Accidente de Fukushima: lecciones no aprendidas

Al conmemorarse un año de la tragedia que le tocó vivir al pueblo japonés, es propicio reflexionar sobre las lecciones aprendidas en torno a este dramático episodio. La industria nuclear tuvo luego de este suceso un gran revés por lo que no tardó en presentarse diversos planteamientos de mejoras en la seguridad nuclear.

| 11 marzo 2012 12:03 AM | Mundo | 2.8k Lecturas
Accidente de Fukushima: lecciones no aprendidas
Reflexiones a un año de la tragedia nuclear en Japón.
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A los pocos meses de lo sucedido, el Organismo Internacional de Energía Atómica, OIEA, organizó una Conferencia Ministerial sobre Seguridad Nuclear, cuyos objetivos principales fueron formular una serie de propuestas concretas para establecer un marco post Fukushima, realista y mejorado, de la seguridad nuclear mundial, centrándose en cinco cuestiones principales: reforzar las normas de seguridad del OIEA y asegurar su aplicación universal; revisar de modo sistemático y periódico la seguridad de todas las centrales nucleares; reforzar la eficacia de los órganos reguladores nucleares nacionales y garantizar su independencia, ya que desempeñan una función primordial para garantizar la seguridad nuclear; fortalecer el sistema mundial de preparación y respuesta en caso de emergencia y, por último, ampliar la función del Organismo en la recepción y difusión de la información.

Si trasladamos las inquietudes del OIEA al Perú se observa que en el caso de las normas de seguridad, muchas de ellas no han sido implementadas, tal es el caso de la norma de seguridad física de las instalaciones radiológicas, la norma de seguridad en la práctica en medicina nuclear y radiodiagnóstico, tampoco existe norma para los desechos radiactivos, etc. Queda esperar a que el Instituto Peruano de Energía Nuclear, IPEN, cumpla con emitir dichas normas.

La revisión sistemática y periódica de la seguridad de las centrales nucleares es otro punto a reforzar en el Perú, que si bien no tiene instalada una central nuclear, sí cuenta con un centro nuclear que alberga un reactor de investigación y producción de radioisótopos, que amerita, por parte de sus autoridades, un seguimiento de los procedimientos de seguridad establecidos por el OIEA. Era absurdo e irresponsable que el IPEN no incluya en los simulacros de emergencia a la población aledaña al centro nuclear, tuvo que llamársele la atención para que proceda a hacer participar a los vecinos del pueblo de Huarangal.

El reforzamiento de la eficacia de los órganos reguladores nucleares nacionales y la garantía de su independencia, es otro punto que el Perú está muy lejos de cumplir ya que nuestro órgano regulador se encuentra dentro del organismo que explota nuestros reactores nucleares, configurando así una doble función de juez y parte. Con este tipo de organización es imposible reforzar la eficiencia del órgano regulador como se ha podido observar luego de una serie de incidentes sucedidos en el país en los últimos meses.

La experiencia obtenida del accidente de Fukushima es muy importante y valiosa para corregir errores y omisiones y son las autoridades del IPEN, conscientes de ello, las llamadas a asumir sus deficiencias y trabajar en las mejoras. Es preciso que las autoridades del IPEN, integrada en su mayoría por no especialistas, den la cara y hagan frente a los problemas que enfrenta dicha institución, el país lo reclama y lo necesita.



DESAFIANDO EL PELIGRO
Héroes recuerdan tragedia
El pasado 11 de marzo de 2011, Japón tuvo que hacer frente a una triple tragedia: el terremoto, el tsunami y el accidente nuclear. Ante la emergencia y sin muchas opciones, un grupo de trabajadores, apelado como los “Héroes de Fukushima”, fueron expuestos a la radiación de la planta para limpiarla.

A un año de la tragedia, los también llamados los “50 de Fukushima”, porque en los primeros días de la catástrofe fueron unos 180 rotando en turnos de 50, hasta que se fueron ampliando a los aproximadamente 800 brigadistas, siguen en el anonimato.

Aunque prefirieron no revelar sus identidades, algunos de ellos hicieron indignantes revelaciones a la revista Newsweek. Dieron detalles de las condiciones de extremo riesgo en las que trabajaron los primeros días posteriores al accidente nuclear.

Según el informe, no era cierto que todos los que acudieron a limpiar la planta eran voluntarios. Muchos de ellos aceptaron porque les propusieron el aumento de sus salarios, otros actuaron bajo presión, y miembros de la Yakuza, mafia japonesa, habrían sido captados para esas labores de alto riesgo.

Los “voluntarios” tampoco fueron debidamente vestidos con trajes de protección, ni tampoco fueron informados sobre el nivel de radiación al que estaban sometidos.

Junji Tomita (nombre falso), un trabajador que llegó a Fukushima, contó que nunca fue informado de que la ley establece que cada miembro del personal debe llevar un control de su exposición a la radiación en una libreta.

“Yo nunca había estado en una planta nuclear, y nadie me dijo nada de esa libreta hasta junio. Me sentí tratado como un trabajador desechable”, dijo a Newsweek.

El Gobierno japonés informó en diciembre de 2011, que la catástrofe nuclear en Fukushima Daichi estaba bajo control. No obstante expertos afirman que la crisis está lejos de haber sido totalmente superada y desmantelar la central llevará décadas.


Rolando Páucar Jáuregui
Físico Nuclear
Colaborador


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