Un Papa rodeado por fariseos

Luego que el vocero del Vaticano confirmara que el estado de salud de Benedicto XVI no fue determinante para su renuncia al papado, muchos observadores apuntaron que el escándalo de los ‘Vatileaks’ pudo ser determinante para su alejamiento.

| 13 febrero 2013 12:02 AM | Mundo | 1.3k Lecturas
Un Papa rodeado por fariseos
Se especula que las filtraciones de los “Vatileaks” fueron para proteger a Ratzinger de la corrupción.
Los escándalos de corrupción en el Vaticano mancharon el último año de gobierno de Ratzinger.

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Benedicto XVI escogió el 11 de febrero como fecha de anuncio de su dimisión para comunicárselo personalmente al mayor número de cardenales posible, por ser el día de la canonización de algunos nuevos santos. Antes había perdonado a su mayordomo condenado por difundir los documentos confidenciales.
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El escándalo se inició el 25 de enero de 2012 cuando aparece el primer documento confidencial de la Santa Sede en un programa de la televisión italiana. La publicación de informes reservados y cartas destinadas al Pontífice, generaron un clima de tensión en la curia romana.

Uno de los hombres clave de esa difusión fue su mayordomo, Paolo Gabriele, arrestado el 23 de mayo por robar los papeles de Benedicto XVI. Desde el primer momento se explicó la revelación como una lucha por el poder en la curia. Y los propios ‘topos’ llegaron a decir que las filtraciones no buscaban dañar al Papa, sino protegerlo, a él y a la Iglesia, de la corrupción existente dentro de la Santa Sede.

El ‘Vatileaks’ comenzó con la difusión de una carta enviada a Benedicto XVI por el arzobispo italiano Carlo María Viganò, en la que denunciaba la “corrupción, prevaricación y mala gestión” en la administración vaticana. Viganò había ocupado la Secretaría General de la Gobernación del Vaticano y pasó a la nunciatura apostólica en EE.UU. luego de ser defenestrado tras investigar los malos manejos. Él afirmó que los acusados por él lo calumniaron frente al Secretario de Estado, Tarcisio Bertone.

Desde entonces, las filtraciones no cesaron. El 9 de febrero, el diario Il Fatto Quotidiano tituló en su portada: ‘Complot contra el Papa, antes de 12 meses morirá’. La noticia estaba basada en un documento auténtico, aunque la credibilidad de su contenido resulta dudosa. El cardenal Paolo Romeo, arzobispo de Palermo, había hablado de la existencia de un plan para asesinar a Benedicto XVI.

Sus interlocutores hicieron llegar un informe al respecto al cardenal colombiano Darío Castrillón Hoyos, presidente emérito de la Pontificia Comisión Ecclesia Dei, quien, a su vez, lo presentó a la Secretaría de Estado como al secretario personal del Papa, monseñor Georg Gänsewin, para que investigaran el tema.

En el documento también se daba el nombre del cardenal de Milán, Angelo Scola, como el sucesor elegido por Benedicto XVI para guiar la Iglesia Católica tras su muerte. El Vaticano reaccionó a las filtraciones ordenando una doble investigación y creando una comisión formada por tres cardenales para aclarar lo sucedido. Al purpurado español Julián Herranz le correspondió la presidencia de ese organismo.

Benedicto XVI se sintió conmovido por la situación: “Lo sucedido ha entristecido mi corazón”. Y lamentó que se haya ofrecido una imagen de la Santa Sede “que no se corresponde con la realidad”. Una de las hipótesis que con más fuerza circuló en Roma es que el objetivo ‘de las filtraciones era tumbar a la mano derecha del Papa, Tarcisio Bertone. El nombramiento de ese teólogo y experto en derecho canónico para encabezar la burocracia vaticana, conocida como la Curia, causó mucho recelo. A él se le acusó de autoritario, de bloquear el acceso al Papa, de intervenir en la política italiana y de ocuparse muy poco de la Curia.


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