El presidente no puede ni debe hacer lo que quiere

El presidente debe estar muy convencido de su fórmula: “El presidente no puede hacer lo que quiere, sino lo que debe”, que repite con frecuencia, con la que cree que resuelve el tema de porqué no ha hecho lo que quería hacer y porqué ha hecho lo que otros le decían que debía hacer.

| 22 julio 2014 06:07 PM | Política | 2.7k Lecturas
El presidente no puede ni debe hacer lo que quiere
El presidente no puede ni debe hacer lo que quiere
Por: Raúl Wiener
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No es el primer gobernante que hace un volteretazo al llegar al poder. Tenemos una larga lista, principalmente a partir de 1990, cuando la política se hizo más ruda y pragmática. La diferencia es que Humala se ha inventado una coartada, donde otros no la han necesitado.

Así después de haber levantado la esperanza de millones, para cambiar las relaciones de poder, nos viene con que el “deber del presidente” es mantener esas relaciones y esos poderes intocables en aras de que el sistema siga creciendo tal como era.

Hasta ahí, uno concluye en que Humala va a quedar en la historia como uno más de una ruta en la que se va minando la credibilidad y confiabilidad en el sistema democrático de elecciones periódicas y alternancia. Pero hay otro lado de la misma moneda, que tiene que ver con la construcción, mejor dicho destrucción, de organizaciones políticas serias.

El presidente que “no hace lo que quiere, sino lo que se debe”; se convierte en el que hace lo que quiere y lo que no debe, cuando se trata de quién manda dentro de su grupo político. O si se quiere en quién obliga a los suyos a subordinarse, en el mismo momento que se subordina al estatus quo. Esto se puede ver en la aplanadora que ha funcionado para imponer la candidata oficialista a la presidencia del Congreso, de acuerdo al capricho de la primera dama y al bastón de mando presidencial.

Hay un contraste brusco entre cómo tratar a un presidente de la CONFIEP que exige determinar las políticas de gobierno, sin que nadie lo haya elegido para ello, con la ausencia de respeto a las opiniones de la bancada que es tan elegida como el propio Humala.

Pero este servilismo-autoritarismo, no es potestativo de Humala y su gobierno. Se puede ver aún con más contraste en Fujimori echando a sus colaboradores iniciales y formando tantos partidos como fuesen necesarios para que nadie pudiese erigirse en un segundo o tercero al mando; al tiempo de ser servil hasta la náusea con los organismos financieros internacionales y la gran banca.

No fue diferente con Toledo y ni se diga con Alan García. Es la idea del presidente mesiánico al que todos le deben la victoria y ante el que hay que bajar la cabeza, que ronca en su chacra, pero que puesto ante el poder real de la gran empresa y el dinero, los medios, la tecnocracia se hace infinitamente más pequeño. El punto es qué pasará cuando en esta cadena de aplastamientos la gente finalmente se canse.

Raúl Wiener


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