El golpe a la constitución

Todos sabemos que a Javier Valle Riestra, sus compañeros de partido lo tratan como una pieza suelta que puede disparar en cualquier sentido sin que ellos se sientan necesariamente comprometidos por sus hechos o sus palabras. Eso pasó cuando al tribuno se le ocurrió ser primer ministro por algunos días de un Alberto Fujimori que ya se encaminaba a la re reelección, y cuando hizo una díscola campaña para que le permitieran renunciar al Congreso.

| 13 enero 2014 09:01 AM | Política | 1.6k Lecturas
El golpe a la constitución
El golpe constitucional
Por: Raúl Wiener
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La PrimeraParte de su singularidad son sus frases altisonantes en distintos momentos contra diversos líderes apristas, incluido Alan García, sus pedidos de amnistía para Antauro y Polay, y su insistencia algo confusa en la necesidad de una Constituyente que restablezca la vigencia de la Constitución de 1979, con la que no se sabe bien si apunta a un nuevo esquema constitucional, bajo los consensos políticos-sociales existentes, o si pretende aún que la Carta de hace 34 años aún puede considerársela vigente.

Lo esencial es que Valle Riestra ha funcionado desde hace buen tiempo como solitario disparador de temas polémicos y hasta se podía creer que le gustaba estar a contramano del APRA oficial que hace rato se ha consolidado como una corriente conservadora y un aliado sólido del fujimorismo que no va a permitir que le toquen la Constitución de 1993. Pero con don Javier nunca se sabe. Es lo que se podía ver esta semana en la conferencia de prensa del partido de la estrella, celebrando más de la cuenta el fallo de la Sala Civil que ratificaba la nulidad parcial de los actuados de la Megacomisión.

Se había subido al carro de la supuesta victoria de García, lo que debe querer decir que se cansó de andar solo, y aceptó la invitación de la cúpula del alanismo que decidió masajear su ego. El hecho es que en Alfonso Ugarte sabían que Valle Riestra haría su propia noticia. Y la hizo. Porque ahora ya no bastaba con lo de la Asamblea Constituyente y la Constitución del 79, sino que le agregó que estas llegarían por vía de un “golpe constitucional”, tramposa fórmula que ha sido usada en Paraguay contra Lugo, en Honduras contra Zelaya y en Venezuela contra Chávez (2002).

Ninguno de sus compañeros va a hacer caso al veterano tribuno en el lado en el que reclama acabar con la herencia constitucional de Fujimori, porque para eso se requiere precisamente desfujimorizar la sociedad peruana y sus partidos, y el APRA es uno de los que más ha caminado en la dirección inversa. Pero la idea de una interrupción institucional, en la que los golpistas reclaman la coartada de la “constitucionalidad”, es algo a lo que el alanismo no le va a hacer ningún asco. El concepto ya había sido trabajado hace una semana en las páginas de El Comercio y parece que cada vez escandaliza menos. Don Javier sabía en qué se estaba metiendo.

Raúl Wiener


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