24 horas de Política

En el derecho constitucional los impedimentos de los congresistas toman el nombre técnico de “incompatibilidades”. En nuestra Constitución histórica, estos impedimentos o prohibiciones para el ejercicio de la noble función parlamentaria, presentan a grandes rasgos las siguientes características.

| 10 marzo 2014 10:03 AM | Política | 880 Lecturas
24 horas de Política
La política a tiempo completo
Por: Carlos Mesia
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La PrimeraEn la Constitución de 1823 los diputados no podían obtener para sí, ni pretender para otro, empleo, pensión, o condecoración alguna. La Constitución de 1828 –llamada por Villarán “las madre de nuestras constituciones”-, era bastante parca pero con lo que decía bastaba.“Ningún representante del Parlamento podía obtener para sí, durante su comisión, nada más que el ascenso de escala en su carrera. Es decir, no debía beneficiarse con el cargo. En la de 1834, no podían obtener ningún empleo sino era con el permiso de su cámara.

La autoritaria Carta de Huancayo (1839) decía: “Los diputados y senadores, no pueden admitir empleo, sino el de escala, conforme a Ley”. Y la más liberal de nuestras constituciones decimonónicas, la Constitución de 1856, era contundente: El senador o diputado “Vaca de hecho en el cargo de representante por admitir, durante su período, cualquier empleo, cargo o beneficio cuyo nombramiento o presentación dependa exclusivamente del Jefe del Poder Ejecutivo”. La más longeva de nuestras Constituciones, la de 1860, repitió el precepto y también lo hizo la Carta de 1920.

Ya la Constitución de 1933 dejaba a la ley el establecer las incompatibilidades de los parlamentarios. El artículo 102 disponía: “La ley fijará las incompatibilidades entre el mandato legislativo y los cargos de gerente, apoderado, gestor o abogado de empresas extranjeras o nacionales que tengan contratos con el Estado, exploten fuentes nacionales de producción o administren rentas o servicios públicos…”

Palabras, palabras menos, la Constitución de 1979 decía lo mismo pero agregó como un último párrafo lo siguiente: “Así mismo hay incompatibilidad con cargos similares (a los de gerente, apoderado accionista mayoritario) en empresas que, durante el mandato del Representante, obtengan concesiones del Estado”.

La Constitución del 93 continuó la tradición pero puso una pequeña trampita. Puedes dedicarte a la política sin abandonar tus negocios ni tus actividades privadas siempre y cuando lo hagas “en las horas que no funciona el Congreso”. Desde entonces todo ha quedado en una zona gris que se presta a la sospecha y vuelve al funcionario vulnerable. Está claro que a Carmen Omonte no le alcanza la incompatibilidad constitucional. Pero se ha puesto en entredicho su actividad pública porque el sistema tal como está lo permite y lo alimenta.

En el siglo XIX la democracia en el Perú era censitaria. Para hacer política tenías que gozar de una renta fija anual. Era obvio entonces que las incompatibilidades apuntaban a que el parlamentario lo sea a tiempo completo y que se dedicara de lleno a la política. Y sino aquí algunos nombres para el recuerdo: Javier Diez Canseco, Ramiro Prialé, Armando Villanueva, Javier Bedoya, Roberto Ramírez del Villar y tantos otros, de derechas y de izquierdas.

Con la desaparición de un sistema de partidos esta actividad al logro del bien común se ha visto plagada de aventureros ocasionales. Se ha perdido el sentido de entender la política como actividad que debe ser llevada con profesionalismo, ya que se trata de una tarea que requiere formación, capacitación y experiencia. ¿Cuantos de los que hoy deciden sobre la re pública llevan por lo menos 10 años haciendo política? Deben ser pocos.

Carlos Mesia


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