Ratzinger silenció a la Teología de la Liberación

El teólogo Leonardo Boff, uno de los fundadores de la Teología de la Liberación, junto con el sacerdote peruano Gustavo Gutiérrez, fue condenado en 1985 a permanecer en cura de silencio por promover una Iglesia ligada al destino de los pobres.

| 15 febrero 2013 12:02 AM | Mundo | 2.4k Lecturas
Ratzinger silenció a la Teología de la Liberación
Leonardo Boff fue una víctima de Ratzinger cuando era prefecto de la Doctrina de la Fe.
El prefecto de la Congregación de la Doctrina de la Fe castigó al teólogo Leonardo Boff
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El responsable de la sanción fue el prefecto de la Sagrada Congregación de la Doctrina de la Fe, el alemán Joseph Ratzinger, quien se encargó de conducir el proceso contra el autor del libro Iglesia: Carisma y Poder. El teólogo fue condenado al silencio y destituido de sus funciones editoriales y académicas.

Tras esa sanción, Boff estuvo a punto de ser castigado nuevamente en 1992, para evitar que participe en el Eco-92 de Río de Janeiro, lo que finalmente le movió a dejar la orden franciscana, y el ministerio presbiteral. Años después, convertido en Papa, Ratzinger, exprefecto de la congregación, acusaría a la Teología de la Liberación de ser un “fácil milenarismo, que creyó mejorar las condiciones de vida con la revolución” y dijo que el milenarismo es la herejía que creía en el advenimiento de “un reino terreno de paz y justicia perfectas que duraría mil años”.

MIEDO
Al describir a su viejo rival, Boff lo calificó como un hombre con mucho temor a las ideas ajenas. “Tiene mucho miedo. Tendría que creer más en el espíritu que en las tradiciones y doctrinas. Durante sus épocas a cargo de la Congregación de la Doctrina de la Fe, Ratzinger condenó a más de cien teólogos. Nunca comprendió la Teología de la Liberación, sometió a su control a muchas conferencias episcopales”, refirió.

Boff dijo que intentó convencer sin éxito al entonces prefecto de la necesidad de que la Iglesia se ocupase de los desamparados. “Pero todo fue en vano. No ha cambiado, sino que está peor”, sentenció. Para Boff, el Papa era rehén de una visión conservadora y reaccionaria del cristianismo, lo que le impidió efectuar reformas fundamentales.

“Creo que Ratzinger tiene una limitación: que no tiene ninguna duda, y los que no tienen dudas no están abiertos al diálogo y tienen dificultad de aprender. No basta con tener convicciones muy seguras y la impresión de tener el monopolio de la verdad, porque eso puede conducir a una actitud fundamentalista”, explicó.

Boff asegura que al exPapa le faltó perspectiva del diálogo, de aprender, de construir juntos. A su modo de entender, la Iglesia necesita libertad, creatividad, para cumplir mejor su tarea.

Boff también fue muy crítico con el manejo de la Iglesia de los casos de abuso sexual registrados en varios países. Según sus palabras, la jerarquía católica intentó esconder los hechos para no perder credibilidad. “Esta actitud es falsa y farisea. La pedofilia es un crimen que debe ser llevado ante los tribunales”, dijo.

Pero Boff no solo fue un crítico de Ratzinger. Señaló que para ser honesto, había que decir que se trata de una persona extremadamente elegante, cortés, sumamente inteligente, un teólogo muy erudito, que maneja toda la tradición de la teología. Una persona con un pensamiento extremadamente cartesiano, con ideas claras y distintas.

Pero, añadió, no tiene cordialidad en el pensamiento. No es un pensamiento de la complejidad, es un pensamiento que no tiene dudas. Y es peligroso no tener dudas.

Con relación a la renuncia del Papa no se mostró sorprendido, pues Benedicto XVI había reconocido que “sentía los límites de su naturaleza” físicos y psicológicos, apuntando hacia una eventual renuncia. A su favor, Boff destacó que Ratzinger tiene un sentido de servicio que otros papas no tuvieron, y al sentir que no podía cumplir su tarea decidió renunciar.

SENSIBILIDAD
Inteligente, fino en el trato, de gran sensibilidad para con los estudiantes pobres de Latinoamérica, con quienes dividía su salario de profesor. Así es como Boff describe el lado humano de Ratzinger, una personalidad que contrasta con su comportamiento como Papa: poderoso y autoritario, autor de una atmósfera de miedo y control.


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