El aporte del Perú a la democracia del mundo

La Carta Democrática Interamericana acaba de cumplir diez años de vigencia. El embajador Manuel Rodríguez Cuadros repasa la historia de este instrumento jurídico, propuesto por nuestro país para fortalecer la democracia en el continente.

| 09 setiembre 2011 12:09 AM | Política | 6.5k Lecturas
El aporte del Perú a la democracia del mundo
Carta Democrática ha evitado muchos atentados contra la democracía.
El embajador Manuel Rodríguez Cuadros habla sobre la importancia de la Carta Democrática Interamericana, que cumple diez años de vigencia.

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Diez años. Tras cumplirse diez años de su firma, 17 expresidentes de Latinoamérica, en su mayoría conservadores, se reunirán este domingo en Lima para analizar la eficacia de la Carta Democrática Interamericana (CDI). En la cita, propondrán cambios para fortalecerla mediante la suscripción de una declaración que esperan entregar a la Organización de Estados Americanos (OEA).
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-¿Cómo así se gestó la Carta Democrática Interamericana?
-El año 2000, durante la recuperación de la institucionalidad democrática, el embajador Javier Pérez de Cuéllar, entonces premier, me solicitó colaborar con él en su presentación ante el Congreso sobre las nuevas políticas del gobierno de Valentín Paniagua. En el párrafo de la política exterior sugerí promover una Carta Democrática Interamericana, exactamente con ese nombre, para crear un mecanismo de defensa colectiva de la democracia, no solo en caso de golpe militar sino de los nuevos tipos de afectación de la democracia, como fue el autogolpe del 5 abril.

-¿Qué pasó después?
-Pérez de Cuéllar me encargó la negociación ante la OEA, a la que él y Valentín Paniagua me nombraron como embajador del Perú. Mi principal cometido fue elaborar la carta y negociarla.

-¿Cómo logró la adhesión de los demás estados?
-El texto se redactó en febrero de 2000. Presentarlo a la OEA era difícil porque allí toda negociación dura más de siete años. Entonces establecimos una estrategia totalmente nueva, llevarla a la Cumbre de las Américas de Québec, Canadá. Los mandatarios de América, según mi idea, debían aprobar un párrafo mandatario a la OEA donde le digan a los presidentes y embajadores que negocien una carta democrática.

-¿Y qué ocurrió en la OEA?
-Argentina, Costa Rica, Canadá y Estados Unidos, que apoyaron la propuesta en Québec, apoyaron también en la OEA. El texto original del Perú se fue modificando hasta convertirse en un texto de cinco países. Como tal, tenía un poder negociador muy fuerte. Así fueron las negociaciones formales que duraron ocho meses, en los que hubo 17 textos revisados. Luego, logramos el acuerdo en Washington y el embajador Pérez de Cuéllar tuvo la iniciativa de ofrecer Lima como sede de una asamblea extraordinaria de la OEA, el 11 de setiembre de 2001, el mismo día del ataque a los Estados Unidos.

-A diez años, ¿cuál es su balance?
-Positivo con preocupaciones. Positivo porque por primera vez en la historia de América Latina se estableció un sistema de seguridad colectiva de defensa y protección de la institucionalidad democrática más allá de los golpes tradicionales, es decir para casos como el del 5 de abril. Esto es un aporte no solo a la región sino al mundo. Con posterioridad, cláusulas democráticas que recogen muchos de sus elementos han sido aprobadas en Asia, África, Europa, en el Mercosur. Otro de los aspectos positivos es que ha creado una suerte de derecho internacional de la democracia que, en algunos casos, está en tratados y en otros, en resoluciones con obligatoriedad. Por otro lado, en la región la carta ha servido para superar algunas situaciones difíciles...

-¿Cómo cuáles?
-Hubo un intento de golpe militar contra el presidente Hugo Chávez, se aplicó la carta y eso se pudo conjurar. En Guatemala hubo también una situación similar y en Ecuador.

-Pero en Honduras no fue eficaz...
-Cierto. En Haití no se pudo detener el golpe militar y revertir un régimen de facto. En el caso de Honduras, la OEA al aplicar la carta, a pesar que se aprobaron sanciones, no pudo tampoco preservar la institucionalidad democrática y se fue a un proceso largo, tortuoso, que al final no tuvo efectos en el gobierno ilegítimo que se constituyó. Por eso digo, la carta tiene un balance positivo con preocupación.

-En la reunión de cancilleres de Valparaíso, celebrada para revisar la Carta, se propuso un mecanismo de seguimiento y evaluación de la institucionalidad democrática, ¿por qué no prosperó?
-Esa propuesta presenta algunos problemas porque no es necesario que los países estén sometidos a una suerte de evaluación permanente por un comité de la OEA para que califique si su democracia es de baja o alta intensidad. El espíritu de la Carta es actuar con eficacia cuando se altera. O en todo caso prevenir la alteración.


Helio Ramos
Redacción


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