por celular. “Además andan en grupos de tres”, según detalló el trabajador de una ONG que prefirió no revelar su identidad.

El equipo de este diario siguió a los desconocidos, con apariencia de provocadores, que deambulaban por el pueblo tratando de infiltrarse en los grupos que se formaban. No era necesario ser muy perspicaz para darse cuenta de que se trataba de policías y militares, especializados en operaciones de inteligencia, que habían llegado siguiendo a los equipos de prensa y tratando de confundirse con ellos.

Omar Olivares
Enviado especial


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