“La Iglesia se quedó 200 años”

El testamento espiritual del cardenal Carlo María Martini, el último líder progresista de la Iglesia Católica, muerto el viernes a los 85 años, causó conmoción en El Vaticano. “La Iglesia necesita una transformación radical, empezando con el Papa y sus obispos”, dijo.

Por Diario La Primera | 03 setiembre 2012 |  1.9k 
La iglesia necesita una transformación radical.
El legado del último líder progresista de la Iglesia Católica conmueve al Vaticano
1999  

Las declaraciones publicadas por el Corriere della Sera generaron polémica en toda Italia. “La Iglesia se ha quedado atrás 200 años ¿Cómo no se conmueve? La Iglesia está cansada. Nuestra cultura ha envejecido, nuestras iglesias son grandes, nuestras casas religiosas están vacías y el aparato burocrático de la Iglesia levita. Nuestros ritos y nuestros hábitos son pomposos”, indicó.

La muerte de Martini –arzobispo de Milán, la diócesis más grande del mundo, causó una enorme conmoción en Italia. En la catedral, el Duomo de Milán, miles de personas desfilan día y noche, frente al cuerpo del cardenal. Afuera miles de fieles rezan y afirman: “El nos protegerá desde el cielo”.

Los medios especulan que el Papa Joseph Ratzinger, el líder de los conservadores, acudirá a darle el último saludo hoy, día de las exequias. “Sería un gesto simbólico por la unidad de la Iglesia”, afirmó el director del Corriere, Ferrucio de Bórtoli.

Martini murió el viernes luego de rechazar el tratamiento terapéutico para mantenerlo con vida, abriendo otro debate en torno a la eutanasia, tema en el que el Vaticano mantiene una posición hostil. Ya Martini había conmovido al mundo católico en 1999 cuando en un Sínodo Mundial de Obispos convocado por Juan Pablo II, evocó “el sueño de una Iglesia joven” y propuso la realización de un nuevo Concilio para discutir problemas como la posición de la mujer en la sociedad y en la Iglesia, la cuestión de la sexualidad, la participación de los laicos y la disciplina católica del matrimonio.

En la que resultó su reflexión final, el cardenal Martini recordó que “los sacramentos no son un instrumento de disciplina” y defendió utilizarlos para “dar nueva fuerza a quienes los necesitan”. En particular a los católicos divorciados y vueltos a casar. Y dijo que un cambio de la Iglesia será crucial para atraer a las nuevas generaciones.

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