Gran culpa

Se ha abierto en la cima política del Perú un periodo de inestabilidad. El país, con excepción de Palacio, sabe que Nadine Heredia es la gran culpable de la crisis.

| 16 marzo 2014 12:03 PM | Política | 1.1k Lecturas
Gran culpa
Por su grandísima culpa
Por: César Lévano
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La PrimeraEn el vergonzoso debate del Congreso respecto al voto de confianza al nuevo Consejo de Ministros se enfrentaron dos líneas: la que se aprovechó de la injerencia autoritaria de la primera dama en las decisiones gubernamentales, y la de quienes defendieron a capa y espada al gobierno y a la señora Nadine. Una excepción notable fue la de Daniel Abugattás, quien expresó que el oficialismo no supo poner freno oportuno a los excesos de la señora Nadine.

Pero, como es sabido, no hay peor ciego que el que no quiere ver. El presidente Ollanta Humala parece no haberse dado cuenta de que es víctima de una auténtica usurpación de funciones, hecho que una mayoría abrumadora de los ciudadanos rechaza.

Sin embargo, el origen de la tragicomedia está claro. El mentís irrespetuoso de Nadine Heredia al entonces premier César Villanueva, causó la renuncia de éste.

No hay duda sobre eso. No es honesto afirmar que unos dicen que sí y otros sostienen que no. No tiene validez afirmar que muchos culpan a la señora Heredia. La verdad irrefutable es su incansable y ostentosa injerencia, siempre en concordancia con el ministro de Economía, Luis Castilla.

Esa conducta no ha sido reconocida. Algo más, doña Nadine ha declarado que ella y su esposo seguirán actuando igual.

De esa tozudez se ha aprovechado la oposición de ultraderecha: el Apra, el fujimorismo, el PPC. La crisis fue servida en bandeja por la primera dama.

En los días de la Revolución Francesa, cuando se afirmaba el poder revolucionario, los monarquistas intentaron volver a la corte de Versalles. Alguien acuñó entonces la frase: “No han olvidado nada y no han aprendido nada”.

Los resultados en el caso peruano están a la vista. Hace medio siglo, Federico More escribió que los regímenes represivos, con el pretexto de defender el orden, introducen el desorden. Ahora, bajo la banderola de la estabilidad, se ha instalado la inestabilidad. Y a la señora Nadine se le puede reprochar que todo esto ha surgido: “Por su culpa, por su grandísima culpa”.

Puedo preciarme de haber criticado tempranamente no solo la intromisión anticonstitucional de la señora Heredia, sino también su línea neoliberal extrema.

El episodio del Congreso de la República es único en su historia. Se ha producido un resultado previsible. El Consejo de Ministros solo cuenta con el apoyo de un puñado de 42 votos. Si se prolonga la ceguera oficialista, si no se produce una obligatoria autocrítica, la crisis nos puede llevar al abismo.

César Lévano


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