Fondo Tagal tendrá que pagar a 3 mil afectados por estafa

Damnificados reclamarían al amigo de Alan García y mecenas del Teatro Nacional, Alejandro Belmont Anderson, devolverles su dinero.

| 30 octubre 2011 12:10 AM | Política | 5.8k Lecturas
Fondo Tagal tendrá que pagar a 3 mil afectados por estafa
1992: escándalo Tagal en la prensa
BOLSA DE VALORES ENTREGÓ 40 MILLONES DE DÓLARES AL GRUPO
5800

Un sonado escándalo ocurrido hace casi 20 años y que parecía condenado al olvido, estaría a punto de volver al primer plano de la noticia y eventualmente conducir al resarcimiento de alrededor de 3000 acreedores y accionistas del llamado Fondo de Inversiones Tagal, que en 1992 cerró con 24 millones de dólares de dinero ajeno que nunca devolvió.

El Grupo Tagal que movía recursos entre varias empresas, bajo la gerencia de su fundador Alejandro Fernando Belmont Anderson, tuvo su época de oro especulando con valores en la década de los 80 y se cayó tras el cierre del Congreso en abril de 1992, cuando se secaron la fuentes de crédito internacional para el Perú.

La Bolsa de Valores de Lima (BVL) descubrió entonces que Belmont Anderson tenía fuertes pasivos con los que había comprometido las acciones del Fondo Tagal. El resultado fue que al poner en remate una parte de sus acciones y activos, la BVL no logró pagar todas las deudas, dejando a una gran parte de acreedores y accionistas en la vía pública porque no había cómo resarcirlos. Belmont Anderson fugó del país y dejó de responder por sus obligaciones.

Miles de personas de clase media perdieron sus ahorros, lo que para algunos fue una verdadera tragedia. Pero ya estábamos en pleno neoliberalismo y el gobierno de Fujimori lo único que atinó a decir es que cada quien había asumido su propio riesgo y éstas eran las consecuencias. El punto es que mientras mucha gente perdía sus casas y sus negocios, y maldecía la hora en que creyó en Alejandro Belmont, la economía peruana empezó a recuperarse y las acciones de las que todavía era titular el Grupo Tagal empezaron a subir rápidamente. A comienzos de la década del 2000, Belmont Anderson dándose cuenta que la situación cambiaba inició una serie de maniobras para “licuar” (dar por inexistentes o comprar a bajo precio) las acciones de tipo B (más de 2 mil accionistas) para no tener que revalorizarlas.

En el 2007-2008, el Grupo Tagal lleva a la BVL ante los tribunales para resolver el caso de las acciones remanentes consiguiendo que se abra un proceso de conciliación que concluye en un “Contrato Solución Controversias y Transacción Extrajudicial” suscrito ante el Notario Noya de la Piedra, por el cual TAGAL recibe 40 millones de dólares en acciones, dividendos y beneficios de empresas que se cotizan en BVL y se compromete a utilizar los recursos recibidos para cumplir con los acreedores pendientes de pago y los accionistas. Este compromiso, sin embargo, se maneja como una cláusula secreta que ha servido para volver a estafar a los estafados del año 1992.

BELMONT A LA FECHA
En julio del 2011 en plena despedida del gobierno aprista, convertida en un “rush” de inauguraciones casi diarias, el presidente García llegó al tampoco terminado Teatro de la Nación y en su discurso anunció para tranquilidad de los asistentes y de la sociedad peruana que los fondos que se habían usado para la obra no habían salido de las arcas del Estado, sino de los bolsillos del empresarios amigos y empezó a dar nombres de los contribuyentes. En la lista figuraba el señor Alejandro Belmont Anderson, cuyo nombre fue muy aplaudido y que en el cóctel de final de ceremonia brindó muy efusivo con el todavía gobernante como viejos cómplices.

Pero ocurre que el hombre que había puesto su nombre en la lista de ricachones que ayudaron a García a tener teatro, no había devuelto su dinero a muchísimas personas que fueron estafadas en el año 1992. ¿Cómo es que Belmont Anderson puede hacer contribuciones y no pagar a profesionales a los que hace 19 años pidió dinero para cubrir sus baches de liquidez y a los que no les repone su capital e incluso ha querido denunciarlos por “extorsión “ por demandarlo a pagar con el dinero recibido de la BVL.

Hasta hoy, Alejandro Belmont Anderson se ha beneficiado de que sean pocas de sus muchas víctimas las que sepan que se ha producido el acuerdo para recuperar un paquete de acciones de alto valor y eso le ha servido para buscar arreglos bilaterales, sin pagar el total de lo que debe. El caso Tagal es el de un engaño a la buena fe que todavía sigue como una herida abierta en el país.


Raúl Wiener
Unidad de Investigación

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