Escalada peligrosa

Recientes acontecimientos relacionados con la inseguridad ciudadana, que han generado justa preocupación en la población y hasta comprensible molestia en importantes sectores, constituyen hechos y situaciones que, en democracia, es normal que generen críticas y señalamientos, deseablemente propositivas y orientadas a buscar soluciones a los problemas estructurales de la sociedad, en lugar de utilizados como munición para fines políticos de miras estrechas que nada tienen que ver con las angustias de los peruanos y sus anhelos de soluciones a los graves problemas existentes.

| 27 febrero 2013 12:02 AM | Política | 1.2k Lecturas
Escalada peligrosa
EDITORIAL
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Recientes acontecimientos relacionados con la inseguridad ciudadana, que han generado justa preocupación en la población y hasta comprensible molestia en importantes sectores, constituyen hechos y situaciones que, en democracia, es normal que generen críticas y señalamientos, deseablemente propositivas y orientadas a buscar soluciones a los problemas estructurales de la sociedad, en lugar de utilizados como munición para fines políticos de miras estrechas que nada tienen que ver con las angustias de los peruanos y sus anhelos de soluciones a los graves problemas existentes.

Es lamentable sin embargo que los tristes sucesos recientes hayan comenzado a ser aprovechados por quienes solo buscan servir sus intereses y no los de la Patria, para lanzar ataques contra el jefe del Estado y el Ejecutivo, que no le hacen ningún favor a la democracia y por el contrario la amenazan en la medida que están llegando al extremo de orillar el insulto y la falta de respeto, amagando sobre la estabilidad institucional que al pueblo le ha costado tanto lograr en luchas en las que estaban en el otro bando, muchos de quienes hoy cultivan la diatriba y el encono en forma al menos irreflexiva.

Se ha desatado, pues, una escalada peligrosa de epítetos descalificadores que atropellan el sentido común y rebajan a un nivel deplorable, acaso aprovechando la tolerancia y las buenas maneras de quienes se empeñan en ceñirse escrupulosamente a las reglas de juego de la democracia y al cuidado de la estabilidad y la mantención de un clima propicio para las inversiones y para el crecimiento económico con desarrollo integral e inclusión, al que aspiran con justicia los peruanos.

Elementos a los que el pueblo les negó su aval en las urnas, así como sus altavoces mediáticos, se dan desde hace algún tiempo a la irreflexiva tarea de zaherir con calificativos altisonantes y con virtualmente cualquier pretexto, a quien, por mandato constitucional, personifica a la Nación.

Tal empeño nada tiene que ver con la crítica legítima ni con el cotejo abierto y hasta apasionado de posiciones diferentes sobre los temas nacionales.

La necesidad de que se ponga fin a la insensatez tampoco supone pretender que se acallen las discrepancias, legítimas y alturadas, que pueden llegar, inclusive, a reclamar el retiro de cualquier funcionario de alto nivel que se considere no cumple a cabalidad sus deberes o ha incurrido en error o ineficiencia. Pero todo dentro del respeto y la ponderación, como lo exigen la democracia y la constitucionalidad.


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