Ni pacto ni secreto

Es falso que hay acuerdo “bajo la mesa” entre Bolivia y Chile. Los 13 puntos que el presidente pone como un secreto a develar son conocidos públicamente desde hace tres años.

Como cuestión de principio quiero dejar sentada una posición que creo debe corresponder a todos los ciudadanos y ciudadanas del país y que en mí es una sólida convicción: el Presidente de la República personifica al Estado y a la nación. El respeto a su investidura es una obligación de todos. Ese respeto en las relaciones externas constituye una norma imperativa del Derecho Internacional, pues el presidente encarna, también, el principio de la soberanía nacional.

| 27 agosto 2009 12:08 AM | Política | 618 Lecturas
Ni pacto ni secreto
Sigue bajando puntos en diplomacia.
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Por lo tanto, rechazo con énfasis nacional cualquier expresión o acto que ofenda al Presidente de la República, como son las adjetivaciones empleadas por los presidentes Evo Morales y Hugo Chávez. Hay que reconducir las relaciones hacia el respeto mutuo de Estado a Estado.

Ciertamente, una buena diplomacia nunca debe dar lugar a que se produzcan estos hechos. Pero, independientemente del limitado y controvertido alcance de la política exterior actual, el respeto y respaldo a la investidura presidencial no debe presentar fisuras entre los peruanos y nos compromete a todos.

Sentada esta premisa, es bueno y conveniente analizar las causas de los últimos errores en la conducción de la política exterior. La diplomacia, a diferencia de la política interna, es el arte de la palabra escrita. El verbo y más aún su hipérbole no es buen consejero para las políticas de Estado. Esta es la razón por la cual los procedimientos diplomáticos, entendimientos, acuerdos, demandas, declaraciones, conversaciones y entrevistas periodísticas, por regla general, se hacen por escrito.

Como en la diplomacia el trato no es entre líderes sino entre Estados -otra decisiva diferencia con la política interna- cualquier ambigüedad o desliz en la palabra puede tener serias consecuencias. El error en la política interna no es grave, dadas ciertas circunstancias hasta puede gratificar; en política exterior el error siempre cuesta y se paga. Cuando De Gaulle, el 24 de julio de 1967, en el Ayuntamiento de Montreal se salió del texto escrito de su discurso y llevado por la emoción exclamó: “Los sentimientos desbordan mi corazón. ¡Viva Montreal! ¡Viva Quebec…Quebec libre”, creó una crisis entre Francia y Canadá.

Lo mismo ha sucedido con la entrevista oral del presidente García. Nunca debió afirmar que ya existía un acuerdo entre Chile y Bolivia sobre la salida al mar. Menos decir que era secreto y negociado “bajo la mesa”, cuando además no lo hay. Pero no es el único error, existen otros menos publicitados pero más sensibles al interés nacional.

A modo de dar una base de racionalidad política al desliz, el presidente acaba de declarar que aprovechará la cita de Bariloche para “preguntar cuáles son los trece puntos [de la agenda chileno- boliviana]”. Un nuevo desatino verbal que pone en entredicho la eficacia mínima de la diplomacia peruana. Los trece puntos que el presidente pone como un secreto a develar, son conocidos públicamente desde hace tres años por todas las cancillerías de América y obviamente por la peruana, que debe tener, además, en sus archivos ingente información sobre el estado de ejecución de cada uno de ellos.

Por el bien de los intereses nacionales y la respetabilidad de la imagen presidencial, es indispensable supeditar la palabra a la razón de Estado.

Manuel Rodríguez Cuadros
Colaborador

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