Encuentro fraterno y solidario

Por fin, abandoné Barcelona y viajé en tren a París. Ya en territorio francés, caminé hacia el vagón restaurante para pedir alguna bebida y leer un rato. Tenía delante a un español que solicitaba a la cajera una cerveza, pero, por favor, la más barata. La francesa fingía no entender.

| 27 enero 2013 12:01 AM | Mundo | 661 Lecturas
A PARÍS
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Cuando llegué hasta la caja, le hablé en francés a la mujer y le pedí discretamente que le entregara al señor una buena cerveza y que fingiera que era un obsequio del tren. Por supuesto, se la pagué yo junto con la que también pedí para mí.

Un rato después, el español interrumpió mi lectura para decirme: “Muchas gracias, pero no me la he creído. Quiero invitarte esto…”

Partió el bocadillo de patatas que llevaba y me dio una de las mitades… El hombre iba a Toulousse donde una tía monja le había conseguido un trabajo como jardinero del convento. Toda su propiedad en el universo era ese bocadillo. Nadie me ha obsequiado, como este español, la mitad de su fortuna. Y la mayoría de los que conozco se le parecen.


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