Empleado de aseo asesinó a religioso

Las pesquisas del personal de Homicidios de la Dirincri sobre el asesinato del padre Linán Ruiz Morales (80) y su enfermero Ananías Águila apuntan ahora a que el homicida sería un empleado de la iglesia que se encargaba de la limpieza del recinto, cuya identidad se guarda en absoluta reserva. Hasta el cierre la policía continuaba con la intensa búsqueda del presunto asesino y no se descartó tampoco que éste haya contado con la ayuda de un cómplice.

Por Diario La Primera | 01 set 2010 |    
Empleado de aseo asesinó a religioso
Investigaciones apuntan a empleado que hacía limpieza en iglesia.
Pesquisas policiales apuntan a trabajador de iglesia. Personal del convento es interrogado por la Dirincri.

Más datos

DETALLE

La Fiscalía prohibió la repatriación de los restos del cura puertorriqueño, mientras que duren las investigaciones en torno al caso. Además, el Ministerio Público ordenó el traslado del cadáver del cura Joel Linán Ruiz Morales a una cámara especial de conservación.

Sobre las versiones que apuntaban a que serían tres los que ultimaron a Linán y Águila, fuentes policiales descartaron que sea cierto. “Es falso que sean tres personas las implicadas en el crimen del cura y su ayudante. Sólo tenemos pruebas que se trata de una que trabajaba como empleado de limpieza y que posiblemente haya recibido ayuda de otro individuo”, indicó.

Más interrogatorios
Se supo también que la División de Homicidios de la Dirincri interrogó ayer a los demás empleados del convento, Luis Ortiz Romero, Richard Salazar y Carlos Arana Fernández, para que den sus versiones de los hechos, así como para ser sometidos a las pruebas de criminalística y verificar la participación que pudieron tener, o no, en el crimen.

De acuerdo a los policías a cargo de la investigación, el móvil de un crimen pasional habría perdido fuerza tras las pistas halladas y la pericia a los rastros en la escena del crimen, por lo que ahora se baraja la hipótesis que el asesinato habría obedecido a intereses de robo.

El cura Anselmo Díaz Rodríguez, quien también era ocupante de los recintos de la iglesia San Francisco, fue citado ayer para ser interrogado, y se supo que una de las siete huellas dactilares halladas en la escena del crimen le pertenecen.


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