“Culpo al presidente Alan García”

“Cuarenta militares derribaron la puerta de mi casa la noche del 22 de julio de 1986. Destrozaron mi casa y, por más que imploré, al amanecer del día 23 sacaron a mi esposo como si fuera un terrorista. Desde entonces han pasado 23 años y nunca más lo volví a ver”. Y la historia se repite. De esta manera Doris Caqui recuerda cómo el Ejército desapareció a Téofilo Rimac Capcha, su esposo.

Por Diario La Primera | 16 agosto 2009 |  1.4k 
Habla Doris Caqui.
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Doris tenía tres meses de embarazo cuando el Ejército ingresó violentamente a su domicilio en Cerro de Pasco. El era militante de Izquierda Unida, pero era una figura pública que nada tenía que ver con el terrorismo, aclara. Sin embargo, lo tildaron como tal y por más que lo buscó, que movilizó a los estudiantes, a los campesinos, a los mineros y por más que se formaron dos comisiones investigadoras en las cámaras de diputados y senadores, nada. Al final lo que me dijeron fue que mi esposo se fugó de la base militar donde lo llevaron. Esa fue la única explicación.

Desde entonces libra una tenaz batalla por dar con su esposo. En tres oportunidades fue detenida por buscarlo. “Los militares me golpearon. Al final por temor y por garantizar la vida de mis cuatro niños abandoné Cerro de Pasco, dejando todo, sólo con lo que tenía puesto encima”, señala,

Apeló a la Corte Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) que en 1990 resolvió que el Estado es responsable de la muerte y desaparición de Téofilo Rímac. “Mis hijos ahora me dicen: madre por qué no dejas a un lado eso y te olvidas. Yo tenía 23 años cuando quedé viuda. Mis mejores años los invertí en busca de justicia, pero no sólo porque quiero que los asesinos de mi esposo sean castigados, sino porque esta historia no debe repetirse.

“Yo culpo al presidente García -que gobernaba en 1986- porque las ejecuciones extrajudiciales fueron políticas de Estado. También al autor material, el comandante Javier Robles Leo, quien me dijo que mi esposo estaba vivo, que me dedicara a cuidar a mis hijos y que mi esposo regresaría en 15 días a mi casa. Fue la burla más grande que hizo ese señor y jamás lo voy a perdonar, pues para entonces mi esposo ya había sido asesinado”, manifiesta.

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