“Guerra sucia”

Detrás de la contratación del equipo de asesores israelíes del ministro de Defensa, Rafael Rey, y del Comando Conjunto de las Fuerzas Armadas, está la decisión de llevar adelante nuevamente la política de “guerra sucia” para enfrentar el problema de los remanentes terroristas afincados en el valle de los ríos Apurímac y Ene (Vrae) aliados con el narcotráfico.

| 05 noviembre 2009 12:11 AM | Política | 1.1k Lecturas
Existe temor sobre contratación de asesores israelíes.
Asesores israelíes que trabajan con Defensa y Comando Conjunto aplican esta política y no les importan las víctimas civiles, denuncian.

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DETALLE

El ex agente dijo que el reingreso de los asesores israelíes al conflicto en el Vrae marca el reinicio de la “guerra sucia”. “No respetan a nadie, primero matan y luego preguntan, eso es lo que enseñan. Los crímenes masivos son parte de su manera de actuar”, indicó, coincidiendo con más denuncias de atrocidades que las tropas israelíes cometen en los territorios palestinos ocupados.DE
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Afirmó ayer un ex agente de los destacamentos especiales de Inteligencia del Ejército, que sirvió en Ayacucho a fines de los años 80 y recibió capacitación y entrenamiento de comandos israelíes contratados durante el primer gobierno del presidente Alan García.

El ex agente conversó con LA PRIMERA y brindó un inédito testimonio de las acciones que realizó, instruido por los comandos israelíes, y que lo sumergieron en una vorágine de sangre y culpas.

“Entramos en un pueblo, (…) no te puedo decir cuál, ni la fecha, porque sería autoinculparme”, dijo el ex agente.

“Luego de separar hombres y mujeres con niños y ancianos, empezamos a interrogarlos, a aplicarles métodos de tortura (no definió cuál) (…) Uno de ellos admitió que Sendero sí había estado allÑ Entonces, tomamos la decisión de liquidar a todos los que habíamos encerrado, porque según lo que dedujimos, todos habían colaborado con los “terrucos” y, para no dejar huellas, prendimos fuego a los cuerpos y los enterramos lejos del poblado (…) que quedó vacío”, narró, en forma entrecortada, en medio de pausas, buscando las palabras justas para no delatarse.

“Esa era la consigna de los israelíes para la lucha contra el terrorismo. Siempre repetían que si entre las bajas de inocentes había un terrorista muerto, eso debía dejarnos satisfechos. Entonces nos decían, para darnos ánimos: no te preocupes muchacho, estos perros no le importan a nadie, nadie te va a hacer nada, lo has hecho por tu patria (…), pero en las noches no podíamos dormir. Escuchábamos los gritos, los ‘taitiiiitaaa, no me mates, no soy terruco...”, continuó.

Susana Grados Díaz
Redacción


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