Mi hambre es emocional

¿En repetidas ocasiones se acabó más de dos o tres bolsas de papas fritas o de galletas por aburrimiento, estrés o tristeza? A eso los especialistas lo denominan hambre emocional. Conózcalo.

Por Diario La Primera | 11 ago 2010 |    
Mi hambre es emocional

Es cierto que algunas personas a menudo se refugian en la comida cuando están estresadas, se sienten solas, tristes, ansiosas o aburridas. Sin embargo, el hambre emocional también puede asociarse a emociones positivas como el hecho de festejar el día de San Valentín.

Según los especialistas, los patrones de este desorden se pueden aprender. Por ejemplo: un niño a quien siempre se le da un dulce tras un logro importante puede crecer utilizando los dulces como recompensa por el trabajo bien hecho. Un niño que recibe galletas por dejar de llorar puede aprender a asociar las galletas al consuelo.

En opinión de los terapeutas, no es fácil “desaprender” estos patrones, pero sí se puede. El primer paso consiste en tomar conciencia de lo que está ocurriendo. Lo segundo a considerar es que: Si es de los que llegan a casa por las tardes y automáticamente se dirigen a la cocina porque nota los típicos ruiditos del hambre en el estómago y no es la hora de la cena, se escoja algo ligero y saludable para matar ese “gusanillo”.

Técnicas que te pueden ayudar:
1. Si estás aburrido o te sientes sólo, llama o escribe un mensaje de texto a un amigo o familiar.

2. Si estás estresado, prueba con una rutina de yoga. Ponte música agradable y optimista y desahógate haciendo footing, dando saltos o bailado por tu habitación hasta que se te pase esa necesidad de comer.

3. Si estás cansado, replantéate tu horario de acostarte por las noches. El cansancio se puede confundir fácilmente con el hambre, y la comida no te ayudará si es la falta de sueño nocturno la que te provoca la fatiga diaria.

4. Si comes para posponer las tareas escolares, abre los libros y ponte a hacer los deberes. Después te encontrarás mejor (¡sinceramente!).

5. Escribe sobre las emociones que desencadenan tu conducta alimentaria. Una de las mejores formas de hacerlo es escribiendo en un diario lo que comes, cuánto y cómo te sientes mientras comes (aburrido, contento, preocupado, triste, enojado), y sobre si estabas realmente hambriento o no.

6. Pide ayuda. Aunque entendamos qué es lo que nos pasa, muchos de nosotros seguimos necesitando ayuda para acabar con esa hambre emocional. No es fácil, sobre todo cuando esto ya ha ocasionado problemas de sobrepeso y autoestima. Si no puedes hacerlo todo tú solo, pide ayuda a tus padres, ellos quizá puedan llevarte con algún consejero, psicólogo o terapeuta. Tranquilo, eso no significa que seas loco.


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