Quizá perdón... nunca olvido

Dos historias llenas de dolor que se conjugaron en un crimen: la violación y asesinato de Alenda O.C. (8) el 26 de mayo en su vivienda miraflorina. La historia tiene nuevos senderos. Samuel Frías Sánchez (24), el asesino capturado el viernes por personal de Homicidios de la Dirincri: un joven con tormentoso pasado y presente enfermizo. La otra historia envuelve a la madre de la niña, Mary Ann Cockman, sudafricana ex burrier, marcada por tragedias y que niega conocer al asesino, pero quiere estar cara a cara con él, para intentar perdonarlo.

| 08 junio 2008 12:06 AM | Policial | 2k Lecturas
Quizá perdón nunca olvido
Investigaciones continúan en el crimen de niña sudafricana.
Dos historias de sufrimiento y una niña muerta. El violador Samuel Frías jura que fue amante de la madre de Alenda. Ella lo niega, pero quiere verlo.
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“El perfil psicológico de Frías, el asesino de Alenda, demuestra que es un pervertido sexual, que suele llorar y ponerse violento”, afirma el general Walter Rivera, director de la Dirincri, quien cuenta que el capturado ya había fugado de albergues donde se le intentó ayudar. Sufrió de chico. Sus padres lo ­obligaban a robar y lo abandonaron. Frías fue acogido por Armando Cueto, coronel FAP (r), quien le enseñó gastronomía, inglés y karate. Sin embargo, nunca dejó de comportarse raro, solía manosear descaradamente a toda chica que veía.

Según interrogatorios, el motivo de su enfermedad sexual se debe a que, de niño, fue testigo de cómo violaban y mataban a su tía. Nunca olvidó los gritos desgarradores.

Las investigaciones del crimen de Alenda siguen. Se dice que el asesino solía dormir en casa de su víctima y de una vecina. Frías aseguró que fue pareja de la madre y por eso conocía a la niña. Fuentes policiales revelan que Mary Ann lo mantenía.

Tragedia familiar
Mary Ann habló con LA PRIMERA, continuó negando su relación con el asesino. “Lo conozco de vista, visitaba a los vecinos y me dio el pésame”, nos dijo. Sin embargo, aún está siendo investigada en la Dirincri. A las autoridades les es extraño que quiera confrontar al criminal sólo para perdonarlo. “El violador dice que fue su amante. Si es cierto, Cockman debe colaborar”, sostiene Rivera.

“Cuando lo perdone estaré tranquila”, dice Mary Ann, quien nos contó parte de su vida llena de golpes. Llegó de Sudáfrica en 1999 y una mala decisión la condenó a ser recluida en el penal Santa Mónica al querer llevar a Europa tres kilos de cocaína.

En esa cárcel nació Alenda, el 2 de febrero del 2000. Y en el 2005 dejaron el penal para rehacer sus vidas. Mary Ann ha sufrido mucho. Sus padres y hermanos murieron por la violencia política en Sudáfrica, y ella se hizo cargo de sus hijos y sobrinos. Sobre su niña, relató que “justo el domingo antes que muera estábamos conversando y me preguntó: ¿Mamá, que piensas para mí en el futuro? No respondí, y nunca pensé que sería la última conversación con mi hija”. Por ­ahora, son otro tipo de preguntas las que no la dejan en paz.

Patricia Chumo
Gianfranco Gonzales
Redacción


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