García manipuló la investigación

En una saga de cuatro entregas hemos analizado sucesivamente las mentiras de García respecto a su relación con Ponce Feijoó y BTR; los vínculos del presidente con la inteligencia de la Marina que vendrían desde el primer gobierno aprista y la época del paramilitar Comando Rodrigo Franco y la conformación de los grupo privados de seguridad integrados por personal de la Marina de Guerra. Ahora cerramos la serie con el asunto de la manipulación de las investigaciones.

| 11 julio 2011 12:07 AM | Política | 903 Lecturas
García manipuló la investigación
(1) El general Hidalgo, protegido y hombre de confianza de García, se hizo cargo. (2) Todo indica que Elías Ponce Feijoó estaba muy ligado a García. (3) Giselle Gianotti, pieza clave en BTR.

Más datos

Petrotech

La empresa del señor Kallop tiene tremendas sombras en su trayectoria peruana, que era además su sede más rentable y la que justifica el negocio. Vienen desde que se adjudicó los campos que eran de Petromar y antes de la Belco a un precio de regalo y sin cumplir los requisitos mínimos para hacerse cargo de la operación, y continúan con su inconducta tributaria y laboral.

Por mucho tiempo diversas voces reclamaron contra esta situación y pidieron la intervención del Estado, la Sunat y el Poder Judicial. Pero nunca fueron escuchados. En el Congreso, una mayoría de la que siempre participó el Apra impidió investigar y sancionar a la empresa pirata.

Existen pruebas, documentadas por este diario, que Kallop se involucró en las elecciones del 2006 a favor de Alan García y con la intermediación de los fujimoristas. El punto es que hasta el 2008 no se conoce una sola expresión pública de los líderes del Apra contra las malas prácticas de Petrotech.

Pero lo que se sabe ahora es que bastante antes de la noche de los petroaudios, Canaán, Rómulo, Bieto, Saba, Del Castillo y García, estaban ejerciendo presiones cada vez más fuertes sobre la petrolera estadounidense para hacerla salir del país y transferir sus campos.

Eso es lo que se escucha en los primero diálogos en la suite que han sido reproducidos en la televisión. Entonces sólo queda concluir que las altas vulnerabilidades de la empresa Kallop propiciaron una operación mafiosa para quedarse con sus activos.

Todo lo que viene después para chantarle a la empresa estadounidense la responsabilidad de “haber pagado el chuponeo”, responde al acto reflejo de saber que en algún momento se podía terminar de saber que lo de Discovery no era una simple ayudita para ganar un concurso público y que en todo este enjuague habían casi mil millones de dólares en juego (recuérdese a qué precio se vendió finalmente esta empresa en el mercado internacional).

Como explican los de BTR, a ellos les dieron la oportunidad de limpiarse o reducir sus penas si decían que Petrotech era la única mala de esta historia. Y como este asunto sigue siendo el Talón de Aquiles del régimen que termina, se pueden esperar muchas más mentiras y manipulaciones. Pero como van las cosas se puede tener fe en que la verdad saldrá adelante. Como ya está ocurriendo.
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Apenas se había conocido la detención de Giselle Gianotti en el paquete de los chuponeadores de BTR, Hernán Garrido Lecca se comunicó con Wilson Gómez-Barrios Rincón, expropietario y aún gerente de Forza (actualmente Securities). Y siguió llamándolo insistentemente en los días posteriores. ¿Qué podía significar este marcado interés por el tipo que fundó la primera empresa de inteligencia y seguridad operada por personal de la Marina de Guerra?

Difícil de creer que lo hiciera para expresarle su preocupación por la situación legal de la madre de dos de sus hijos. Pero quizás esta misma circunstancia lo hacía más vulnerable a las presiones. ¿Qué podía hacer Gómez-Barrios por el exgordito, embarrado hasta los tuétanos en diversos asuntos registrados en las conversaciones interceptadas? ¿Tenía algún control el hombre de inteligencia sobre parte de la información acumulada?

No se debe olvidar que luego de ser señalada como la analista estrella de Business Track, Giselle Gianotti fue dejada en libertad, mientras Ponce y Tomasio eran encerrados en un penal de alta seguridad, aislados de los demás presos, con visitas restringidas y prohibidos de declarar. Una norma especial alargó la fase instructiva del proceso (que obliga a la reserva de las pruebas) durante 36 meses, lo que congeló el caso hasta después de las elecciones. ¿Casualidad?

Gianotti por su lado salió con comparecencia restringida y con la pata alzada, denunciando las diversas manipulaciones producidas durante la etapa de la investigación, acusando directamente a Hidalgo, Del Castillo y Garrido como responsables de adulteración y secuestro de pruebas. Enigmáticamente dijo además: “Yo no tengo ningún motivo para decir cosas falsas sobre el material que me fue incautado. Me sorprende que él (Del Castillo) diga eso porque así está invalidando lo que yo también he dicho: que el presidente Alan García no aparece en ningún archivo, ni Rafael Rey, ni ningún magistrado. El señor Del Castillo va a ser esclavo de sus palabras” (entrevista 14 de abril 2010).

Giampietri
Fácil se puede colegir que hay un trato implícito: se acepta como cierta una parte de la declaración de la chuponeadora, para que ella se mantenga en la afirmación de que no hay audios del presidente, de los magistrados (sí había) y de Rafael Rey (también había). Nítidamente se puede notar que el tema de comprometer a García era la clave de todo.

Igual cuando Ponce Feijoó dice que se detuvo la escucha cuando se oyó la voz que todos identificarían y al día siguiente niega que eso fuera cierto, tan sólo para que dos días después el suboficial Fernández Virhuez que trabajaba a su lado apuntara que el comandante Ponce no debía mentir porque sí había grabaciones presidenciales.

Lo que se puede concluir es que la Marina, que sintió el golpe de la captura del grupo de BTR (marinos en retiro y en actividad), siguió cumpliendo un papel directo o indirecto en los hechos posteriores. Se recordará que el almirante Giampietri se internó en el Hospital Naval cuando se destaparon los nombres de los chuponeadores y que luego quedó colocado a cierta distancia del presidente, al punto que en las elecciones recientes se reagrupó con la organización de Alex Kouri que decidió caminar por su cuenta sin alianzas con el partido de gobierno.

Desconfiando de todos
En estos días del proceso, el general Miguel Hidalgo ha vuelto a mentir, al decir que su participación en las investigaciones referidas al chuponeo y la captura de Ponce Feijoó y su gente, se realizó por un pedido fiscal al que no podía rehusarse.

Esta es una versión calculada para cubrir el papel del presidente García, del que antes se dijo que había sido el inspirador de la poderosa alianza entre la Dirandro (antidrogas) y la Fiscal de la Nación (Gladys Echaíz) que se cerró con la espectacular captura de las verdaderas ratas que estaban detrás de los teléfonos.

Ahora no. García ya no fue el que se pasó por encima del ministro del Interior, el jefe de la Policía y el encargado de delitos informáticos, que era la coartada de Hidalgo frente a Hernani; sino que Echaíz por su cuenta saltó todas las instancia policiales y ordenó que la Dirandro buscara a los interceptores. ¿Por qué? Hidalgo seguramente confía en que Echaíz no será llevada a la audiencia y que si Alan García llega ante el juez lo envolverá con su irrefrenable palabreo.

Pero la verdad es que era García el que no confiaba en nadie. A pesar de que pudiera haber sabido de los audios unos días antes (probablemente a través de sus amigos de El Comercio), no había cómo contener el huaico que se venía. Lo único que quedaba era primeramente separarse de los que caían, incluso del primer ministro si no podía defenderse.

A continuación controlar los daños y empezar a bajar el tono de las revelaciones. Luego enfocar sobre el “verdadero delito” que era el de los chuponeos y nos las conspiraciones de sus compañeros. Finalmente caer sobre los chuponeadores.

El problema era que el vicepresidente era su propio nexo con las empresas de los marinos interceptadores y su ministro del Interior había pasado de la Contraloría al gobierno regional del Callo en plenas investigaciones sobre el asunto del peaje de la avenida Faucett, lo que confirmaba cercanías con Alex Kouri y sus amigos marinos. ¿Cómo iba a encargarle a su ministro una investigación que podía tocar a personas cercanas a Giampietri y que éste no resultara enterándose?

Por eso hubo dos investigaciones paralelas sobre los chuponeos, la oficial, de Hernani y la policía especializada, que se movía hacia la nada, y la “especial” de García-Hidalgo, que para darle una aparente legalidad involucró a la fiscal de la Nación, la que seguramente se sintió muy halagada de haber sido parte de una operación exitosa que colocaba a los policías y fiscales peruanos casi como unos magos, capaces de descubrir a puro olfato de dónde se habían hecho las grabaciones.

Esto, si no era que el presidente ya sabía desde el principio el tipo de tareas que cumplían Forza, BTR y otras, porque él mismo recurría a ellas.

Es decir, si esto era cierto, lo que se le dio a Hidalgo no fue sólo una orden de investigar sino una lista de nombres y direcciones de los que debían ser investigados y detenidos. Esa es la verdad que ahora quieren escamotearnos.

Los otros
Es casi un hecho comprobado que mientras García había puesto claramente la puntería en BTR, Del Castillo estaba más que perdido respecto a lo que estaba pasando. Lo comprueba que buscara el contacto precisamente con Ponce en las semanas siguientes al escándalo de los petroaudios para pedirle que lo ayudara a descubrir a los chuponeadores, adelantarse a sus acciones y lograr que no salgan nuevas y más comprometedoras revelaciones.

“Entre octubre y noviembre, llegó una persona… que dijo que tenía que trabajar para ver cómo avanzaban las cosas, después de la reunión con el señor Del Castillo … Entonces han visitado mi oficina, y han vigilado las unidades, tan es así que han ido cuatro veces, cinco veces.”

Es lo que dice Ponce que ocurría mientras los diarios sacaban a luz cada vez más audios, con revelaciones cada vez más sonoras, y Rómulo León todavía dudaba en entregarse a su propio gobierno.

Del Castillo había encargado a su hombre de mayor confianza, Luis Castañeda Neira, para que asediara a quien reputaba como el especialista que podía sacarlo del apuro. Y no se le ocurría que éste podría ser exactamente el chuponeador y que Alan García estuviera tras sus pasos. En el colmo de la ingenuidad el tío George solicita chuponear a Rospigliosi para ver si llega al extremo de la madeja donde estarían los que le habían puesto la puntería.

Parece que Garrido Lecca estaba a su vez tan desorientado como el expremier y que eso es lo que se refleja en sus llamadas a Gómez-Barrios, de Forza, que era algo así como el BTR en tamaño grande.


Raúl Wiener
Unidad de Investigación


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