Indignados y especie humana

En los últimos meses los medios han informado sobre expresiones populares de indinación pública en las principales ciudades del mundo “desarrollado” : los “indignados”.

| 28 octubre 2011 12:10 AM | Mundo | 458 Lecturas
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Esas manifestaciones han dado vuelta el mundo.

Nosotros, ciudadanos del “mundo en desarrollo”, hemos presenciado en nuestras tierras manifestaciones de esa naturaleza, mucho menos publicitadas.

¿Qué tienen en común esas expresiones de descontento y rebeldía? La noción de que detrás de los “ajustes” sobrevive un planeta agobiado por los excesos de nuestra civilización, y una humanidad transformada en mercado de bienes y servicios, afectada a nivel público por corrupción e impunidad.

En ese mercado la equidad distributiva –acceso a una calidad de vida promedio según cánones actuales, a la educación y al desarrollo individual- brilla por su ausencia.

El informe del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo afirma que la globalización económica está creando una peligrosa polarización de multimillonarios y marginados.

A partir de un diagnóstico de situación como éste, la justa “indignación” debe tomar carriles constructivos, propositivos.



INERCIAS BIOLÓGICAS y

PRESIONES CULTURALES

De acuerdo a estudios paleoantropológicos, nuestra especie tendría, a lo sumo, una edad de unos doscientos mil años.

En esta trama de larga data, la fijación de ciertos caracteres biológicos requiere de tiempos que exceden largamente el tiempo individual. Es decir, nuestro genotipo no tiene un origen reciente, contemporáneo, sino –digamos– “ancestral” (sujeto a variantes epigenéticas).

Si meditamos un instante acerca de la velocidad de nuestro desarrollo cultural, científico y tecnológico, ella aparece montada en una especie genéticamente conformada hará unos doscientos mil años.

Lidiar con la íntima colisión de ambos procesos –el biológico “ancestral” y el cultural “actual”– es parte fundamental del desafío que debemos afrontar, y al cual individuos y comunidades responden de diversa manera.

Esta fricción continua de “placas tectónicas” que llevamos dentro, constituyen la matriz de nuestros logros y desaciertos, de nuestra creatividad y también de nuestras tendencias guerreras y pacifistas, solidarias o egoístas, cuya expresión está sujeta a las circunstancias de nuestro desarrollo individual.


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