Condicionamiento infantil del desarrollo ciudadano

Las cifras provistas recientemente por el Barómetro de la Deuda Social de la Infancia (Universidad Católica Argentina) revelan aspectos adicionales de la complejidad de la deuda social para con un amplio segmento de la comunidad infantil de nuestra sociedad.

| 12 mayo 2012 12:05 AM | Mundo | 956 Lecturas
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Revelan también la imperiosa necesidad de que a nivel de los estamentos públicos se tome conciencia de que las condiciones de crianza infantil y de educación durante la adolescencia, impactan sobre la organización temprana de los procesos neurocognitivos y emocionales de las personas. Tales condiciones pueden enriquecer o empobrecer los mecanismos básicos mediante los cuales el ciudadano podrá acceder –o no- a oportunidades de desarrollo personal durante la vida adulta.

Desde el punto de vista antropológico y neurocientífico la evolución del hombre ha sido caracterizada sobre la base de su construcción social, de su participación en la construcción de la estrategia colectiva para controlar el medioambiente y potenciar la interacción productiva de sus miembros. Todas aquellas condiciones que de alguna manera interfieran con ese proceso de preparar a la persona para una socialización creativa y productiva, conspira contra lo que ha sido el vector fundamental del desarrollo humano. Por ello, ignorar o postergar, la puesta en práctica de todos los medios posibles para permitir el desarrollo óptimo a nivel cerebral y mental constituye además de un acto de inequidad social, un acto de inmoralidad contraevolutiva –capaz de generar riesgo de minusvalías comparativas.

El sustrato neurobiológico (el cerebro) y el comportamiento son dos dimensiones interactivas que se potencian en un sentido virtuoso –o no-, en el medio social en el cual se desarrollan. Las deficiencias apuntadas en el informe confirman que es “necesario pero no suficiente” combatir el hambre de los niños, hay que proveer además condiciones físicas y emocionales de contención y enriquecimiento del medioambiente en contacto con ellos. A la larga, tales deficiencias contribuyen a la deserción escolar, a la generación de comportamientos socialmente marginales, a la reducción de opciones laborales en la vida adulta. La deuda es doble: con el ciudadano afectado en su óptimo desarrollo y con la comunidad del futuro.

Como fuera advertido en otras oportunidades, la marea de los chicos que se desarrollan en condiciones impropias para el ser humano viene llegando desde que los índices de pobreza –con sus múltiples consecuencias- continúan afectando significativamente a la sociedad argentina y latinoamericana en general. Detener su generación y las consecuencias sociales de esa marea llevará esfuerzos adicionales, que no debieran ser postergados ni supeditados a terceras cuestiones. Por razones de solidaridad y de construcción social.


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