Cuando partir es la única salida: el drama de los refugiados sirios

Imagine que una noche el ruido de continuas explosiones lo despiertan. Imagine que a la mañana siguiente cuando despunta el alba sale a la calle y no quedan más que ruinas de la cómoda calle donde se ubicaba su casa. Imagine que se da la vuelta y hacia usted se aproxima el ser amado más querido que tiene pero que no llega a sus brazos porque una bala lo impacta y le quita la vida.

| 28 febrero 2017 08:02 AM | Mundo | 2.1k Lecturas
Cuando partir es la única salida: el drama de los refugiados sirios
Cuando partir es la única salida: el drama de los refugiados sirios
Por: Alan Cachay
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Imagine que hombres armados van tras usted. Imagine esa horrible mañana donde ha sido desposeído de todo cuanto tiene, de todo cuanto ama, y tiene que partir: tiene que huir para sobrevivir.

El escenario descrito bien podría ser la introducción de una novela distópica del género de Los Juegos del Hambre pero no es así. El contexto plasmado es una síntesis aterradora de la realidad que muchos ciudadanos sirios experimentaron y que los ha arrancado de su patria condenándolos a un peregrinaje de miles de kilómetros que ha llevado a algunos de ellos a gozar del estatus de refugiados en ciertos países de Europa y a otros a los ha sumergido en la angustiante situación de desplazados.

La semántica del éxodo

Definiciones y conceptos. Un inmigrante es la persona que huye de su país y se dirige a otro a causa de una guerra o de una persecución política. El caso de los sirios encaja en su gran mayoría - salvo contadas excepciones- en la primera categoría pues es el caos bélico que el Estado Islámico ha instalado en su tierra el motivo del éxodo. Cada inmigrante de este masivo escape busca llegar a un país de Europa para instalarse permanentemente y, cuando logran este objetivo, abandonan el estatus de inmigrante y adquieren el de refugiado. Conseguir este propósito es en extremo difícil actualmente pues el número de sirios que aspiran a ser refugiados -principalmente de países como Alemania, Francia, Gran Bretaña y Suecia por los múltiples beneficios que ofrecen sus gobiernos- asciende a millones.

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Antes de lograr este estatus en uno del los miembros de la Unión Europea se debe presentar una solicitud. Según el Tratado de Dublín de 1990, esta aplicación se tiene que acreditar en el primer país al cual el inmigrante llega. Siguiendo el recorrido natural de la ola inmigrante, luego de un primer escape hacia Turquía, Jordania o Líbano, las naciones que la reciben son Grecia y Bulgaria; dos de las naciones más pobres y económicamente inestables del continente. Mientras permanecen en las fronteras de estos países, la evaluación de las peticiones se desarrolla con celeridad. Luego de la aprobación se determina en qué país de Europa se establecerá el nuevo refugiado. Sin embargo, únicamente una pequeña minoría de los inmigrantes obtiene esta condición. El resto, los que no califican, caen en la condición de desplazados; situación que define a un inmigrante que habiendo tentado el estatus de refugiado, no lo obtuvo y por este motivo -tomando en cuenta también los motivos de su salida de Siria- debe quedarse dentro de las fronteras del país que lo ha acogido esperando la reevaluación de su candidatura.

El limbo de los que los desplazados

La connotación de esta palabra es verdaderamente sombría para un inmigrante sirio que no ha obtenido la anhelada condición de refugiado. En el momento en que su aplicación no es aprobada y en vista de la guerra en curso, el país anfitrión envía a los inmigrantes a lugares específicos de su territorio para que permanezcan allí hasta la resolución de su situación. En los mejores casos estas zonas son emplazamientos bien edificados y que cumplen con las condiciones básicas para una vida digna; en los peores, se trata de zonas amplias en medio de la intemperie donde la sobrevivencia en menester de todos los días.

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No se trata de una mala voluntad de las naciones anfitrionas sino del efecto natural de un movimiento demográfico de proporciones bíblicas. Líbano fue el primer país en abrir sus puertas a los peregrinantes sirios y acogió a un millón dentro sus fronteras. Esta república tenía una población total de cuatro millones de habitantes, ahora tiene cinco y uno de cada cinco de sus ciudadanos es un refugiado. Los efectos sociales y el colapso económico no se hicieron esperar y el gobierno tuvo que decretar un cierre de fronteras de facto para controlar la situación. Jordania fue otro de los países que se solidarizó con los sirios y recibió a seis cientos mil de sus inmigrantes lo cual componía una proporción del diez por ciento de su población. Como Líbano, Jordania también colapsó y se vio obligada a no aceptar más sirios porque su situación socioeconómica rayaba con la crisis. Cerradas las puertas de los países más hospitalarios, los sirios tuvieron que contemplar opciones más lejanas y comenzaron a mirar a Europa. Las rutas que deberían recorrer para llegar eran hostiles y los riesgos sembrados en ellas, incontables. No obstante, el éxodo continuó.

Los escenarios ocurridos en Líbano y Jordania despertaron temores razonables en los países europeos y, luego de tener una política de acogida bastante abierta, los límites comenzaron a cerrarse. Ello no impidió que el volumen de expatriados sirios continuase en aumento lo cual terminó por reducir cada vez más la proporción de beneficiados con el estatus de refugiado y agravó la situación de sus connacionales en condición de desplazados. Sin embargo, los inmigrantes persisten y permanecen en los campamentos o llanuras que países como Grecia y Macedonia han habilitado para su estancia pues aunque la naturaleza de la vida es cada vez peor en estos lugares, las prefieren y se rehúsan a volver a Siria porque cualquier cosa es mejor que vivir en una tierra que ha sido herida de muerte por la violencia y que se desangra a causa de una guerra que lo único que ha logrado es infundir el terror en cada uno de los ciudadanos sirios desterrándolos de sus hogares hacia un destino incierto en una patria que no conocen.

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Fuente: > Alan Cachay
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Colaborador 9324 La Primera Digital