Aborto rojo

¿Y qué tiene que ver el derecho de la mujer sobre su propio cuerpo, con las esterilizaciones forzadas de la época de Fujimori, que tanto hace reír al rey de las “chiquitas”? Pues lo obvio. Que en uno y otro caso se trata ni más ni menos que del asunto de la libertad individual y de los controles ancestrales que la Iglesia y los Estados trataron siempre de imponer sobre las personas, es especial sobre las mujeres.

| 14 octubre 2009 12:10 AM | Política | 458 Lecturas
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Una mujer violada tiene todo el derecho de decidir sobre el fruto de un acto de violencia y humillación, y eso en nada se compara con el hecho de que una campesina sea sometida a la ligadura de trompas en el post parto, sin tener conciencia de lo que le están haciendo o siendo directamente engañada sobre el procedimiento. Más aún sin una mínima consideración sobre su visión cultural y la decisión compartida con su pareja (que dicho sea de paso, además, provocó varios casos de intervenciones mal hechas, con muerte de las pacientes) .

Entonces qué tiene de extraño que uno sea de ideas rojas o azules, apoye por elemental criterio que se despenalice el aborto en los casos de feto con daño irreversible, embarazo riesgoso para la vida y violaciones, y que lo haga desde una posición de principios, y no escondido bajo un estúpido trabalenguas (que la pena es reducida, así que no se aplica, o sea que es lo mismo que se condene o que se reconozca el derecho, ja, ja, ja); y que al mismo tiempo se denuncie la brutal política racista del régimen de los 90 de esterilizar mujeres quechuas y campesinas, al margen de su voluntad, a razón de cuatro por mes, en cada establecimiento, como si se tratara de beneficiar ganado, tratando de cubrir estadísticas pactadas con los organismos internacionales.

Obviamente que nadie podría obligar a la violada a abortar, ni a la que decide concluir un embarazo destinado a producir un bebe muerto o con bajísimas posibilidades de llevar una vida sana, o la que arriesga su propia existencia continuando el proceso. Pero que exista un sector influyente en la sociedad, con ecos en el Consejo de Ministros, la prensa, la educación y el templo, que pregona lo contrario, y que cree que sí se puede imponer a una mujer lo que los demás no están sufriendo, y más aún que se puede perseguir a las trasgresoras, aunque sea para una sanción simbólica, es una muestra de medievalismo en plena modernidad armada para los grandes negocios. Después de todo lo que se busca es coactar a los médicos y los demás profesionales de salud, para que no cumplan con su tarea de salvar vidas. A estas alturas existen varios casos denunciados ante la Corte Interamericana en la que los centros médicos se han negado a intervenir para evitar la muerte de la madre, porque entendieron que esta sociedad no se rige por las leyes o el sentido común, sino por los dictados de Monseñor Cipriani.

Lo más curioso de este tema es como los supuestos liberales juegan en el campo del peor oscurantismo. Y convierten asuntos de viejísima estirpe libertaria en temática de “rojos”, que deben ser espantados con una cruz o con una risa fingida desde un diario. Son los costos de la alianza reaccionaria que se armado los últimos años.


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