El pueblo quedó fuera de la Parada Militar

Fue sólo para apristas, que llevaban la consigna de aplaudir al presidente García, quien evitó contacto con la gente por temor a las pifias. El pueblo no pudo entrar. Hubo protestas.

Por Diario La Primera | 30 jul 2008 |    
El pueblo quedó fuera de la Parada Militar
Enrejados. No les permitieron ni siquiera acercarse a la avenida De La Peruanidad.

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DETALLE

Ante tantos cuestionamientos, el congresista Luis Gonzales Posada afirmó que espera que el año siguiente el desfile sea realizado en la avenida Brasil para evitar descontentos.

El desfile fue netamente militar-policial, sin participación civil. Empezó a las 10:00 a.m. y culminó a las 12:14 p.m.

Las calles estuvieron cercadas con rejas desde las cero horas de ayer en un amplio radio que comprendió la avenida Brasil (entre las cuadras 1 y 14), 28 de Julio (entre la Av. Brasil y el Óvalo Jorge Chávez), Salaverry (hasta la cuadra 6), Mariátegui hasta su cruce con Brasil, Guzmán Blanco y la plaza Bolognesi; de tal suerte que ni “de lejitos” se pudo apreciar el denominado desfile cívico militar que duró sólo una hora y media.

A diferencia del año pasado y del 2006, la Parada Militar realizada ayer en la avenida De la Peruanidad del Campo de Marte, en Jesús María, fue exclusiva para un grupo selecto de funcionarios públicos y militantes apristas, quienes, según decenas de testimonios, accedieron a las tribunas mostrando una tarjeta de invitación.

Niños con sus bolsitas de cancha, mujeres con sus pequeños, padres de familia con sus esposas e hijos llegaron hasta el Campo de Marte, pero no pudieron ver el desfile. La razón, no tenían invitación. “El desfile es una fiesta popular, no es sólo para los apristas”, se quejó una madre de familia, con su bebé en brazos. “El gobierno de Alan es pésimo, no me convence”, dijo Dino Ortiz Jaimes (50), ciudadano que tampoco pudo acceder a las tribunas. “Por qué no podemos entrar si hay sitio en las tribunas”, dijo otro asistente. “García le tiene miedo a las pifias”, indicó otro.

Rejas gruesas y un estricto cordón de seguridad impidieron el ingreso del público sin invitación a las tribunas, a pesar de que las personas formaron largas colas, en muchos casos desde las dos de la madrugada. La paciencia del público se agotó hacia las 7 y 30 de la mañana, cuando las tribunas eran ocupadas por las autoridades, funcionarios del gobierno y sus invitados (con tarjeta).

“Venimos de provincia. Hemos pagado hasta 40 soles de pasaje a Lima, estamos desde las 2 de la mañana y ahora no nos dejan entrar porque sólo es para invitados con tarjeta”, protestaba un grupo de personas de Ica.

“El desfile debe realizarse en la avenida Brasil y que el presidente García muestre la cara. ¿O acaso tiene miedo?”, dijo otro ciudadano indignado que llegó desde Huaral.

“La esencia del desfile militar es acercar al pueblo a las personas que protegen a su Nación”, dijo un ciudadano. “Es un grave error esta determinación de impedir a la gente ver la Parada Militar”, agregó.

La filiación política de los que coparon las tribunas se demostró, por ejemplo, cuando al ministro de Salud, Hernán Garrido-Lecca, y a los congresistas Mercedes Cabanillas, Luis Gonzales Posada y Mauricio Mulder, las personas de las tribunas los recibieron con el característico aplauso aprista.

Teme al pueblo
El presidente Alan García llegó hasta al Campo de Marte en un automóvil cerrado, como para no escuchar los reclamos de la población. Atrás quedron escenas como las del 29 julio de 2006, cuando García, acompañado de su homologa chilena Michelle Bachelet, caminó veinte cuadras de la avenida Brasil entre el aplauso de la gente.

Cuando el presidente García llegó a la Plaza Jorge Chávez, a las 10 de la mañana, descendió de su automóvil y de inmediato fue rodeado por el regimiento de caballería Húsares de Junín, la escolta presidencial, y caminó unos cien metros hasta llegar a la Tribuna de Honor. Los aplausos que recibió en esa breve caminata fueron de los apristas de las tribunas.

Sin embargo, los asistentes que no estaban en las tribunas pifiaban al Presidente. Un señor de aproximadamente 70 años de edad, que dijo ser un asistente infaltable a la Parada Militar, señaló: “Nunca se nos ha impedido ver el desfile que es de todos los peruanos”.

Ante los cuestionamientos, la parlamentaria aprista Mercedes Cabanillas dijo que se limitó el ingreso con el objetivo de “darle orden y mejor organización al evento”. Pero igual recibió la pifia general desde los exteriores del lugar.

“Restringir ingreso fue un error”
El director ejecutivo de APRODEH, Miguel Jugo, sostuvo que fue un error restringir el ingreso del público a la Parada y Desfile Militar por Fiestas Patrias. “Todos sabemos que el desfile es un evento masivo y se debió tomar las precauciones necesarias para que el público asista. Recuerdo que cuando la violencia política era muy alta se adoptaban este tipo de medidas por temas de seguridad. Siempre se preparó los desfiles para que las Fuerzas Armadas muestren su cercanía con la población. Pero ahora parece que estos eventos tienen otro fin”, aseguró Jugo. Antes de iniciarse el desfile ocurrieron algunos incidentes entre ciudadanos y la Policía. Según las personas que no pudieron observar el desfile, efectivos policiales les informaron que sólo podían ingresar con una invitación.

Vendía pases
Mientras la gente pugnaba por ingresar a las tribunas y ver el desfile militar, Pablo Loayza Ascensio fue detenido por la Policía cuando vendía cuatro pases a 15 soles cada uno. Loayza señaló que las invitaciones se las regalaron en Magdalena, pero los policías hallaron en sus bolsillos un carné de afiliado a la Confederación de Trabajadores del Perú (CTP), cuyos vínculos con el gobierno son ampliamente conocidos.


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