Obama es sólo el presidente

“Barack Obama, es el presidente de Estados Unidos, pero no es el jefe del imperio”, es la frase fulminante con la que el presidente de Honduras, Manuel Zelaya, sintetiza su explicación de cómo es posible que sectores de poder de Estados Unidos apoyen el golpe que lo derrocó el 28 de junio y el gobernante norteamericano no esté comprometido.

Por Diario La Primera | 21 ago 2009 |    
Obama es sólo el presidente
(1) Tienes que controlar a la CIA, parece decir Zelaya a Obama. (2) Cumbre de Trinidad y Tobago, donde Obama hizo lindas promesas.
Manuel Zelaya declara a LA PRIMERA que la CIA y el Pentágono actúan a espaldas del mandatario norteamericano.

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Zelaya agradece la acogida que le brindó el presidente García y expresa su reconocimiento a los países del ALBA, los primeros en solidarizarse con el pueblo de Honduras contra el golpe, al Grupo de Río, a los países centroamericanos y del Caribe, la OEA y los 192 países miembros de las Naciones Unidas, que, por primera vez en la historia condenó en forma unánime un golpe de Estado.

“Para ser jefe del imperio, Obama tiene que poner en orden a la CIA y al Pentágono, que a sus espaldas manejan procesos de desestabilización de nuestros pueblos”, agrega en diálogo con LA PRIMERA, durante su breve estancia en el Perú, en la que fue recibido por el presidente Alan García y su presencia fue saludada por casi todas las fuerzas políticas.

Zelaya está seguro de que “Obama está contra el golpe, pero yo le he pedido más energía, no para que intervenga en Honduras, sino para que demuestre en la práctica que su discurso de cambio y esperanza de Trinidad y Tobago, está en armonía con los principios de soberanía popular y democracia”.

Plantea que, en tal sentido, el gobernante norteamericano debe escuchar el clamor internacional y lograr acuerdos en base a la Carta Democrática de la OEA y no hacer negocios ni mantener relaciones comerciales con gobiernos que surjan de la usurpación y que violen los derechos humanos y la libertad de prensa, como el de Honduras.

“No se trata de que Estados Unidos intervenga en Honduras, sino de que sea congruente con sus posiciones democráticas. El 70 por ciento de la actividad económica de Honduras depende de Estados Unidos, tenemos un TLC, acuerdos militares, migratorios y de seguridad. Todo el sistema financiero depende de Estados Unidos, al igual que el transporte portuario y el de carga, etc.”, dice, sobre el inmenso poder estadounidense sobre su país.

Tras recordar que el régimen golpista de Roberto Micheletti se burló del proceso de negociación propuesto por la secretaria de Estado norteamericana, Hillary Clinton, e intentado por el presidente de Costa Rica, Óscar Arias. Zelaya, insiste en que “no le pedimos que intervenga, sino que se haga respetar por un gobierno que pone en riesgo la seguridad continental”.

El gobernante legítimo de Honduras rechaza cualquier fórmula intermedia que no signifique la salida de los golpistas y la reposición del gobierno legítimo, derrocado a balazos; y fustiga los intentos de Micheletti de pretender legitimar el cuartelazo convocando a elecciones.

“El golpe de Honduras ha sido dado por las cúpulas de los dos partidos tradicionales y los golpistas quieren legitimarse a través de elecciones con esas cúpulas que participaron en el golpe, elecciones en las que los candidatos serán de esos dos partidos”, explica, al señalar que todos los gobiernos de la región han adelantado que no reconocerán al gobierno que surja de esos írritos comicios.

“Si Estados Unidos reconociera que los golpistas pueden celebrar elecciones sin el presidente, se convertiría en cómplice del golpe y abriría las puertas para que los golpes de Estado se propaguen en América Latina como la gripe AH1N1. Sería como aceptar vivir con un leproso”, sentencia el mandatario, que se apresta a visitar Washington.

Sobre la visión que transmite en sus visitas a gobernantes latinoamericanos, dejó en claro que va más allá de la simple búsqueda de apoyo para volver al gobierno: “Los pueblos latinoamericanos tienen la necesidad de llevar adelante procesos democráticos de cambio económico y social, para hacer frente a la crisis económica internacional, que afecta en mayor medida a los pueblos que sufren altos niveles de pobreza”.

Tal necesidad de cambio, puntualiza, está ligada a las aspiraciones de desarrollo de los pueblos, y pasa por la adopción de formas de democracia directa, como la posibilidad de que el pueblo se pronuncie y decida sobre los temas de trascendencia que atañen a su destino; lo que explica la consulta sobre un ulterior referendo para una Constituyente, que los golpistas usaron como pretexto para derrocarlo.

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