La parada cerrada

Hace casi medio siglo, un ingeniero sanitario inglés señaló una grave amenaza que pesaba sobre Lima: la población de ratas que en La Parada se paseaba entre los productos alimentarios podía provocar una peste que causara miles de muertos. El texto fue publicado por Peruvian Times, revista que se editaba en Lima en inglés.

| 04 marzo 2014 09:03 AM | Política | 1.4k Lecturas
La parada cerrada
Cierrapuertas en La Parada
Por: César Lévano
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La PrimeraEl peligro persistió aun después de que se construyera el gran mercado central de Santa Anita. Alcaldes sucesivos se hicieron los desentendidos sobre ese riesgo mortal. Correspondió a Susana Villarán, alcaldesa de Lima, decidir el cierre de La Parada, en una acción emprendida en octubre del 2012.

En esa ocasión se comprobó, con un costo de violencia y muerte, que en La Parada actuaban no solo los roedores subterráneos, sino también otro tipo de ratas: los delincuentes pagados por los comerciantes y por las mafias que allí se nutren de negocios turbios.

El domingo último, la Municipalidad de Lima informó que por razones de seguridad y salubridad había decidido clausurar La Parada, y que la medida había sido recomendada por Defensa Civil y la Subgerencia de Sanidad del Concejo. La Fiscalía y la Policía Nacional han actuado en coordinación con la Municipalidad.

En el desalojo de 2012, los críticos de la alcaldesa lloraron, o fingieron llorar, por la suerte de los trabajadores de La Parada. Hasta hablaron de pobreza, hábitos y sentimientos. Lo cierto es que entonces, como hoy, dichos comerciantes tenían las puertas abiertas para trabajar en el mayorista de Santa Anita, lejos de ratas y roedores.

Sería tonto creer que todos los comerciantes de La Parada están sumidos en el abismo de la pobreza. La verdad es que entre ellos hay ricachones, capaces de pagar buenos cupos a los maleantes que en el 2012 demostraron su ímpetu. En todo caso, el comercio limpio no tiene por qué negarse a trasladarse a un ambiente limpio.

Sectores de oposición a la alcaldesa le reprochan el no haber anticipado a los negociantes que iba a proceder a la clausura. Querían quizá que estos organizaran, con el apoyo del lumpen circunvecino, la resistencia.

Hay personajes que defienden la permanencia de La Parada. Uno de ellos es el juez Malzon Urbina, quien se hizo célebre por su prosa cantinflesca y su abierto afán de figuración. Como se sabe, su actitud hizo que el Poder Judicial lo suspendiera. Ahora está en la cartelera política como candidato a alcalde de Lima. Esa sí que es una amenaza: si fuera elegido restablecería, se supone, el nido de ratas.

Menos mal que, pese a las incitaciones violentistas de algunos parapetados en La Parada, la clausura se está procesando en paz.

César Lévano


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