“Jamás olvidaremos el horror en Tarata”

Una llamada anónima desató toda una maquinaria de alertas y pánico en el corazón de Miraflores: una bomba podría estallar en cualquier momento. LA PRIMERA estuvo en el lugar del supuesto ataque y comprobó que a casi veinte años del atentado que destruyó varios edificios y causó 25 muertes, este trauma sigue latente. Afortunadamente, todo quedó en un poco de miedo.

| 13 setiembre 2011 12:09 AM | Policial | 2.9k Lecturas
Por varias horas, miraflorinos revivieron pánico de ataque senderista. Al final se descartó amenaza.
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La historia parecía repetirse ayer para dos comerciantes sobrevivientes del atentado de la calle Tarata en Miraflores, perpetrado hace 19 años, cuando un vehículo Volkswagen tipo combi repleto del explosivo anfo, ingresó por dicha vía y explosionó matando a varias personas, causando cuantiosos daños materiales y generando una herida difícil de cerrar entre los peruanos.

La alarma de una bomba que presuntamente fue puesta en el edificio ubicado en el cruce de la avenida Larco y la calle Tarata, que amenazaba a la agencia de un banco y al resto de inquilinos del inmueble hizo revivir viejas heridas a las dos sobrevivientes del brutal ataque senderista de hace casi dos décadas.

Esa misma sensación de miedo y temor vivieron Miriam Sánchez (44) y Carmen Rosa Falera Álvarez (52) cuando al llegar en la mañana de ayer vieron cómo nuevamente gran cantidad de policías rodeaba la zona y uno de sus amigos le decía “Coche bomba, han cercado todo”.

Esa frase la hizo temblar y su memoria retrocedió hasta el 15 de julio de 1992. Esa fecha a las 8 y 55 de la noche la combi ingresó por Tarata con dirección a la calle Alcanfores mientras ella guardaba su mercadería, después explosionó.

“Mira cómo estoy temblando. No sabes lo que sentí cuando me dijeron lo de la bomba. Yo sé lo que es esto y no resistiría otra. Ese 15 de julio estaba en este mismo lugar, sola, mis hijas se quedaron en casa de mi suegra. Antes del coche bomba hubo apagón y segundos después vi cómo la combi se acercaba hasta que estalló. Mi cuerpo apareció veinte metros más adelante hasta caer en el pavimento”, relató.

Producto de ese atentado, Miriam estuvo en rehabilitación por tres años, pero hasta ahora sufre de convulsiones. “Tuve que vender todas mis cosas para poder sanar mis heridas pero los golpes y la ansiedad siguen. Ese día nosotras vimos el vehículo estacionado pero no pensamos que allí estaba la bomba. La Policía deberá buscar por todos lados hasta estar segura que no hay bombas”, dijo doña Miriam.

A su lado estaba su amiga Carmen Rosa, quien tampoco olvida y sintió otra vez el miedo de un atentado. “Todo era llanto y gritos de todas las personas, había fuego, sangre, muertos”, afirma.

El puesto de la señora Carmen se ubica dos metros antes de la avenida Larco en la avenida Tarata. Hace 19 años ella cruzó la avenida Larco y cuidó por unos momentos la puerta del banco Industrial que estaba donde funciona ahora el banco Scotiabank. Estando allí vio a dos personas dentro de la combi y cuando ella les dijo que se vayan a una cochera, los terroristas arrancaron. “Yo vi cómo se fueron directamente por la avenida Tarata hasta que escuché los disparos y los gritos de “coche bomba”, “coche bomba”, luego todo quedó en escombros.


Alejandro Arteaga
Redacción

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