Asesino por celos

Los habitantes del asentamiento humano ‘Horacio Zevallos’ en el sector de Flor de Amancaes en el Rímac no salen de la conmoción luego del cruel crimen pasional cometido por el obrero Ronald Rojas Reyes (43), quien victimó a su esposa Lucía Celadita Ripa (42). Ahora, tanto familiares y vecinos piden que apoyo para los hijos menores, quienes quedaron huérfanos en medio de la desgracia y la pobreza en la que viven.

Por Diario La Primera | 28 ago 2008 |    
Asesino por celos
(1) Cinco quedaron huérfanos, tres de ellos menores de edad quienes aún no creen lo que pasó. (2) Familiares señalan el lugar donde el obrero estranguló a su mujer.
Conmoción en el Rímac por crimen de obrero que estranguló a su mujer y luego se mató. Familiares piden ayuda para menores huérfanos.

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¿Quiso matarla antes?

Según Alejandrina y Bertha, hermanas de la difunta, Lucía había sido operada de la vesícula meses antes y por ello las peleas habían bajado en intensidad. “Antes la golpeaba”, dicen. Sin embargo, cuando la llevaron al hospital Cayetano Heredia a raíz de los dolores estomacales, el médico le dijo que al parecer había ingerido veneno. “Su muerte comprueba que antes su esposo la había querido matar”, acusan.

La menor de los cinco hermanos, Rocío, de 9 años, aún no puede creer lo que sucede en su hogar donde hay un altar con la ropa de sus difuntos padres. Sólo llora mientras sus hermanos mayores buscan ‘cachuelos’ para darle cristiana sepultura a sus progenitores. Los familiares indican que Lucía era la organizadora del comedor popular del Partido Aprista en el asentamiento y esperan que las autoridades políticas los ayuden.

Celos que matan
El último martes, Ronald discutió con su mujer. En su mente siempre rondó la idea que le era infiel. No era la primera vez que peleaban, pues cuentan los vecinos que él siempre andaba con esos “celos obsesivos” dispuesto a pelear con su esposa e incluso le bromeaban: “¿Por qué no amarras a tu esposa a tu lado?”. Nunca se imaginaron que iba a ocurrir un hecho tan trágico.

Según los familiares de Lucía, ella se había separado de Rojas hace más de un año. Vivía en casa de su hija mayor Carmen (23) cerca al hogar de su esposo y sólo acudía a visitarlo con el objetivo de cocinar y ayudar en el aseo para que sus tres menores hijos Richard (16), Rosa (12) y Rocío vivan tranquilos. Ese martes, ella los visitó a primera hora. A lo largo del día, discutieron. El motivo era el mismo: celos.

Tras la pelea, Rojas la asesinó utilizando dos chalinas para estrangularla. Luego, la escondió debajo de la cama donde solían dormir juntos desde hace 12 años cuando llegaron a vivir en la Mz. H Lt. 2 de dicho asentamiento. Tras el crimen, el asesino huyó a las alturas del cerro aledaño para suicidarse ingiriendo raticida disuelto en gaseosa.

Asesino dejó carta
La hermana del asesino, Claudia Rojas, vive a unos metros del hogar donde ocurrió el crimen y sostuvo que ella escuchó los gritos de la hija mayor, Carmen: “Mi mamá está muerta”. Entonces acudió a ayudar a su sobrina. Fue ahí cuando, al promediar las 3 de la tarde del martes, la encontraron debajo de la cama.

El padre escapó con intención de matarse. Su hijo Richard lo vio y lo quiso seguir, pero sus familiares lo detuvieron por temor a que su padre también lo ataque como a su madre. El asesino dejó una carta en la que indicaba el terrible homicidio. “Mato a mi esposa porque me ha engañado con un amigo y decido acabar con mi vida para que mis menores hijos no sigan sufriendo”, dice la carta en la que además sostiene que “encarga a la segunda de sus hijas, Juana (22), a sus menores hijas Rocío y Rosa porque no confía más en Carmen quien siempre estuvo al lado de su madre”. Ronald, además, quemó todas las fotos de su esposa y de su familia. Ya no confiaba en nadie.

Gianfranco Gonzales F.
Redacción


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