Maligno proyecto de Ley de Trabajo

El jueves 22 por la noche asistí como invitado a una reunión de dirigentes sindicales. Colmaban el local más de cincuenta trabajadores, en su mayor parte jóvenes; otros que ya peinaban canas habían sido actores del histórico paro nacional del 19 de julio de 1977, que le arrancó al gobierno de Morales Bermúdez la Asamblea Constituyente de 1978 y lo obligó a dejar el poder en julio de 1980.

| 26 setiembre 2011 12:09 AM | Política | 3k Lecturas
Maligno proyecto de Ley de Trabajo
Trabajadores serían perjudicados si se aprueba como está la nueva ley laboral.
Especialistas y dirigentes sindicales demandan modificaciones al articulado de norma que viene desde el fujimorato.

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DETALLE

Modificación. Se debe, a mi criterio, ir a la modificación o derogación puntual de los aspectos de la legislación laboral perniciosos para los trabajadores. Incluso así, el debate será duro, pues a los empresarios no les gustará perder las ventajas que obtuvieron con la dictadura de Fujimori.
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En sus rostros se podía leer la misma inquietud, serena, pero decidida; en unos el arrojo de la juventud, y en otros la experiencia de los militantes fogueados.

Habían sido convocados para tratar sobre el Proyecto de Ley General del Trabajo, presentado por la bancada parlamentaria fujimorista e ingresado a la Comisión de Trabajo del Congreso que preside (¡qué casualidad!) un representante de este grupo.

REITERACIÓN
Un dirigente, que había conseguido el Proyecto apelando a la cooperación casi clandestina de un amigo, explicó que era el mismo proyecto dejado de lado en los períodos legislativos de 2001 al 2006 y del 2006 al 2011 por el temor a la reacción en contra de los trabajadores.

Leyendo muchos de sus artículos, demostró que repetía punto por punto las disposiciones dadas durante la década del gobierno de Fujimori, adicionadas en los períodos de Toledo y García. Era —dijo— como si a un kilo de frejoles parasitado y con hongos quisieran venderlo con un nuevo y reluciente envase.

Lo más grave —denunció— era que una gran parte de su articulado había sido “consensuado” en el Consejo Nacional del Trabajo por los dirigentes de ciertas centrales sindicales, a quienes parecería extasiarles la peliculina en la prensa de derecha.

ABERRACIÓN
Habían sido aprobadas por acuerdo aberraciones tales como los “services”, una tercerización con derechos laborales recortados, el poder del empleador de alargar la jornada y la semana de trabajo a voluntad, la desaparición de la negociación colectiva por rama de actividad, el arbitrario método de arbitraje “por elección de la última oferta”, y otros aspectos que resultaba muy largo enumerar. Por supuesto, la sentencia del Tribunal Constitucional en defensa de la estabilidad laboral quedaría derogada.

Cuando el expositor concluyó su informe, casi todos los presentes levantaron la mano con el semblante transido por la indignación. Y hablaron.

Todos censuraron al proyecto y coincidieron en que debería ser publicado para que todos los trabajadores del Perú tengan la posibilidad de conocerlo y de emitir su opinión, puesto que se cernía sobre ellos la continuación de la superexplotación, la incertidumbre y la desesperanza, implantadas con la legislación laboral de la década fujimorista.

Un elemento nuevo surgía de las intervenciones de esos sindicalistas: ninguno se refugió en las lamentaciones. El espíritu fue de protesta y de unidad contra la amenaza. Uno recordó que en momentos como éste, cuando la acción toca a sus puertas, se aprende muchísimo más que en años de lectura pasiva.

RECLAMO
Otros oradores manifestaron sin ambages que en la reciente campaña política habían apoyado decidida y decisivamente al actual Presidente de la República, porque se había comprometido a restablecer los derechos laborales perdidos y posibilitar así un trabajo digno, también con inclusión social de los trabajadores.

Se extrañaban, por eso, que algunos congresitas de la bancada nacionalista hubieran firmado el malévolo Proyecto de Ley General del Trabajo.

He podido informarme que el congresista nacionalista Emiliano Apaza Condori de la bancada nacionalista, que no firmó el Proyecto, ha pedido en la Comisión de Trabajo su publicación en el diario oficial El Peruano.

También que para evadir la discusión y la votación de este pedido, el presidente de esa Comisión, el representante fujimorista Julio César Gagó Pérez, ha suspendido las sesiones antes de la terminación de la agenda, haciendo gala de un ostensible ninguneo a los demás miembros de la Comisión.

¿CABALLAZO?
Tendría, por lo tanto, el propósito de llevar adelante el trámite del proyecto “a caballazo limpio”.

No puedo dejar de decir que me ha causado sorpresa la súbita sapiencia de los congresistas suscriptores del Proyecto de Ley General del Trabajo, como si un mago les hubiera tocado la cabeza con una varita mágica.

Ninguno de ellos —hasta donde estoy informado— ha seguido jamás un curso de Derecho Laboral, que en las facultades de Derecho requiere no menos de un semestre para el Derecho del Trabajo Individual y otro para el Derecho del Trabajo Colectivo, con exámenes.

Y un proyecto de Ley General del Trabajo de más de cuatrocientos artículos comprende el contenido de ambas ramas del derecho, cuyo estudio podría ser incluso materia de una maestría y de un doctorado. ¡Sorprendente! ¿verdad?

Mi opinión sobre este Proyecto es que al flamante gobierno le han colocado un torpedo, cuyos efectos desde ahora son crearle un innecesario frente de protestas, legítimas es cierto, pero protestas al fin, cuando no había ninguna necesidad de tocar este asunto.


Jorge Rendón Vásquez
Colaborador

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