Crimen sin castigo

En momentos en que, según la versión policial, la suboficial Marilyn Díaz Díaz es acusada de haber hecho el disparo que mató al comandante Álex Arteaga en el Callao, Amalia Salazar Córdova denunció ante LA PRIMERA el olvido de su caso, la muerte de su hijo César Osco Salazar (22), cadete muerto en 2007 cuando brindaba servicio en la Escuela Técnica de la Policía de Charcani-Arequipa. “Un mal manejo de un arma acabó con su sueño de ser policía y con su vida”, afirma Amalia, quien continúa exigiendo justicia, pues el compañero de César, al que se le escapó el disparo mortal, nunca recibió sanción alguna e incluso sigue en la policía. Un caso más estancado en los juzgados.

Por Diario La Primera | 18 ene 2009 |    
Crimen sin castigo
Familiares esperan hallar responsables.
Muerte de cadete en escuela policial de Arequipa no tiene responsable. Presunto acusado aún sirve en la institución.

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DETALLE

Amalia Salazar Córdova se encuentra delicada de salud, no cuenta con un trabajo, tiene que ser el sustento de su menor hijo, pese a que no logra superar el hecho de haber perdido al mayor, el cual soñaba ver convertido en policía. Según sus familiares, Amalia no tiene recursos para seguir un proceso judicial y espera el apoyo de alguna institución defensora de los derechos humanos.

Según Amalia, César era alumno de primer año de dicha escuela y murió cuando dormía en su cama, al impactarle en la región molar derecha una bala salida de un arma AKM que manipulaba su compañero Julio Tito Quispe. Dicho incidente se produjo el 1 de noviembre de 2007 en un dormitorio de los alumnos. Su madre cuenta que ambos estaban de servicio aquel feriado. César descansaba y su compañero estaba en la cama contigua.

Tito estaba retirando uno a uno los proyectiles. “Eso es imprudente en una habitación”, señala la dolida madre, quien recuerda que una de las balas se trabó y luego se disparó, impactándole a su hijo. El tiro le destrozó el rostro y lo mató en el acto.

En un inicio, los superiores de la escuela explicaron que pudo tratarse de un suicidio, motivando incluso a que la madre pensara que fueron ellos quienes lo mandaron matar. Su hijo le había contado del constante maltrato recibido y las sospechas crecieron.

Comparecencia
A un año y tres meses de la muerte de César, la indignación de Amalia fue mayor cuando hizo la denuncia por homicidio culposo contra Tito Quispe en la Quinta Fiscalía Provincial Penal. Asegura que el juez Yuri Zegarra Calderón sólo dictó un mandato de comparecencia para el acusado. “¿Acaso ese es el valor de una vida? Por más que pertenezca a una institución policial no es justo que no haya sanción. Y aún continúa sirviendo a la policía pese al crimen”, dice Amalia, delicada de salud.

Ella comentó que no ha percibido ninguna reparación por haber perdido a su hijo por una negligencia dentro de la escuela policial. Sólo siente indiferencia por parte de las autoridades.

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