Nadine Heredia y su poder

La escena política está copada por el poder que al parecer ejerce Nadine Heredia sobre el Presidente, sobre el partido de gobierno y sobre los funcionarios del Estado. Un poder que dejó de ser influencia cuando se hizo claro, exhibido voluntariamente sin cautela, para que el país perciba que la lideresa política en construcción tiene plenos poderes derivados, no delegados, del recibido de las urnas por su cónyuge Ollanta Humala.

| 16 marzo 2014 12:03 PM | Política | 1.5k Lecturas
Nadine Heredia y su poder
El poder de Nadine Heredia
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En una democracia representativa solo los votos dan derecho a ejercer poder. El presidente elegido no puede ejercerlo compartido, o por interpósita persona, pues el pueblo se lo confirió de manera personalísima. La representatividad se basa en los votos y en la responsabilidad que implica el ejercicio soberano del poder recibido.

La legitimidad democrática indica que todo poder da cuentas al pueblo que lo eligió para formar gobierno, dentro del cual solo hay funcionarios elegidos o designados, todos bajo la premisa absoluta de la responsabilidad exigida de acuerdo al derecho.

Por supuesto que hay poderes fácticos que se ejercen desde fuera del aparato del Estado con autoridad informal y capacidad de presión para influir políticamente. No se imponen por la fuerza porque tienen acólitos suficientes para controlar los mecanismos del poder político a través de funcionarios claves estratégicamente colocados. Este parece ser el caso de Nadine Heredia a quien el pueblo peligrosamente ubica, según recientes encuestas, como verdadera gobernante. Si así fuera se configuraría usurpación. Y si no lo fuera la imagen se hace peligrosa realidad que lesiona la democracia.

La respuesta del Presidente no ha sido la más atinada. Confunde la defensa de su esposa con la del poder que se le atribuye y al parecer detenta. Craso error. Una cosa es el Estado-gobierno y otra el partido de gobierno. Nadine Heredia no integra el primero pues no es funcionaria con responsabilidades establecidas por tanto no puede hablar a nombre de él. Es altísima dirigente del partido de gobierno y puede hablar a nombre de su partido, como lo hacen Keiko Fujimori o Alan García. Diferencia clave en una democracia que tiene como elemento esencial la responsabilidad por actos de gobierno que en el caso de Heredia no es exigible por no ser funcionaria nombrada ni elegida.

Sin mencionar que su designación como Presidenta del Partido Nacionalista, en el afán de consagrarle su derecho a la palabra, es de reciente data y confirmaría la necesidad de otorgarle un espacio político válido e indiscutible, aunque de hecho también estaría dando la razón a quienes la cuestionaban antes de dicha designación.

El poder político legítimo y legal en un estado de derecho debe siempre adecuarse a las reglas. Cuando individuos, grupos o instituciones logran imponer su influencia y su poder de facto pueden tener éxito circunstancial pero tarde o temprano tendrán que dar cuenta de sus actos. No olvidarlo.


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