Crónica de la matanza

Eran las 9 y 30 de la mañana cuando Adam Lanza, un joven de 20 años, llegó al colegio en el que había estudiado; llevaba tres armas de su madre para perpetrar la peor masacre escolar de la historia de EEUU, en apenas dos minutos de pesadilla.

| 16 diciembre 2012 12:12 AM | Mundo | 1.5k Lecturas
Crónica de la matanza
Adam Lanza mató a 20 niños en un viernes de pesadilla para un pequeño pueblo norteamericano que jamás olvidará ese día

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Mató a su madre por las armas

Lanza habría matado a la madre para agenciarse sus armas y luego cometer el peor acto homicida en la historia del tranquilo y bucólico poblado en el que vivía y una de las peores de todo Estados Unidos, que ha causado conmoción mundial.
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En esos escasos instantes, 20 niños y siete adultos perdieron la vida en dos aulas de la idílica escuela de Newtown -situada en una zona boscosa de la localidad- que se convirtieron en el escenario de una nueva trama de horror que se repite con cierta continuidad en las ciudades estadounidenses.

Antes de partir a la Sandy Hook Elementary School, el joven mató a su madre, Nancy (una maestra sustituta de la escuela), en la casa familiar de Newtown (Connecticut), una tranquila localidad de Nueva Inglaterra, de 27,000 habitantes. Según las informaciones, le pegó un tiro en el rostro.

Luego cogió tres armas de su madre (dos semiautomáticas y un rifle), se subió al coche y se dirigió al colegio, a unos tres kilómetros de la casa. Allí ingresó violentamente para perpetrar la masacre. “Hemos establecido un punto de entrada. Entró por la fuerza en el colegio”, aseguró el teniente Paul Vance.

MINUTOS INFERNALES
El tiroteo duró apenas unos minutos -cinco, según Carrie Usher, una profesora que se escondió con sus alumnos en un armario- en los que se oyeron un centenar de disparos.

Según confirmó el teniente Vance, Lanza perpetró la matanza en dos clases adjuntas, en las que estudiaban escolares de seis y siete años, con una macabra precisión.

Solo uno de los que recibieron disparos sobrevivió. Se trata de una empleada del centro aún sin identificar. Las demás, fallecieron: 24 en el acto (18 niños y seis adultos) y dos niños más en el hospital. El hecho sugiere que los disparos fueron hechos a quemarropa.

La directora del colegio, Dawn Hochsprung, estaba reunida con otros responsables escolares y el padre de uno de los alumnos, cuando se oyeron los disparos. Eran las 9:30 de la mañana. Alarmado por las explosiones, el padre llamó a la policía.

“Al principio oímos un montón de niños gritando y después silencio y todo lo que oímos fueron los disparos”, relató la terapeuta escolar Diane Day, presente en la reunión.

Al oír los tiros, la directora y la psicóloga del centro, Mary Sherlach, salieron al vestíbulo. Allí recibieron los disparos mortales. La sala de reuniones no tenía cerrojo y una de las profesoras presionó su cuerpo contra la puerta para mantenerla cerrada. Recibió un tiro en la pierna y otro en el brazo. “Fue nuestra heroína”, contó Day.

SOBREVIVIENTES
Los disparos de Lanza pudieron oírse en todo el colegio a través de los altavoces, lo que llevó a los profesores a esconder a sus niños en los baños y armarios del centro. Aún no está claro si los altavoces estaban activados entonces porque era la hora de los anuncios escolares -como han dicho algunos testigos- o porque Hochsprung corrió a activarlos para alertar al resto del colegio de lo que sucedía. Un conserje también corrió por los pasillos para alertar del tiroteo.

Cuando llegó la policía, instantes después, la matanza había terminado. A las 9:50, Lanza fue hallado muerto (todo indica que se suicidó) en el vestíbulo, junto a él había dos armas semiautomáticas (una Glock y una Sig Sauer). En el coche de su madre se encontró además un rifle.

Entonces los agentes recorrieron el colegio, de un piso, y fueron encontrando niños y profesores en estado de shock. La mayoría estaban escondidos.

La bibliotecaria del centro, Yvonne Cech, relató cómo ella, otros tres trabajadores de la biblioteca y 18 escolares de cuarto grado (de nueve a 10 años) permanecieron 45 minutos encerrados en un armario. “Los SWAT nos sacaron”, anotó.

Poco a poco, los niños fueron conducidos a un cuartel de bomberos cercano. Escoltados por sus profesores y la policía, que les pidieron que se tapasen los ojos al atravesar los pasillos del colegio, convertido en escenario de la peor tragedia escolar que se recuerde.

Pese a que no se conocen las causas de la matanza, reportes periodísticos dieron cuenta que el agresor tuvo un altercado con cuatro miembros de la administración de la escuela un día antes de cometer la matanza.

Tres de los que discutieron con él murieron en el tiroteo mientras que el cuarto no se encontraba en el colegio en el momento de los disparos y está siendo interrogado por la policía federal y los investigadores.

Los datos apuntan a que Adam Lanza trató de comprar un rifle el miércoles -dos días antes de que la emprendiera a tiros con los niños y los profesores de la Sandy Hook Elementary School- en una tienda de Danbury, Connecticut, pero no le dejaron porque las ventas de armas están suspendidas en el Estado.



HISTORIA DEL ASESINO
Era un joven solitario
En estos 20 años, muy pocos vecinos del barrio que se extiende alrededor de la calle Yogananda, en Newtown, habían reparado en el joven delgado y pálido que vivía en el número 36 y que desató la mayor tragedia escolar que se recuerde en Estados Unidos.

“Era un niño muy tímido, bastante retraído”, explicó Kathy Brophy, que vive a unas calles de distancia de los Lanza y cuyo hijo solía jugar de pequeño con el asesino. “Hace mucho que no hablaba con la familia”, aseguró. En el vecindario pocos recuerdan a Adam Lanza o a su hermano Ryan.

El carácter reservado de Lanza complica la elaboración de un perfil que pueda explicar las razones que llevaron al joven a disparar de manera indiscriminada contra los niños. No tiene perfil en ninguna red social y su foto ni siquiera aparece en la de su promoción, la de la clase del 2010 del Newtwon High School.

FANÁTICO DE VIDEOJUEGOS
Su paso por el instituto aparece difuminado. Apenas hizo amigos y sus compañeros lo recuerdan como un chico “callado y brillante”. Tanto él como su hermano Ryan, de 24 años, pertenecían al club de tecnología donde “pasaban muchas horas jugando a los videojuegos en la sala de televisión”, cuenta por teléfono Tim Arnone, que conocía a Lanza desde que ambos coincidieron en Sandy Hook.

Otro conocido, que prefirió no dar su nombre, asegura que era un fanático de la cultura japonesa y del juego de armas Dynasty Warriors. Lanza estaba familiarizado con las armas. Su madre era coleccionista y algunos medios aseguran que solía salir con sus hijos a hacer prácticas de tiro.

Marsha Moskowitz, la conductora del autobús que los hermanos Lanza tomaban para ir al instituto, recuerda al asesino como “un chico tranquilo, muy educado y que vestía de manera más formal que sus compañeros”. “Siempre decía buenos días”, asegura Moskowitz.

La conductora vive cerca del barrio de los Lanza y conocía a la madre del autor de la masacre. “Hablé con ella el fin de semana pasado en el supermercado”.

DRAMA FAMILIAR
“Es horrible. Adam podía parecer un poco hosco, pero es imposible imaginar que pudiera perpetrar algo semejante”, dice compungida.

Algunos medios aseguran que su propio hermano confesó a la policía que padecía problemas mentales, aunque no ha transcendido de qué tipo, y que hacía dos años que no hablaba con él.

“Ese chico no estaba bien, era muy raro, nada que ver con su madre”, comentó un vecino de la familia que no quiso dar su nombre.

“Adam siempre se esforzó por superarse en los estudios para contentar a su madre”, reconoce Brophy. Desde su aparente soledad en la casa del número 36 de Yogananda Street, Lanza asistió al duro proceso de separación de sus padres —que se prolongó durante tres años hasta culminar en divorcio en 2009— y lo hizo sin el apoyo de su hermano mayor, que en 2006 abandonó Newtown para estudiar en la Universidad Quinnipac. Su padre, Peter Lanza, se trasladó a Stamford y volvió a contraer matrimonio este año.



BAJO UNA ENORME TRISTEZA
Newtown rezó por sus muertos
El cielo despejado de Newtown no podía ocultar la tristeza que embargaba a la pequeña localidad situada en pleno corazón de Connecticut, a escasos 120 kilómetros de la ciudad de Nueva York. Abatidos por la tristeza, los pobladores se congregaron en masa en la iglesia católica de Santa Rosa de Lima para rezar por las víctimas.

“Es una comunidad que realmente se une cuando suceden cosas como esta”, dijo el párroco Robert Weiss durante la misa, en la que se leyó una carta del Papa Benedicto XVI.

“He pedido a nuestro Dios padre que consuele a aquellos que lloran la pérdida de un ser querido y que sostenga a toda la comunidad con la fuerza espiritual que se impone a la violencia a través del perdón, la esperanza y el amor reconciliador”, escribió el Papa.

“Nuestra fe ha sido puesta a prueba”, dijo el gobernador del estado, Dan Malloy, a la multitud. “No necesariamente nuestra fe en Dios, sino nuestra fe en la comunidad y en quiénes somos, en lo que representamos colectivamente”.

LISTA FATAL
Las víctimas del agresor
Las autoridades dieron a conocer la identidad de las víctimas de la peor masacre cometida hasta ahora en un colegio estadounidense. Estos son los 26 fallecidos en la escuela primaria de Newtown, Connecticut. Doce niñas, ocho niños y seis adultos. Entre ellos, Nancy Lanza, la madre del agresor Adam.

—Dawn Hocksprung, 47: la directora del colegio que estaba reunida con algunos profesores cuando comenzó el tiroteo y trató de proteger a los niños.

—Mary Sherlach, 56: psicóloga del centro que, según los testigos, perdió la vida al intentar poner a salvo a algunos estudiantes.

—Victoria Soto, 27: La heroína de la jornada. Esta joven maestra salvó la vida de algunos alumnos cuando los encerró en el armario y ella se enfrentó cara a cara con el asesino.

—Rachel Davino, 29

—Anne Marie Murphy, 52: Murió protegiendo a los niños.

—Lauren Russeau, 30.

— Ana Márquez-Greene, 6: hija del saxofonista de jazz Jimmy Greene, que se había mudado a Newtown en julio.

—Jesse Lewis, 6: Estaba ilusionado por hacer ese día galletas caseras, como tradición navideña.

—Charlotte Bacon, 6.

— Daniel Barden, 7.

—Olivia Engel, 6.

—Josephine Gay, 7.

—Dylan Hockley, 6.

—Madeline Hsu, 6.

—Catherine Hubbard, 6.

—Chase Kowalski, 7.

— James Mattioli, 6.

—Grace McDonnell, 7.

—Emilie Parker, 6.

—Jack Pinto, 6.

—Noah Pozner, 6.

—Caroline Previdi, 6.

— Jessica Rekos, 6.

—Avielle Richman, 6.

—Benjamin Wheeler, 6.

—Allison Wyatt, 6.


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