¿El rey está desnudo?

“No tiene por qué ser verdad lo que todo el mundo piensa que es verdad”, consejo de Hans Christian Andersen.

| 03 junio 2014 08:06 PM | Política | 1.6k Lecturas
¿El rey está desnudo?
¿Y si el rey está desnudo?
Por: Miguel Ildefonso
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Todo el mundo (es una manera de decirlo) conoce el cuento “El traje nuevo del rey”, que fue escrito por Hans Christian Andersen, y publicado en 1837 en la colección titulada “Cuentos de hadas contados para niños”. La versión de Andersen varía un poco de sus antecesores, manteniendo lo esencial de su mensaje: “No tiene por qué ser verdad lo que todo el mundo piensa que es verdad”.

El cuento trata de un rey que se preocupaba mucho por su vestuario. Un día se entera que unos famosos sastres están de paso por su reino y los convoca para que le confeccionen su mejor indumentaria. Estos eran dos charlatanes que le dijeron que podían fabricar la tela más suave y delicada que pudiera imaginar. Pasado el plazo no habían confeccionado ningún traje; se dedicaron solo a disfrutar de los beneficios que le brindaba la vida en la corte. Pero le dijeron al rey que habían hecho un maravilloso traje que tenía la capacidad de ser invisible para los tontos.

El rey, sintiéndose nervioso de saber si él mismo iba a ser capaz de ver la prenda, llamó primero a dos de sus hombres de confianza, y, evidentemente, ninguno admitió que era incapaz de verla, y comenzaron a alabarla. Así toda su corte afirmó que el traje era el más hermoso del mundo.

Toda la ciudad había oído hablar del fabuloso traje y estaba deseando verlo. Antes de proseguir su viaje, los pícaros sastres hicieron como que le ayudaban al rey a ponerse la inexistente prenda y, luego, así desnudo éste salió a desfilar. Todo el pueblo alababa el supuesto traje temeroso de que sus vecinos se dieran cuenta de que no podían verlo. Solo un niño, de pronto, dijo: “¡Pero si va desnudo!” Entonces todos empezaron a gritar que su majestad no llevaba nada encima. El rey supo que ellos tenían razón; levantó la cabeza y terminó el desfile.

Este viejo cuento viene como metáfora de los medios de comunicación y su capacidad de crear una ilusión o una “verdad”, ante la pregunta que se planea aquí. Si analizamos un poco el cuento veremos que la ilusión del traje nace de dos poderes, del prestigio de los sastres (en realidad dos charlatanes) y, sobre todo, del rey y su corte. Tampoco debemos obviar la necesidad frívola del monarca y la conveniente y frágil relación con la realidad (o la verdad) de sus súbditos.

No es que los medios de comunicación sean en sí el ilusionista, sino, como diría Noam Chomsky, serían aquellos para quienes sirven estos medios. La pregunta que nos planteamos aquí entonces es incorrecta. Porque de lo que debemos desconfiar es de aquello que legitima a esos medios. ¿Debemos desconfiar del poder? Sería la pregunta desmistificada, y la respuesta es obvia; pero también deberíamos desconfiar de los que están subordinados al poder, lo que incluye a casi todos.

La excepción es el niño que ve al rey desnudo y exclama lo obvio, que nadie quiere reconocer. El es aquel “elemento excesivo” que hay en toda sociedad y del que habla el filósofo Slavoj Zizek siguiendo a otro filósofo, Alain Badiou. “Es un elemento del conjunto que, al mismo tiempo, no está integrado en ninguna parte del todo; un elemento vacío como por ejemplo el rebelde o el excluido, que integran la sociedad sin formar parte de ella u ocupar un lugar concreto. (…) solo desde ese ‘punto’ se puede decir la verdad”, explica el esloveno.

Por eso debemos desconfiar también de los “opinólogos” de la corte, y distinguirlos de los filósofos que son aquellos que siempre luchan contra las opiniones dominantes, es decir, del poder. Al respecto dice Badiou: “Hoy el combate es mucho más complejo y singular que el de los años ‘60. En esos años los filósofos críticos y comprometidos políticamente dominaban el escenario intelectual. Eso se dio vuelta. Hoy son los perros guardianes de quienes mandan.”

Empero hoy, felizmente, cada uno de nosotros tiene la capacidad de ser como el niño del cuento y desconfiar del poder oculto en los medios de comunicación que reproducen y forjan “valores y actitudes fundamentales” de las sociedades (competencia, violencia, cinismo, etc.); porque, siguiendo con Zizek: “Los seres humanos no sabemos por naturaleza qué es lo que deseamos. Nuestro deseo tiene que ser construido, y los medios cumplen un papel muy importante en esa construcción.”

En conclusión, lectores, oyentes y televidentes de esta posmoderna cultura soft del mundo unidos, seamos pues como el niño.

Miguel Ildefonso


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