Crisis con las Fuerzas Armadas

Luego de un seguimiento de dos años al espía Ariza y de haberle tendido trampas para ponerlo en evidencia y descubrir sus contactos, tras haber tratado el caso en los más altos niveles de la Fuerza Aérea, los generales tomaron la decisión de reventar el caso cuando el presidente García estaba en el extranjero, con una cita pactada con la presidenta Bachelet, y mientras Mercedes Aráoz preparaba maletas para Santiago. ¿Todo normal?

| 16 noviembre 2009 12:11 AM | Política | 626 Lecturas
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Una sorda crisis entre los altos mandos militares y el gobierno de Alan García, derivada de la operación “desarme” puesta en marcha por el Poder Ejecutivo bajo la forma de una serie de viajes ministeriales para proponer a los demás países de América del Sur una reducción del gasto en armamentos para los próximos años, sería el desencadenante del sonado escándalo de los aviadores espías que hoy remece al país y amenaza a enfriar varios grados debajo de cero las siempre complicadas relaciones con el vecino del sur. Expertos consultados por este diario consideran muy extraño la decisión del estado mayor de la FAP de denunciar el hecho, luego de una larga investigación secreta, y de asegurarse que la noticia estuviera en todos los medios y pasara a manos del Ministerio Público y el Poder Judicial.

Lo normal es que los militares eviten la publicidad en estos casos, anotaron nuestros informantes, ya que el solo hecho que haya habido espías funcionando tanto tiempo es un baldón para la institución y una burla a los sistemas de seguridad nacional. Además un destape así debería haber sido consultado con el gobierno y es evidente que eso no se hizo hasta que la fuerza de los acontecimientos hizo regresar a García de inmediato al país. No puede ser cierto que el presidente haya estado al tanto de la investigación de espías con final de denuncia, y al mismo tiempo haya impulsado el famoso “pacto de no agresión” y los viajes del desarme, que obviamente apuntaban a ejercer presión sobre el Mapocho a pesar de su ropaje regional.

Lo que fácilmente puede deducirse es que los aviadores y probablemente el Comando Conjunto de las Fuerzas Armadas no estaban cómodos con la estrategia de desarmarse, en una correlación en la que Chile ha sacado una considerable ventaja. Al sacar al espía del clóset todo el esquema del gobierno se venía abajo, mucho más si de manera coincidente se sabía de la nueva compra masiva de armamento para Chile, esta vez calculado en 665 millones de dólares en misiles, torpedos y otros implementos. El caso Ariza habría servido así de clara advertencia para Alan García. Lo que vendría en los días siguientes es el desembarque de la Aráoz antes de emprender viaje y un nuevo trato entre Fuerzas Armadas y gobierno en el tema de armas.

El desarme de Alan García quedaría así convertido en una más de las iniciativas fallidas del presidente más locuaz de nuestra historia. Algo como un tren eléctrico, un Forsur o un crecimiento económico de 6% para 2009, aplicado a las relaciones exteriores y la defensa nacional.

Raúl Wiener
Unidad de Investigación


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