Tomás Borge: sus primeros 80 heroicos

Muchos, entre ellos el que esto escribe, creen que no existen las casualidades. Tomás Borge nació el mismo día de Fidel Castro, y esto no deja de ser simbólico, pues la misma senda de heroísmo y de entrega a las luchas populares del autor de “La Historia me absolverá” , las ofrece Tomás Borge, comandante de la Revolución Sandinista, y el único sobreviviente de la fundación, en 1961, del paradigmático FSLN –junto con Carlos Fonseca Amador- movimiento que condujo la gesta emancipadora de su patria, y que, el 19 de julio de 1979, defenestró al dictador Anastasio Somoza.

Por Diario La Primera | 18 ago 2010 |    
Opinión

Borge, para conducir su labor de revolucionario, no sólo hizo gala de su coraje y denuedo singulares –los que le permitieron sobrellevar el haber estado condenado a muerte más de una vez por la satrapía somocista- sino que, fuerza sui géneris, en él se halla su alma y ejecutoria de poeta, de pensador, de intelectual que, igual, podía tener un arma en la mano, como un libro de versos o uno de ensayos o una novela.

Los que lo conocemos y leemos, no podemos dejar de admirar la enjundia de su prosa narrativa, la riquísima y entrañable tesitura de sus metáforas, y la aguda penetración de su ensayística.

Ahora mismo –y esto tampoco es una casualidad- en mi biblioteca dos preseas, dos obras suyas, nimban mi universo intelectual: Un grano de maíz (Conversando con Fidel), edición peruana realizada para conmemorar el XXX Aniversario del triunfo de la Revolución Popular Sandinista; y libro del que dijera el querido Comandante bolivariano Hugo Chávez, que fue su libro de cabecera en la cárcel.

Y, asimismo, la edición, corregida, disminuida y aumentada de La paciente impaciencia, Premio Casa de las Américas 1989, sugerente testimonio autobiográfico del combatiente sandinista y enjundioso escritor. Volumen que, según Mario Benedetti, es “una apasionante amalgama de precisión testimonial y calidad literaria”; y, al decir de Horacio Verbitsky: “No se trata de un manual, sino de una historia de amor”, en la que, según el Jurado del reputado Premio Internacional de Literatura de la Casa de las Américas, de Cuba, “destaca la excepcional calidad del texto, que revela la capacidad narrativa del autor y su aliento poético”. Tomás en todas las ocasiones en las que hemos tenido la suerte de compartir con él, una ha sido su palabra, su clamor: la unidad de las fuerzas de izquierda, tendente a la toma del poder. Por ello el clamor y el grito más importante de su encendida garganta es el que reclama la unidad. La división es sinónimo de debilitamiento frente al enemigo de clase. Y fue lo que ha hecho fracasar a tantos movimientos. Férvido defensor del Frente Sandinista, que ha vuelto al Gobierno de Nicaragua, él sabe que su patria está eslabonada en la cada vez más creciente ola que forma parte de esa gran humanidad que ha dicho basta y que no cesará hasta lograr, para todos los pueblos, su Segunda y Definitiva Independencia.

Por la que han luchado Sandino, Mariátegui, el Che, Fidel y él mismo.


Por: WINSTON ORRILLO
(*) Celebre poeta y escritor peruano.

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