La revolución traicionada

Libertad, dignidad, justicia, las proclamas que reivindicaban los manifestantes que derrocaron a Hosni Mubarak, se desvanecieron en Egipto para dar paso a una amarga realidad: los nuevos faraones surgirán de alguna de las dos fuerzas reaccionarias del valle del Nilo, los militares o los islamistas.

| 18 junio 2012 12:06 AM | Mundo |  801 
La revolución traicionada
El ejército ha mostrado celosa y abierta participación en los comicios egipcios.
Elecciones inciertas en Egipto en medio de una mayor presencia política del Ejército.

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MARWAN ADEL

“El Ejército siempre tendrá la plaza Tahrir frente a él”, dijo Marwan Adel, un profesor desde la plaza emblemática de la protesta. La disolución del Parlamento, levanta de nuevo el temor de que los generales se aferren al poder a cualquier precio. Y ese intento enciende la llama revolucionaria de los que desalojaron a Mubarak.
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En la segunda vuelta de las elecciones, los egipcios debieron escoger entre Ahmed Shafiq, ex primer ministro de Mubarak y candidato de la Junta Militar; y Mohamed Mursi, de los Hermanos Musulmanes. Gane quien gane, Shafiq o Mursi, lo seguro es que no impulsará los objetivos de la revolución democrática, sino una regresión hacia la primacía del orden o la fe musulmana.

La contrarrevolución comenzó al día siguiente de la caída de Mubarak cuando los manifestantes abandonaron la plaza Tahrir y confiaron en la promesa democrática de la Junta Militar que lo reemplazó. Esa Junta asumió elpoder Ejecutivo y se dedicó a enviar a prisión a miles de opositores laicos y demócratas.

CONVOCÓ ELECCIONES
En paralelo, convocó elecciones legislativas y presidenciales sin que existiera una nueva Constitución democrática. Mientras seguían en sus puestos los militares, los policías, los jueces y los empresarios del régimen, los Hermanos Musulmanes capitalizaban en las urnas de las legislativas su prestigio de gente honesta y benefactora de los pobres.

Tras esos comicios, hubo un momento en que parecía que militares e islamistas podían entenderse para marginar a los revolucionarios de Tahrir y repartirse el poder. Pero no fue así. Olvidando sus promesas de no presentar candidatos, la Junta Militar y los Hermanos Musulmanes colocaron a sus peones, Shafiq y Mursi. Esos dos ganaron la primera ronda porque el voto de laicos, demócratas, socialdemócratas e islamistas de nuevo cuño, se repartió entre otros candidatos.

Antes de la segunda vuelta, un tribunal de la era de Mubarak disolvió el Parlamento, donde los Hermanos Musulmanes y salafistas eran mayoritarios y le regaló el Legislativo a la Junta Militar.

Ayer, tras el cierre de las urnas, el Ejército emitió un comunicado en el que promulgaba nuevas disposiciones constitucionales, que definirán el papel del jefe del Estado. Ahora los militares asumen el Legislativo en virtud de estas disposiciones.

Pero a 16 meses de la revuelta contra el presidente Hosni Mubarak, los militantes de la plaza Tahrir, en el centro de El Cairo, advirtieron al Ejército que están listos para retomar la revuelta que derrocó al mandatario.

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